La ilegalización del aborto en Estados Unidos y su efecto en la estabilidad mundial: Iglesia, estado y el futuro de la democracia americana

Escribe Cristina González, catedrática emérita de la Universidad de California, Davis

Protestas proaborto frente al Supremo, en WashingtonJONATHAN ERNST | reuters

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Cristina González, La Voz de Asturias, 11 de mayo de 2022

Desde que se conoció la filtración del borrador de la propuesta del juez del tribunal supremo de Estados Unidos Samuel Alito para invalidar la sentencia de 1973 conocida como Roe v. Wade, la cual estableció que el aborto era un derecho constitucional relacionado con el derecho a la intimidad y a la no interferencia del estado en la vida personal de los ciudadanos, han corrido ríos de tinta.  

Lo que el juez conservador Alito propone, al parecer secundado por cuatro jueces conservadores, y con los otro cuatro jueces, uno conservador (el presidente del tribunal) y tres liberales, en contra, es dejar el aborto en manos de los estados, como lo estaba antes de 1973, cuando unos permitían el aborto y otros no, con los consiguientes trastornos para las mujeres que vivían en estados no permisivos, sobre todo para aquellas que carecían de tiempo o dinero para desplazarse a otros estados.

El proceso involutivo propuesto por el juez Alito y sus aliados es uno de los muchos ataques que está sufriendo la democracia americana por parte de los republicanos, que han abandonado toda pretensión de ser un partido político normal y se han convertido abiertamente en un movimiento autoritario racial y religioso, que aspira a imponer al resto de la ciudadanía las opiniones de una minoría supremacista blanca y cristiana ultraconservadora. Esta minoría parece pensar que el país le pertenece y debería doblegarse a sus deseos. Esto está sucediendo cuando el país es cada vez menos blanco y menos religioso. Esa minoría se siente insegura y quiere imponer su voluntad por la fuerza. Por todos estos problemas, Estados Unidos ya no puede considerarse una democracia plena. Esto está afectando la credibilidad del país y su percepción como un interlocutor fiable en el panorama internacional.         

La gravedad del caso ha llevado a la revista The Economist a publicar nada menos que cuatro artículos sobre el tema del aborto en Estados Unidos en su número semanal del 7 al 13 de Mayo, instando al tribunal supremo a actuar con prudencia. Esta respetada revista inglesa de economía y noticias internacionales es leída asiduamente por las clases dirigentes de los diversos países del mundo. Si el asalto al derecho al aborto es noticia es por el gran poder desestabilizador que tiene la politización del tribunal supremo y la eliminación de derechos democráticos en Estados Unidos, país de cuyo liderazgo sigue dependiendo la estabilidad de Occidente. En ese contexto se comprende que esta revista se haya esforzado tanto por entender lo que está pasando en Estados Unidos respecto al derecho al aborto y que haya aconsejado moderación al tribunal supremo de manera tan encarecida. Su miedo es que éste pierda legitimidad y que los ciudadanos se nieguen a seguir sus dictámenes, lo que produciría una situación caótica en el país y complicaría la situación mundial.

Las encuestan indican que los partidarios de mantener la legalidad del aborto son más o menos el doble que los partidarios de ilegalizarlo. Así pues, la posición del juez Alito y los jueces que le secundan es contraria al sentir de la mayor parte de los ciudadanos. The Economist señala que, aunque en las encuestas las mujeres defienden el derecho al aborto más que los hombres, la diferencia en realidad es pequeña. Lo que más influye en la posición sobre el derecho al aborto no es el género, sino la religión. Los que más se oponen al derecho al aborto son los protestantes evangélicos, seguidos por los católicos. Entre los protestantes no evangélicos hay mucha menos oposición al derecho al aborto, ya que algunas iglesias son bastante tolerantes al respecto. En cuanto a los judíos y a los ateos, la inmensa mayoría apoya el derecho al aborto. Otro factor relevante es la educación. Las personas con estudios superiores están más a favor del derecho al aborto que el resto de la población.  La raza también influye en las creencias. En general, los miembros de las minorías étnicas son más favorables al derecho al aborto que los blancos.

Como se ve, la posición de los ciudadanos sobre el derecho al aborto no es una cuestión filosófica abstracta, sino una reacción visceral que está muy ligada a sus creencias religiosas, a su grado de preparación y a sus experiencias vitales. Mientras la mayoría de los protestantes evangélicos y buena parte de los católicos quieren imponer sus ideas al resto de la población, los protestantes no evangélicos, los judíos y los ateos desean preservar su autonomía y no verse forzados a seguir las reglas de unas religiones que no son las suyas. La violación de la separación entre iglesia y estado les parece totalmente inaceptable. La idea de que se pueda investigar, acusar, condenar y encarcelar a mujeres ateas, judías, protestantes no evangélicas o de otras religiones por no seguir los dictados de las iglesias evangélicas y de la iglesia católica se contempla como un auténtico disparate. La separación entre iglesia y estado es uno de los pilares de la democracia. Si este pilar se destruye, el edificio se viene abajo. 

Es evidente que los republicanos se sienten vulnerables en estos momentos. Saben que eliminar el derecho al aborto es una decisión muy impopular que les puede hacer perder votos. Tanto es así que, mientras critican el hecho de que se haya filtrado el borrador de la propuesta del juez Alito, se niegan tajantemente a hablar del contenido de éste. Tras pasar cincuenta años motivando a sus seguidores con la promesa de ilegalizar el aborto, ahora que están a punto de conseguirlo, no saben qué hacer y están inquietos. Como dice la expresión inglesa, son como el perro que atrapó al coche. Tras correr detrás de su ansiada presa tantas veces, cuando el agitado can por fin la alcanza no sabe qué hacer con ella. 

Reflexionando sobre el efecto que el asunto del aborto puede tener en los votantes durante las elecciones de medio mandato, que tendrán lugar en el otoño, The Economist advierte que los demócratas, aunque deben cultivar a las mujeres, no deben olvidarse de los grupos entre los que la defensa del derecho al aborto es mayor que entre éstas, a saber, los protestantes no evangélicos, los judíos, los ateos y los demás segmentos de la población para los que la separación entre iglesia y estado es muy importante. Estos grupos hasta ahora habían dado por sentado el derecho al aborto, pero si éste se eliminase, podrían salir a votar en números más altos que hasta ahora. No hay nada que enfurezca tanto a la gente como la pérdida de un derecho establecido.  Los próximos meses van a ser turbulentos. El futuro de la democracia americana está en el aire, lo que quiere decir que está en el aire la estabilidad  mundial. 

Cristina González es catedrática emérita de la Universidad de California, Davis.


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