La vida dentro de los Heraldos del Evangelio: “Se utilizaban mentiras para atraer a nuevos jóvenes”

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Plinio Corrêa de Oliveira (1908-1995)

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Culto al fundador

Ya en la formación tradicionalista se dirigían a Correa de Oliveira “como un mediador entre la virgen y los miembros de TFP”, indica Scirica. La madre del político brasileño, Lucilia Corrêa de Oliveira, también es considerada por los miembros de la organización como una “madre espiritual”. A estas dos figuras hay que añadir la del fundador de los Heraldos, João Scognamiglio Clá, que, en la misma línea, es seguido con gran devoción. Víctor conserva imágenes de los tres en un álbum de fotos de la época.

Tanto Víctor como Ulriksen coincidieron con Clá en sus visitas a Brasil en los centros de los Heraldos. Aunque estuvieron en distintas etapas, los dos detallan que en la organización existe un culto a su imagen. “Desde un inicio te meten en la cabeza que todo gira en torno a Clá. Por ejemplo, si tú te convertiste en alguien mejor es gracias a él”, apunta Ulriksen. 

Según relata el ex miembro chileno, el poder del fundador de la organización llegaba a tal punto que cuando estaban buscando a nuevos seguidores en países de Latinoamérica les enviaban “fotos de los jóvenes”. “Las miraba y decía: éste tiene vocación, ese no y ese va a ser un problema”, destaca. Para Ulriksen el poder que acumula el líder de la organización “es una aberración” porque “toma el lugar de Dios”. “Interfiere tanto en la vocación para ser Heraldo como para ser sacerdote”, destaca. 

En relación a estas acusaciones, a pesar de que el abogado de la asociación reconoce que el fundador “goza de gran prestigio”, desmiente que se le venere como a un santo porque esta actuación “sería una irregularidad”. “Una persona hasta que no sea canonizada no puede ser venerada públicamente”, apunta el letrado y recuerda que Clá todavía no ha pasado por ese proceso.

Uno de los expertos que ha asistido a antiguos miembros de esta organización, Miguel Perlado, alerta de que uno de los “focos problemáticos de esta organización” es el “abuso espiritual”. En conversación con esta redacción, este psicoterapeuta explica que, a la vez que la congregación busca “insertarse dentro de la estructura eclesial”, “defiende su idiosincrasia y diferencias, posicionándose muchas veces en contra o creando su propia Iglesia dentro de la Iglesia”. Con todo, Perlado advierte de que este tipo de actuaciones “chocan con preceptos teológicos”, a la vez que “puede generar dinámicas de mayor aislamiento y mayor secretismo”. 

Medias verdades para viajar a Brasil

En esas relaciones de verdades a medias se vio envuelto Víctor con tan solo 16 años. En su primer viaje a Brasil le contaron a sus padres que “iba a hacer un curso de Biología”. “Me llegaron a decir medio riéndose: Llévate el libro de matemáticas. Lo cogí y no lo toqué”, recuerda este joven asturiano. “Fue casi subvencionado por ellos. Nos costó 500 euros tanto los billetes como la estancia dos meses. Te lo ponían a huevo para que no pudieses decir: No, económicamente no puedo”, explica su padre sobre el viaje.

Junto al libro de texto, en la maleta de este joven también se guardaba el hábito que se iba a poner sin conocimiento de sus progenitores. “La primera vez que me puse el traje fue justo el día antes de salir. Las botas me las dejó un chico peruano. La cadena, al principio era muy vieja, y la cambié cuando llegué. El rosario se puede comprar allí y lo que me dieron fue la túnica”, rememora Víctor. Según explican las fuentes consultadas, el color de la túnica que visten los menores de edad es color crema. Una vez han cumplido los 18 años se pasa a vestir una prenda blanca con el escapulario marrón oscuro.

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“Ellos me decían lo que yo quería escuchar. Víctor era muy hiperactivo y estaba estudiando bien. Llegaba a casa contento. Aunque a mí no me gustase [la congregación], tenía que respetarlo”, explica el padre del joven asturiano, sobre el comportamiento que tuvo su hijo durante los años en los que formó parte de los Heraldos siendo menor de edad. Además, cuenta que su hijo les había advertido “varias veces” que si no le dejaban ir a las actividades de la organización, “cuando tuviese la mayoría de edad se iría”. Ante esta amenaza optó por dejar libertad a su hijo. “Tiene derecho a equivocarse. Si le iba mal, tenía derecho a estrellarse y ahí íbamos a estar nosotros para ayudarle”, relata. 

Con esa idea en la cabeza, Víctor volvió a Brasil el verano de 2009. En aquella ocasión la estancia iba a ser más larga. Se marchó “con la promesa de los Heraldos” de que iba a acabar Segundo de Bachillerato en el colegio que tienen en Sao Paulo. Para agilizar las gestiones educativas, su padre firmó un poder notarial –al que ha accedido elDiario.es– y designó como tutor legal a uno de los adultos que acompañaban a su hijo. “Gastamos el dinero que apenas teníamos”, recuerda más de una década después el progenitor de Víctor. 

Víctor nos había advertido varias veces de que si no le dejábamos ir a las actividades de los Heraldos, cuando tuviese la mayoría de edad se iría

Estuvo dos meses. Una noche por teléfono el joven pidió ayuda en casa para volver. Varias circunstancias contribuyeron a esa situación: la convalidación del curso que pretendía estudiar en Brasil no se produjo y se escandalizó por unos comentarios sobre mujeres. Su progenitor, que estaba al otro lado del auricular y a 8.500 kilómetros de distancia, recuerda con la voz entrecortada aquella madrugada y los días posteriores: “Era un martes o miércoles. Llamé a Madrid, llamé al tutor a Brasil y nadie me cogió el teléfono. Sucedió lo mismo el jueves, el viernes y el sábado. El domingo cogí el coche y me fui a Madrid. En la sede que tienen allí le dije al que me abrió la puerta lo que había”.

Una semana después Víctor estaba en el aeropuerto de Barajas. “Cuál fue mi sorpresa al ir a recogerlo y ver a dos tipos vestidos de Heraldos comiéndole la cabeza para llevarlo a un colegio a Toledo”, rememora. “Les llamé de todo”. Allí, en la Terminal 4, terminó tanto su vinculación como la de su hijo con esta organización. Desde entonces, y a pesar de que los dos por separado han participado en este reportaje, entre ellos no han vuelto a hablar nunca de esta experiencia. “En cuanto tuve a Víctor en casa quise hacer borrón y cuenta nueva”.

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