El 18 de marzo del año 2021 se aprobó en España la ley que regula la eutanasia. Ese día los poderes públicos soltaron todas las amarras que les ataban aún a la teología y la superstición religiosas y nos devolvieron el derecho a decidir sobre nuestra muerte, es decir, sobre nuestras vidas
Concentración de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) en la Puerta del Sol, a 25 de junio de 2021, en Madrid, (España) para celebrara la entrada en vigor de la ley de la eutanasia | Cézaro De Luca / Europa Press __________________
El día que murió mi abuelo Benigno yo tenía que preparar un examen de Historia. Mi hermana y yo sabíamos que nuestro abuelo estaba muy mal porque mis padres nos habían mandado a casa de mis tíos para poder estar todo el tiempo posible con él en el hospital, pero ninguna de las dos habíamos siquiera imaginado la posibilidad de que mi abuelo fuera a morirse. Hasta que llegamos de clase y mi tía nos contó con toda la delicadeza posible que mi abuelo había fallecido. Y para su sorpresa mi hermana y yo nos tomamos la noticia con calma y serenidad, y al rato las dos estábamos absortas en hacer los deberes y, en mi caso, preparar aquel examen de Historia que quería bordar.
Hasta que llegó la noche y a mi hermana y a mí se nos desbordó el dolor y, sobre todo, nos golpeó la certeza, aterradora, desgarradora, de saber que nunca más íbamos a volver a ver a mi abuelo Benigno. Porque Benigno ya no era. Y se desató el llanto y nos inundó una pena inconsolable pero también una desesperación animal de querer volver a verle, volver a oírle reír, escuchar su voz y sentir sus abrazos una última vez. Una desesperación irracional que coqueteaba también con la fantasía y el pensamiento mágico del «y si»: Y si no está muerto, y si en realidad se han confundido, y si y si…
La ofensiva de la entidad ultracatólica contra la muerte digna salta de la vía contenciosa a la penal y se amplía a los profesionales médicos y juristas encargados de decidir sobre las solicitudes de eutanasia
Los dos únicos casos judicializados de la eutanasia son de Barcelona __________________
Oriol Solé Altamira, El Diario, 27 de noviembre de 2025
La Justicia sigue sin cortar de raíz la ofensiva de la asociación ultracatólica Abogados Cristianos contra la eutanasia. Una magistrada de Barcelona ha admitido a trámite la querella de la entidad contra un médico y una jurista de la Comisión de Garantía y Evaluación que aprobó la eutanasia de la joven N., a los que acusa de un delito de prevaricación y otro de falsedad documental.
En un párrafo, de escueta motivación (ocupa tan solo siete líneas), la jueza Eva Moltó se limita a indicar que los hechos incluidos en la querella de Abogados Cristianos “pueden ser constitutivos” de delito, y ordena “el esclarecimiento” de los mismos.
La ofensiva judicial de Abogados Cristianos contra la eutanasia salta así de la vía contenciosa a la penal, y supone además añadir un elemento de presión contra los profesionales médicos y juristas que, por ley, se encargan de evaluar todas las solicitudes de muerte digna en Catalunya.
Que en una sociedad laica como la nuestra se sigan utilizando argumentos como que “solo Dios da y quita la vida” me parece ridículo, además de profundamente hipócrita. Si de verdad creyeran eso, la medicina estaría prohibida
Manifestación por la eutanasia en 2021 | EFE _____________________
Quizá porque estamos en el mes de noviembre y acaba de pasar el día de los difuntos (y supongo que las difuntas, claro) o porque es un tema al que no dejo de darle vueltas desde hace mucho, he pensado lo extraña que resulta esa idea tan extendida de que uno no tiene derecho a elegir el momento de su muerte.
Vivimos en una sociedad en la que -al amparo del capitalismo feroz que lo mueve y lo revuelve todo- nos han convencido de que tenemos derecho a elegir cualquier cosa, que siempre hay más opciones, que no tenemos por qué conformarnos o adaptarnos a reglas y normas y a “lo que hace todo el mundo”.
Podemos elegir desde el país de origen de la comida que comemos hasta nuestro aspecto físico, desde cuándo y cómo tener o no tener descendencia hasta nuestra identificación de género. Por no hablar de cosas de poca importancia como el modelo de coche, o de móvil o hacernos una operación estética para cambiar de nariz o de tamaño de pecho, o tatuarnos el cuerpo entero.
