Así avanza el fanatismo en la UE: un estudio desvela las mentiras y el juego sucio del lobby antifeminista, extrema derecha católica

Una investigación académica reconstruye una exitosa campaña de manipulación de grupos de derecha radical católica contra un informe a favor de la educación sexual y el aborto seguro en el Europarlamento

Sede del parlamento europeo / Europa Press
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Ángel Munárriz, InfoLibre, 10 de noviembre de 2022

«Los eurodiputados estaban haciendo su trabajo con normalidad y, de repente, en el transcurso de un día, recibieron 20.000 correos electrónicos de gente enfadada. Eso no había ocurrido nunca antes. Y reaccionaron a esa movilización online«. La frase es de uno de los entrevistados por Felipe G. Santos, investigador postdoctoral de la Universidad de la Ciudad de Londres, y Dorit Geva, catedrática del departamento de Sociología y Antropología de la Universidad Centroeuropea, para un trabajo académico que se adentra en un terreno que puede producir al mismo tiempo inquietud y fascinación: la eficacia de la mentira en la política, su triunfo sobre la verdad, su capacidad para determinar qué se aprueba y qué no.

La mentira desentrañada por los dos autores está hecha de fetos de plástico, decenas de miles de correos electrónicos y afirmaciones como que la educación infantil implica abuso sexual, todo ello al servicio de una campaña para frenar un avance de la Unión Europea hacia una mayor garantía de derechos sexuales y reproductivos. Antes de seguir, adelantemos el resultado: la campaña funcionó. El triunfo de aquella mentira fue al mismo tiempo una derrota del feminismo en el corazón de la UE.

El Informe Estrela

Santos y Geva son autores del artículo Estrategia populista en el Parlamento Europeo: Cómo el movimiento antigénero saboteó la deliberación sobre salud sexual y derechos reproductivos, publicado e European Journal of Cultural and Political Sociology. La investigación que profundiza en la campaña de la extrema derecha católica para que el Parlamento europeo tumbase el Informe Estrela, llamado así por su ponente, la portuguesa Edite Estrela, que fue europarlamentaria socialdemócrata entre 2004 y 2014. Se trataba de un informe no vinculante a favor de la educación sexual en la enseñanza obligatoria, la garantía de acceso a los métodos anticonceptivos y el aborto seguro, que no supusiera en los países de la UE persecución hacia las mujeres.

El debate no parecía destinado a causar un gran revuelo político. En septiembre de 2013 el informe fue aprobado en la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género con 17 votos a favor, siete en contra y siete abstenciones. Eran otros tiempos, cuando los «conservadores moderados» optaban a menudo por «no oponerse» a medidas progresistas, aunque sin significarse con un voto a favor. Eso, claro, fue antes de la «batalla cultural» contra los valores del progresismo. Y antes de que los grupos ultracatólicos decidieran poner a prueba su capacidad de influencia.

La campaña contra el Informe Estrela constituye un hito de esta batalla. Lo singular del caso es cómo los grupos radicales –que llevaban ya más de una década reforzando su unidad de acción a escala europea– lograron generar «un clima de tensión y presión sobre los eurodiputados de centro, obligándolos a elegir un bando». Se produjo así una polarización hasta entonces infrecuente en la Eurocámara, un espacio político que se distinguía por el amplio margen para la deliberación y el acuerdo.

Lo ocurrido, señalan los autores, representó «un momento de transformación en el panorama político del Parlamento europeo en cuestiones relacionadas con la igualdad de género y sexual». Al mismo tiempo, preludió una polarización que avanzaría con la mejora de resultados de la extrema derecha en las elecciones europeas de 2014.

Una campaña de «falsedades» y «estigmatización» que funcionó

La investigación se basa en entrevistas a los negociadores del informe y en un análisis de la actuación de hasta 39 grupos ultraconservadores, entre ellos los españoles Foro de la Familia, Hazte Oír –y su rama internacional, Citizen Go– y Profesionales por la Ética y referentes del movimiento a escala europea como One of Us –liderado por Jaime Mayor Oreja–, European Centre for Law and Justice, European Christian Political Movement, European Dignity Watch, World Youth Alliance y Ordo Iuris.

El eje de la campaña fue una «estigmatización» de las posturas a favor de los llamados «derechos sexuales y reproductivos» mediante «falsedades», «exageraciones» y «tergiversaciones», en ocasiones completamente delirantes. A esto se sumó el «desprestigio» personal de los partidarios del informe. Funcionó. «Aunque muchos diputados no se identificaron como radicales antigénero o populistas, se vieron sin embargo arrastrados a una dinámica polarizada», señalan los autores.

Antes de la votación hubo parlamentarios que recibieron 100.000 correos en un día y mensajes alertando contra el «abuso infantil obligatorio», en un martilleo que acabó calando entre los conservadores moderados

Decenas de miles de correos y fetos de plástico

El informe pone de relieve la contundencia de las herramientas de comunicación utilizadas para producir «desorientación» y «confusión sobre lo que es realidad y ficción». Fue el caso del «bombardeo de correos electrónicos». En dos días los eurodiputados recibieron cada uno decenas de miles de correos electrónicos, hasta 100.000 en algún caso, en los que se les instaba a oponerse al informe. «Los parlamentarios no podían ni trabajar. Tenían los correos saturados. Ni siquiera los servicios informáticos del Parlamento europeo estaban preparados para una acción así», explica Santos a infoLibre.

Un estudio encargado por Los Verdes/ALE concluyó que el propósito era «inundar las bandejas de entrada» de los eurodiputados para que estos tuvieran la impresión de la existencia de «una oposición a gran escala al informe». El bombardeo «logró su objetivo», haciendo que los representantes ajenos a la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género se interesaran por primera vez por el informe desde un prejuicio negativo.

