Banduxu, con dibujos de tierra y flores contra el olvido, se prepara para su día de Difuntos

El pueblo de Proaza (Asturias) mantiene la antigua tradición de su cementerio comunal cuyas tumbas decora con tierra negra y flores

Cementerio de Banduxu (Proaza) decorado / Foto David Tuñón

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Banduxu es una parroquia del concejo asturiano de Proaza, que en 2010 fue declarado Bien de Interés Cultual, en la categoría de Conjunto Histórico, por el Principado de Asturias. En ella, informa Wikipedia, habitan 43 personas, repartidas en 66 viviendas. Ocupa una extensión de 10,78 km² y se encuentra a una distancia de 11 km de Proaza, la capital del concejo.

En Bandujo, a los muertos se les arropa con tierra y flores. Este pequeño pueblo medieval de Proaza mantiene intacta una tradición secular en la que no hay rastro de lápidas, donde todos los muertos van a la tierra y cada 1 de noviembre se les recuerda cubriendo las tumbas con trabajadas mantas florales. Los vecinos suben por la fiesta de Todos los Santos a su pequeño cementerio para volver a dar redondeada forma a los enterramientos en los que reposan los restos de sus seres queridos. Sobre la tierra negra que utilizan nace entonces el color a través de cuidadas composiciones florales. Una tradición recordada, pero que ya no se ve, en otros cementerios de la zona. «Cuando era una niña, esto mismo se hacía en otros lugares del municipio. Las mantas se hacían con flores pequeñas que crecían en los pueblos», recuerda Carmen Arias, concejala de Proaza.

Este pequeño lugar, considerado por su arquitectura un recorrido diacrónico por la historia de Asturias, ha sabido conservar vestigios milenarios y dejar a la vez espacio para las construcciones que han ido floreciendo con el paso del tiempo. Todo hasta formar un conjunto que recibió la categoría de Bien de Interés Cultural en el año 2010.

«Yo lo vi siempre, y mi madre, y todos los del pueblo, hasta los más viejos». Daniel Tuñón, vecino de Bandujo y enamorado de este pueblo de Proaza, que conserva su esencia medieval, no sabe cuándo se originó la antigua costumbre que ha pasado de madres a hijos, de decorar con tierra negra y dibujos geométricos sembrados de flores las 27 tumbas del cementerio, para el día de Todos los Santos.

La imagen es peculiar, más parecida a lo que uno espera ver, por ejemplo, en un cementerio mexicano, pero es de Bandujo de toda la vida, y lleva su ritual. «Las familias siembran en las huertas flores, casi siempre distintos tipos de crisantemos, que las llaman flores de los difuntos. Un par de semanas antes, cada familia coge tierra, lo más negra posible, y la pone a secar. A veces, para que sea muy negra, se va a zonas quemadas, a coger oxa, o incluso se guarda para este día la borra del café». Una vez que la tierra está seca, el día antes por la tarde las familias van al cementerio, a cribar el polvo negro sobre las sepulturas, para dejar una capa fina sobre la que poder dibujar. «Las mujeres aplanan bien la tierra, con unas maderas, y después hacen los dibujos, con un palín o con el dedo», señala Tuñón. Hay familias que hacen siempre los mismos dibujos, otros cambian según el difunto al que honren, o hacen variaciones. Siempre se hace un marco, y dentro, las figuras, rombos, flores, que después se van rellenando con las cabezas de las flores, de distintos colores, «como si fueran abalorios».

En total, son 27 las sepulturas que hay en el cementerio, y son 27 las que se decoran cada año, «pues si hay alguna a la que ya no le quede familia, los demás la cuidamos», señala Tuñón. La costumbre de honrar a los difuntos con esta alegre (y trabajosa) decoración podría venir, señala este vecino enamorado de su pueblo y sus tradiciones, de que «era un cementerio de tierra, sin lápidas, y antes tenía cruces de madera y de hierro. Era difícil ponerlo bien. Así que antes de Todos los Santos, se limpiaba bien todo, se ponía la tierra negra para que destacase, y se colocaban las flores de difuntos».

Una placa ubicada a los pies de una pequeña cruz se encarga de recordar el nombre del difunto durante su periodo en la tumba. Una vez que otro la ocupa, la placa también cambia. «Los vecinos quieren mantener sus tradiciones. Muchos han arreglado sus casas y mantienen muy bien el cementerio», explica Carmen Arias

Este año, como cada otoño, Banduxu se prepara para el Día de Difuntos y Todos los Santos, decorando su peculiar cementerio para rendir homenaje a los que ya no están. El pueblo medieval de Proaza mantiene intacta la tradición de su cementerio comunal, en el que las 27 sepulturas son de todos los vecinos, no hay propiedad: cuando uno muere, se le entierra en la sepultura más antigua. «Hay 27 sepulturas, y son de todos. Cuando alguien muere, se le entierra en donde esté el difunto más antiguo, y así va rotando». También todos los vecinos cuidan las sepulturas, que no tienen losas de mármol, y que para el día de Todos los Santos se decoran con tierra negra o posos de café, y con flores. Las flores se cultivan en las huertas para este día, y se colocan haciendo motivos geométricos sobre las sepulturas, previamente allanadas con cuidado. Una tradición que los vecinos mantienen con orgullo, igual que cuidan el pueblo medieval, declarado por su singularidad Bien de Interés Cultural.

Fuentes: El Comercio / La Voz de Trubia (L.S.N.) / La Voz de Trubia

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