
Emilio Jurado, Nueva Tribuna, 1 de junio de 2020
…Tras muchos de los actores autoritarios o neoabsolutistas de nuestros días, se encuentra el flujo del pensamiento religioso… …En España conocemos muy bien este proceso de injerencia eclesial en los asuntos públicos…
Capillitas es el nombre que se da, sobre todo en Andalucía, a esa gente rancia que pasa el día entre la mohosa sacristía y los cientos de altarcitos que pueblan los rincones más insospechados de plazas públicas y patios particulares, como digo mayoritariamente en el Sur.
Pero el capillita no es un ser estrictamente meridional, su presencia se extiende por toda la geografía y, como decía Forges, es fauna ibérica sin peligro de extinción. Como en el caso de los virus de impactante actualidad, el capillismo no es muy contagioso, pero su letalidad, su capacidad de provocar daño es muy alta.
El capillita vive una vida ritualizada en la que los grandes momentos litúrgicos van acompañados de cientos de gestos menores todos ellos dominados por el mismo hilo conductor: no pensar, tan solo creer. Por eso el capillita es tan reacio a la lectura (excepto textos sacralizados o prensa ecuménica), la ciencia o el debate con el gentil, con quien no comparte los ritos de acción, omisión y pensamiento. El capillita está dominado por la emoción religiosa que le habilita tanto para el consumo ideologizado privado como para el odio indiscriminado contra terceros. Como el resto de los entes biológicos, cuando el capillita llega a la edad madura ya no tiene más misión en la vida que la de reproducirse y, a diferencia de otros seres, su esfuerzo reproductivo supera el mandato de la naturaleza de esparcir su genes y se centra en difundir sus creencias. La actitud religiosa se transforma en activismo político y se embarca en un intento de influir en el desarrollo social desde esa tesitura en la que la creencia está por encima de la evidencia. El capillita se convierte en fanático, a estas alturas de la involución, la oración y el incienso resulta soso y aspira a más. No es ambición, es designio divino.
En la conciencia inexacta del capillita, la creencia puede chocar con evidencias irrefutables. Para este choque el fanático está preparado ¿Vas a creer a dios o a tus ojos? Porque si vas a creer a tu ojo, potencialmente pecador, mejor arráncatelo. Así es que dicho y hecho, si lo que rodea al capillita es una realidad hostil, pues se relé. Dispone de una realidad alternativa que diría Bannon, el profeta lego del evangelismo mesiánico americano. No es tan complicado como se desprende de la reconfiguración de los hechos que tanto en Cataluña como en Madrid ha realizado un guardia civil muy sintonizado con uno de los grupos religiosos más combativos de los últimos años, el Opus, que en tiempos de Fernández Díaz consiguió que se conociera al suyo como monasterio del interior, con sus ángeles custodios reguladores del tráfico y todo.
Posted by asturiaslaica 



















