Hoy es un absurdo, un contrasentido lógico, político y especialmente ético, considerar a Israel un estado judío, democrático, igualitario y no étnico
El Códice Sassoon(siglo IX o principios del X), la Biblia hebrea más antigua / EFE ______________________
Manuel García Fonseca, El Comercio, 25 de julio de 2025
Valgan unas cita bíblicas, en contraposición a hechos del genocidio palestino. Del Evangelio, sobre el asesinato de los niños: «Quien haga mal a uno de estos niños más le valdría que le ataran una piedra de molino al cuello y lo arrojaran al fondo del mar» (Mateo 18,6-7). De los profetas: «Aunque multipliquéis vuestras plegarias , no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre; lavaos , limpiaos, buscad la justicia, defended al oprimido» (Isaías año 750 antes de Cristo).
Hechos del genocidio palestino: ¿Cómo poner nombre al asesinato de miles de niños que inician o simplemente se asoman a la vida? Todos los días decenas de palestinos son muertos de hambre, a tiros, o por las bombas mientras acuden a los lugares asignados por el ejército para la distribución de alimentos; estos días niños y mujeres son asesinados a tiros al recoger bolsas de agua. Cerca de 20.000 son los niños asesinados y muchos más los heridos, lisiados o mutilados.
Los acontecimientos en Gaza siguen sucediéndose y nada ni nadie parece querer poner fin a la violencia que Israel ha desencadenado de una forma intensa y cruel desde octubre de 2023. Pero con las siguientes líneas no quiero reincidir en los juicios de valor ni en el posicionamiento que ya he manifestado en otros artículos que he escrito para este mismo medio, tales como Hamas ¿terroristas?; o Memoria democrática, más allá del franquismo. Únicamente utilizaré esta tribuna para tratar de despertar la reflexión particular de cada lector a partir de un pasaje bíblico que considero fundamental conocer en este momento y que dice así:
Cuando el Señor tu Dios te haya introducido en la tierra donde vas a entrar para poseerla y haya echado de delante de ti a muchas naciones: los hititas, los gergeseos, los amorreos, los cananeos, los ferezeos, los heveos y los jebuseos, siete naciones más grandes y más poderosas que tú, y cuando el Señor tu Dios los haya entregado delante de ti, y los hayas derrotado, los destruirás por completo. No harás alianza con ellos ni te apiadarás de ellos. Y no contraerás matrimonio con ellos; no darás tus hijas a sus hijos, ni tomarás sus hijas para tus hijos. Porque ellos apartarán a tus hijos de seguirme para servir a otros dioses; entonces la ira del Señor se encenderá contra ti, y Él pronto te destruirá. Mas así haréis con ellos: derribaréis sus altares, destruiréis sus pilares sagrados, y cortaréis sus imágenes de Asera, y quemaréis a fuego sus imágenes talladas.
El 19 de enero comenzó una tregua del genocidio de Israel en la franja de Gaza. Se cortaba de momento el bombardeo masivo, indiscriminado y continuado durante 15 meses. Pero la situación de ocupación, agresiones continuadas y violación de los derechos humanos de Israel sobre Palestina se mantienen desde hace 80 años. Todo ello se justifica en parte en el entorno israelí por razones religiosas (“pueblo elegido, tierra prometida…”).
En el programa 110 de Domingos Laicos Ana Baragaña y José Antonio Naz quieren hoy abordar y reflexionar sobre este aspecto del genocidio vivido en directo de la población Palestina.
Para hablar de ello contaron con dos personas comprometidas y activistas contra esta barbarie. Waleed Saled[1], nacido en Irak, investigador y profesor en Irak, Marruecos y España, donde ha ejercido también de traductor. En la actualidad es profesor emérito en la Universidad Autónoma de Madrid. Y Laurent Cohen Medina, miembro de la Asociación Catalana de Jueus i Palestins Junts y de IJAN, red internacional judía anti sionista, nacido en Paris de padres de la comunidad judía en Egipto. El apellido de su madre es de origen sefardí. Laurent lleva 30 años en Cataluña donde ejerce de traductor e intérprete.
