Brasil a punto de dejar de ser un país católico. La iglesia católica está perdiendo América Latina.

enero 21, 2022

Las tendencias estadísticas pronostican que a mediados de año el catolicismo no será la religión mayoritaria en el país latinoamericano. ¿Por qué la iglesia católica está perdiendo América Latina?

brasil

Brasil, concentración religiosa

Vida Nueva, 21 de enero de 2022

Brasil dejará de ser mayoritariamente católico a mediados de este año, según las encuestas. Aunque América Latina y el Caribe sigue albergando al 41% de los católicos del mundo, en Brasil el catolicismo ha dejado de ser la religión mayoritaria. Así lo defienden los periodistas del Wall Street Journal(1) Francis X. Rocca, Luciana Magalhaes y Samantha Pearson

La caída de un hito

Según la institución Datafolha en enero de 2020 los católicos en Brasil eran el 51% y los protestantes un 31%, desde entonces el declive ha sido imparable. El periódico estadounidense recoge la valoración del demógrafo José Eustáquio Diniz Alves que señala que “el Vaticano está perdiendo el mayor país católico del mundo: es una pérdida enorme, irreversible”. Y es que los católicos serán menos de la mitad de los cristianos brasileños el próximo mes de julio según marcan las tendencias estadísticas, según recoge The Tablet.

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El rompimiento del mundo de los humanos

octubre 17, 2021

Qué le sucede a la humanidad cuando las personas empiezan a leer la realidad como leen la Biblia

El presidente brasileño Jair Bolsonaro se fotografía con seguidores en Miracatau, el 13 de octubre / ALAN SANTOS/PR

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Eliane Brum, El País, 17 de octubre de 2021

En el principio era el Verbo. La frase que abre el primer capítulo del Evangelio según Juan y que se refiere a la creación del mundo, al igual que el Génesis, es la más famosa de la Biblia. Sin embargo, la idea de que el mundo lo crea la palabra es tan estructurante que está presente en otras religiones, mucho más allá de las fundadas en el cristianismo. Como humanos, el lenguaje es el mundo que habitamos. Solo hay que intentar imaginar un mundo en el que no podamos utilizar palabras para hablar de nosotros mismos y de los demás para entender lo que eso significa. O un mundo en el que el otro no entiende lo que dices y tú no entiendes lo que dice el otro para comprender lo que es ser reducido a sonidos porque las palabras han perdido su significado y, por lo tanto, se convierten en fantasmagorías. Cuando utilizo la palabra “decir”, no significa solo hablar, porque con palabras decimos mucho, no solo hablamos. La palabra, más que el mundo que habitamos, es lo que nos teje. Lo que llamamos mundo es una trama de palabras.

¿Qué ocurre, entonces, cuando se destruye la palabra y, con ella, el lenguaje?

Esta es la experiencia del bolsonarismo, el nombre que se da en Brasil a un fenómeno que se está extendiendo por todo el planeta y que en otros países adquiere el nombre de otros déspotas. Los personajes que dan nombre al fenómeno son importantes y, en cada país, hay particularidades. Pero el fenómeno precede a quienes lo encarnan y, por desgracia, les sobrevivirá. Es en este contexto en el que trato de interpretar el Premio Nobel de la Paz concedido a dos periodistas que luchan por la búsqueda de la verdad enfrentándose a dictadores elegidos que utilizan la destrucción de la palabra como principal medio para llegar al poder y perpetuarse en él.

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