Iglesia S.A, por Joseba García

Llegué al ateísmo sin querer, sin habérmelo propuesto y sin una reflexión previa. Caminé hacia la racionalidad empujado por los absurdos de una religión llena de ritos litúrgicos

Fotografía antigua de rogativa por la lluvia / Fuente

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Joseba García, InfoLibre, 21 de octubre de 2021

Llegué al ateísmo sin querer, sin habérmelo propuesto y sin una reflexión previa. Caminé hacia la racionalidad empujado por los absurdos de una religión llena de ritos litúrgicos, que no comprendían los ojos de un niño rural, criado en una España de supersticiones y actos de fe. Confieso que de adulto no ha mejorado mi comprensión con el conocimiento de los diversos ritos que contempla la propia iglesia para sus subsedes en diferentes lugares del mundo.

Tengo el recuerdo de una fila, en la que estaba prácticamente todo el pueblo, andando detrás de un sacerdote vestido de rojo y blanco al que arropaban o arropábamos (no voy a esconder que fui monaguillo antes que ateo) unos cuantos niños vestido con sayones de los mismos colores y que portábamos estandartes y palos con cirios encendidos en la cúspide. Inmediatamente detrás iba el santo en andas portado por agricultores contritos al que seguía el resto de la procesión. De esta guisa, nos encaminábamos desde la iglesia hasta una era cercana cuyo horizonte era la vega pegada al pueblo y, allí, el sacerdote sacaba el hisopo y esparcía gotas de agua sobre los campos sedientos.

Todo este ceremonial venía a cuento para que diostodopoderoso levantase su castigo sobre nuestro pueblo e hiciese mear a sus ángeles sobre nuestro campo seco. Lo de mear no lo invento, qué más quisiera yo que crear una imagen tan contundente, simplemente transcribo el habla de aquellos niños que corríamos por los cuestos y apedreábamos todo bicho viviente que no anduviese sobre dos extremidades (sin que esto librase a los pájaros de nuestros afanes).

Y allí, vestido de grana y alba, fue la primera vez que dudé del sentido de toda esa parafernalia, y estoy seguro de que fue una duda intuitiva: no entendía por qué iba a llover por el simple hecho de que sacásemos a pasear un trozo de madera vestido de colores; en mi incipiente pensamiento racional no cabía la lógica que unía ese paseo con la lluvia.

Podría describir las múltiples ceremonias religiosas que se repetían a lo largo del año bajo cualquier pretexto y todas ellas igual de arbitrarias e irracionales. Y al año siguiente volvía a ponerse en marcha la rueda de ratón enjaulado y nosotros seguíamos dándole vueltas a esa noria infinita, a veces las ceremonias eran semanales como las misas o diarias como los rosarios. Nunca llegué a entender porque un dios al que se le suponía bondad infinita necesitaba de la servidumbre explícita y permanente de sus fieles.

Y todo esto ha venido a mi memoria al conocer la noticia de que el arzobispo de Toledo ha convocado un acto “penitencial para la conversión, reparación de los pecados y purificación” en una misa en la catedral para desagraviar a dios de unos restregones de pelvis que han llevado a cabo unos cantantes en el interior del sacro recinto, aunque en su llamada a los fieles nada ha dicho sobre devolver el dinero cobrado, 15.000 euros según fuentes que citan al deán de dicha catedral.

Ya nada me sorprende de esta iglesia que mantiene ceremonias propias de pueblos supersticiosos, pero esta convocatoria del arzobispo me hace pensar en que probablemente ese señor cierre sus ojos y oídos a esa misma carnalidad, oculta, subterránea, que ha llevado a tantos eclesiásticos reprimidos a abusar de menores de ambos sexos. El problema no es lo que personalmente quiera hacer o pensar el señor arzobispo, sino que la institución eclesiástica se mantenga en su empeño permanente de ocultar los abusos cometidos por sus miembros a lo largo de su historia sin que hayan convocado un acto de contrición multitudinario ni hayan pedido perdón públicamente, algo que necesitan sus víctimas y la sociedad.

Eso sí, tienen mi admiración como empresarios ya que son la única multinacional que da beneficios a lo largo de 20 siglos de forma constante.

Joseba García es socio de Infolibre

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