Es la primera mujer al frente de la asociación federal Derecho a Morir Dignamente en sus más de 40 años de historia. El médico Fernando Marín, la empleada de banca Eva Camps, la jurista Elisa Casas y el periodista Antón García Ferreiro completan la nueva ejecutiva de DMD
Loren Arseguet es la nueva presidenta de la asociación federal Derecho a Morir Dignamente (DMD), la organización de referencia en España sobre los derechos al final de la vida y la impulsora de la Ley de Eutanasia aprobada en 2021. Se trata de la primera mujer que asume la presidencia de DMD en sus más de 40 años de historia, y lo hace tomando el relevo de Javier Velasco, que ha estado al frente de la asociación desde 2018, tras la repentina muerte de Luis Montes.
La nueva presidenta de DMD nació en Castelsarrasin (Francia) en 1954, es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de la Sorbona de París y reside en Madrid desde principios de los años ochenta. En DMD participa activamente desde 2015, y hasta ahora era la responsable de asuntos internacionales de la entidad, que cuenta con más de 8.500 personas socias.
España reconoce el derecho a la eutanasia en casos de sufrimiento irreversible. Sin embargo, grupos reaccionarios han encontrado subterfugios para impugnar este derecho personalísimo por vía judicial
Fotograma de la película «Mar adentro» (Amenábar, 2004) __________________________
La defensa de los derechos debe ser constante. No basta conseguirlos ni plasmarlos en leyes, sino que siempre es necesario velar por su efectividad y cumplimiento. No es tarea fácil ni cómoda. Los que han sido y son contrarios a las conquistas de la humanidad actúan con insistencia para promover su vueltas atrás y poner palos en las ruedas de los avances en derechos. Trabajan arduamente para imponer su concepción ideológica o moral de retroceso, cuando no negacionista, en derechos humanos. Subyace en ellos una concepción totalitaria para impedir que otros ejerzan derechos y libertades, incluso aunque estén reconocidas en las normas jurídicas.
Así sucede en muchos lugares desde hace al menos dos décadas y, aunque muchos desoyeron los signos de alarma, el retroceso es ya muy evidente en todo el mundo occidental. También en España, donde las ideas reaccionarias, movilizadas con notable activismo, tienen hoy reflejo en instancias que, desgraciadamente, son permeables a esas concepciones. Me refiero a sectores de la Administración de Justicia, y lo hago respecto a un derecho concreto: el de una vida y muerte dignas cuando la persona que sufre un padecimiento grave, crónico e imposibilitante, sin esperanza ni posibilidad de alivio, quiere acabar con ese sufrimiento irreversible.
Un profesor de matemáticas de 29 años puso sobre la mesa un debate que en 1983 no existía. Desde entonces, la asociación Derecho a Morir Dignamente ha encabezado la lucha por este derecho
Carmen Rodríguez, una de las primeras socias de DMD, junto a Miguel Ángel Lerma, su fundador / Foto original Juan Barbosa ___________________
Todo empezó con una carta al director de EL PAÍS, el 11 de noviembre de 1983. “Me encuentro gratamente sorprendido por la reciente aparición en su diario de un artículo sobre la Asociación (francesa) para el Derecho a Morir con Dignidad. Hace tiempo que persigo la creación de una asociación parecida en España, y desearía dar a conocer mis intenciones”. Son las primeras líneas de la misiva de Miguel Ángel Lerma, por entonces un profesor de matemáticas de 29 años, que desencadenó la creación de Derecho a Morir Dignamente –un año después, el 13 de diciembre de 1984-, la asociación que ha encabezado la lucha por este derecho y por la legalización de la eutanasia en el país.
Desde su casa de Chicago, Lerma cuenta que España estaba asentando la democracia y viviendo un momento de conquistas de derechos civiles, pero que nadie se había preocupado por la muerte digna. Era un debate que no estaba sobre la mesa, y él quería ponerlo, influido por varias muertes muy prematuras en su familia. “Mi madre falleció por un cáncer, y en aquella época no existía la costumbre de consultar con el enfermo para que decidiera. Se alargaba la vida tanto como era posible sin más miramientos, para los médicos este era el éxito”, recuerda.
La necesidad de mejorar la aplicación de la ley de eutanasia y promover la concienciación social
Fernanda del Castillo Arévalo, Pilar Cartón Álvarez, La Nueva España, 16 de noviembre de 2024
«Mientras seas tú«, de inminente estreno en Oviedo y Gijón, «Los destellos», «La habitación de al lado», «Polvo serán» son cuatro de las películas españolas que este año han sido premiadas en diferentes festivales y de las que la prensa se ha hecho eco. Las tres tienen un tema en común: la reflexión ante el final de la vida. Las tres nos sitúan frente a unos personajes que se plantean lúcidamente cómo quieren que sea ese final y las tres se van a centrar en la necesidad de apoyo y comprensión por parte no sólo de las personas cercanas sino de toda la sociedad en esa etapa que hoy en día es cada vez más dilatada.