Aunque todo apunta a un uso de bots, los entrevistados coinciden en que el aluvión creó «una enorme sensación de presión». Durante la campaña de spam, los eurodiputados recibieron además muñecos de plástico con la forma de un bebé diminuto que se chupaba el dedo pulgar, representando lo que los promotores de la campaña afirmaban que era «un feto humano de 10 semanas». A estas técnicas se sumaron otras como la «neutrolización» –un tipo de activismo en Internet que trata de hacer cundir la impresión de que hay una mayoría a favor o en contra de una medida– o las «bombas de rumores» –la masiva puesta en circulación de afirmaciones inveraces–. Todo ello mientras One of Us recogía firmas –más de medio millón– a favor de una iniciativa contra el aborto.

«Abuso infantil obligatorio» y otros «planes lunáticos»

Los promotores de la campaña aprovecharon el escaso conocimiento existente sobre el tema. «La principal línea de distorsión se centró en equiparar los derechos sexuales y reproductivos con patologías sociales y ‘desviaciones’ sexuales«, señalan los autores. Y añaden: «Algunas de las afirmaciones más radicales fueron que el informe promovía el ‘abuso infantil obligatorio’, o que el texto impondría un currículo escolar que enseñaría a los niños a masturbarse». Otras voces afirmaron el objetivo era usar a los menores como instrumentos de propaganda para los «lobbies pro-aborto y feministas radicales» y que el texto haría del aborto una «prioridad política». Nada de eso era cierto, pero es posible, más bien es probable, que no todos los eurodiputados se tomaran la molestia de leerse –o de informarse cabalmente sobre– las 34 páginas del informe.

La Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género era caricaturizada como un organismo residual en el que no había ningún «político de peso», sino sólo «pesos ligeros» que utilizaban aquel espacio para poner en marcha «planes lunáticos». Otro enfoque era sembrar la sospecha de que los fines de la iniciativa era espurios, atribuyendo la autoría del informe no a Edite Estrela, sino a la Federación Internacional de Planificación Familiar, presentándola como una empresa cuando es una ONG. Los promotores de la campaña vinculaban el informe con la OMS, un organismo elitista ajeno a la realidad de las «familias reales», según esta campaña.

Los ataques tuvieron como objetivo personas concretas, como la propia Edite Estrela, a la que llamaban «mentirosa». Fue acusada de «reunir apoyo para su agenda abortista-pansexualista intimidando e insultando a todos los que tienen otros puntos de vista». El lenguaje más incendiario fue el que se utilizó para referirse a Michael Cashman, eurodiputado socialdemócrata británico, «un hombre moralmente desacreditado, que utiliza la jerga nazi».

Políticas sin hijos, divorciadas o lesbianas

Más argumentario ultra: «Las cuestiones cruciales del derecho de familia son tratadas predominantemente por activistas ultrarradicales de los derechos de los homosexuales o por mujeres políticas a tiempo completo sin hijos, muchas de ellas divorciadas o lesbianas, que nunca han tenido la experiencia de vivir en una familia funcional o de criar hijos». Todo ello estuvo circulando con fuerza durante el periodo en que se decidió el destino de aquel informe. «Por el contrario, las personas con familias reales […] simplemente no tienen tiempo para implicarse y hacer oír su voz», añadían. Es la clásica teoría de la «mayoría silenciosa» o «silenciada», utilizada en Estados Unidos desde los años 70 por organizaciones como The Christian Voice, The Religious Roundtable y The Moral Majority. Los promotores de la campaña afirmaban representar al 90% de la sociedad. No era cierto, pero ya conocen la frase atribuida –aunque no hay certeza de que la pronunciara– a Joseph Goebbles, jefe de propaganda de Adolf Hitler: «Una mentira repetida mil veces se convierte en verdad».

Los autores concluyen que la campaña logró presionar a los «conservadores moderados que no se oponían al informe, así como a los eurodiputados que no conocían su existencia» porque trabajaban en otros temas. Un eurodiputado del Partido Popular Europeo explica el efecto de la campaña sobre los eurodiputados de las circunscripciones conservadoras: «Se publica cómo has votado, y tu circunscripción lo ve. Así que, si vienes de una circunscripción ultraconservadora y obtienes muchos votos religiosos, puedes quedar muy atrapado en el tema, ¿sabes? Entonces no puedes volver a casa y votar ‘en contra’ de las recomendaciones de la Iglesia«.

El 10 de diciembre de 2013 el Informe Estrela moría en la Eurocámara, sustituido por una resolución alternativa del Partido Popular Europeo y el grupo euroescéptico de Conservadores y Reformistas, que obtuvo 334 votos a favor, 327 en contra y 35 abstenciones, vaciando por completo de contenido la idea original. Y ello a pesar de las concesiones realizadas por la comisión, que había eliminado la referencia a una educación sexual “sin tabúes” y la garantía del acceso “a tratamientos de fertilidad y reproducción asistida para mujeres solteras y lesbianas”. No fue suficiente. El informe había sucumbido ya.

La campaña contra el Informe Estrela supuso «un hito para la coalición antifeminista y anti-Lgtbiq», señalan los autores. Se produjo una «movilización ultraconservadora sin precedentes», basado en una «política antagonista» la el que «el pueblo» era presentado como un «demos homogéneo» ignorado por una élite interesada en temas ajenos a la voluntad de la mayoría. Santos, en conversación con infoLibre, destaca la fuerte «influencia» en la campaña de los grupos integristas religiosos en Estados Unidos, donde llevan ya décadas condicionando la política a base de campañas similares. Como ha publicado este periódico, estos grupos reciben en Europa abundante financiación proveniente de EEUU.

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