El mes de noviembre es un mes en el que tradicionalmente recordamos y rendimos homenaje a quienes ya no están y a quienes, en muchas ocasiones, hemos acompañado y apoyado en ese proceso final de vida. Desde la Asociación Derecho a una Muerte Digna proponemos que aprovechemos también para reflexionar sobre cómo fue ese proceso y cómo querríamos que fuese el nuestro.
Para nuestra Asociación, como para las películas de las que hemos hablado, «muerte digna» no es sólo evitar el dolor sino, fundamentalmente, una muerte digna es aquella en la que se respetan nuestros derechos ciudadanos, nuestra libertad y autonomía de acción y pensamiento, hasta el último momento de vida.
La simplificación administrativa dispara el número de registros en Asturias donde en 2023 fueron 3.370 personas quienes inscribieron el documento, más del doble que el año anterior
Documentación para registrar el testamento vital / Derecho a Morir Dignamente ________________
José Luis, de 72 años, y su mujer Pilar, de 69 años, siempre han tenido claro cómo quieren que sea su muerte: “sin dolor, ni sufrimiento”. Han dejado por escrito sus instrucciones sobre las actuaciones médicas que se deben seguir en sus últimas horas de vida. Sus preferencias, con lo que quieren y lo que rechazan, han quedado registradas en un testamento vital.
Este matrimonio avilesino ha sido uno de los primeros que ha recurrido en Asturias a este documento donde ha dejado expresado por escrito sus últimas voluntades, al estar actualmente en plenas facultades intelectivas y volitivas. “Nosotros queremos ser libres para decidir cuándo queremos morir sin sufrimiento”, afirman.
Una ampliación para incluir la eutanasia
José Luis fue diagnosticado de un cáncer de médula ósea y ha superado con éxito dos trasplantes. Antes de conocer que había contraído la enfermedad tanto él como su mujer ya se mostraban favorables al testamento vital.
Conversando con activistas de la entidad Derecho a Morir Dignamente sobre su trayectoria y futuro en Asturies
Integrantes de la Asociación Derecho a Morir Dignamente en Asturias | Foto: Iván G. Fernández _____________
Xuan García Vijande, Nortes, 3 de diciembre de 2023
«A ellos no les importa, pero también morirán. ¡Idiotas! Yo primero y luego ellos, pero a ellos les pasará lo mismo». Así describía Lev Tolstoi en La muerte de Iván Ilich el principal fenómeno igualador de la vida, esto es, su final irremediable. Un siglo después alguien continuaba esa misma reflexión: si todos nos morimos, ¿por qué nos da tanto miedo hablar de ello? Y qué sufrimientos podrían evitar romper con este tabú. A principios de los ochenta, se inscribe en el Ministerio del Interior una organización que tiene por fines «el derecho de las personas a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida» y el de los enfermos terminales a morir sin sufrimientos.
Ese primer intento fue frustrado por las autoridades, al entender que los objetivos de la asociación eran contrarios a los principios deontológicos de los profesionales médicos y suponían incurrir en el delito de inducción al suicidio. No obstante, en 1984 la entidad gana el recurso presentado contra dicha decisión y se crea oficialmente la Asociación Derecho a Morir Dignamente (ADMD). Dos décadas después abre su delegación territorial en Asturias, donde cuentan aproximadamente entre dos y tres centenares de personas socias.
Cada avance en esta lucha ha venido precedido de un escándalo mediático, de denuncias en el juzgado y de mucho sufrimiento personal
Retrato de Carlos Gómez Blázquez, pionero en la reclamación del derecho a la muerte digna. _________________
Desmemoriados.org / El Diario, 6 de febrero de 2023
Solo somos conscientes de la ausencia de algunos derechos en determinados momentos vitales. Por eso es difícil que se abran hueco en el debate público, más si estos ponen en cuestión creencias morales o religiosas. Tal ha sido el caso del derecho a la muerte digna, que ha tardado casi 40 años en abrir plenamente la puerta del ordenamiento jurídico de nuestro país. Cada avance en esta lucha ha venido precedido de un escándalo mediático, de denuncias en el juzgado y de mucho sufrimiento personal que llenó la prensa de nombres propios (entre otros, Ramón Sampedro, Luis Montes, Jorge León, Inmaculada Echevarría, Ángel Hernández, María José Carrasco…), en torno a los cuales se ha podido tejer el debate sobre el derecho que tiene toda persona a tener una muerte digna.
El camino ha sido complejo porque se ha tenido que desbrozar para que se reconocieran los derechos del paciente a ser informado de su propia enfermedad, a tener que dar el consentimiento informado antes de ser tratado, a rechazar un tratamiento, al alivio del sufrimiento, a los cuidados paliativos, a la sedación paliativa, para finalmente reconocer el derecho a la eutanasia en determinados supuestos.