El primer ministro israelí ha decido huir hacia delante, aunque nos precipite por un abismo. Su índice de popularidad se incrementa con la escalada del conflicto. Los compatriotas retenidos nunca fueron su objetivo prioritario. Su propósito es acabar con sus enemigos ampliando las fronteras para que los colonos tengan un mayor perímetro de seguridad. Las víctimas colaterales no tienen mayor importancia, porque son utilizadas como escudos humanos de unas bandas terroristas. Va multiplicando sus frentes bélicos, confiando en que su sistema defensivo, la Cúpula de Hierro, neutralice los misiles balísticos iraníes, algo para lo que también cuenta con el apoyo del ejército estadounidense. Un político que debía rendir cuentas ante los tribunales de su país y ahora debería hacerlo ante la justicia internacional, está imponiendo su ley a sangre y fuego.
La industria de armamento está lucrándose como nunca y suben como la espuma sus acciones. Luego habrá que reconstruir las ciudades devastadas y además habrá sitio para nuevos pobladores, tras el colosal éxodo que provocan las acciones militares de un bien pertrechado ejército. Hasta su servicio secreto despierta ciertas dosis de admiración con sus punteras virguerías tecnológicas. Nada parece fuera de su alcance. Se permiten asesinatos en embajadas y territorios extranjeros, lo que viola todas las convenciones del derecho internacional y que admite un calificativo muy concreto, aunque no sea prudente señalarlo, porque no conviene ofender a quien abusa de la fuerza con semejante saña.
Conferencia del catedrático Álvarez-Ossorio en el Congreso de la Juan XXIII
Ignacio Álvarez -Osorio ______________________
Ignacio Álvarez-Osorio Alvariño, Religión Digital, 8 de septiembre de 2024
La creación de Israel: un proyecto colonial
Desde su creación a finales del s. XIX, la principal reivindicación del sionismo fue la colonización de Palestina. En su libro El Estado judío de 1896, Theodor Herzl señala: “Considero que la cuestión judía no es una cuestión social ni religiosa, aunque muestre esta y otras facetas. Es una cuestión nacional y, para resolverla, debemos hacer de ella un problema de política internacional”. Desde entonces, los líderes sionistas se esforzaron por recabar el apoyo de las principales potencias occidentales a la creación de un Estado judío sobre Palestina con la idea de que se convirtiera en un bastión de Europa en pleno corazón del mundo árabe.
Herzl, que era un ferviente admirador del colonialismo europeo e intercambió correspondencia con el magnate británico Cecil-Rhodes, creador de la Compañía Británica de Sudáfrica, afirmó con vehemencia: “Para Europa representaríamos un bastión contra Asia: seríamos un puesto avanzado de la civilización contra la barbarie”.
El sionismo, por lo tanto, guarda no pocos paralelismos con el proyecto colonizador europeo y con la necesidad de mantener el control de la tierra y apropiarse de los recursos de los pueblos colonizados; además de desplazar y reemplazar al pueblo autóctono por medio del colonialismo de asentamiento.
Cada día nos sobresaltan, al despertar, las noticias sobre los asesinatos del ejército israelí en Gaza. Un día es una escuela bombardeada con cien personas allí refugiadas, todas asesinadas. Otro es un lugar de culto donde se encuentran personas creyentes rezando por el final de la invasión israelí. Otro, la destrucción de un hospital donde los médicos atienden a personas heridas. Otro, un campo de refugiados atacado con decenas de bombas y de muertos. Otro, una casa bombardeada por la aviación con todos los miembros de la familia asesinados. Otro, dos bebés gemelos gazatíes de cuatro días asesinados por un bombardeo mientras su padre iba a registrarlos su nacimiento. Siempre la misma escena de destrucción, humillación, dolor, sufrimiento, desolación, impotencia, sin ni siquiera capacidad de indignación. Ningún lugar es seguro en la Franja de Gaza desde que comenzó la invasión de las fuerzas armadas israelíes.
El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Wolker Türk, ha declarado que, desde el 7 de octubre en que Hamás asesinó a cerca de 1.200 personas muertas y secuestró a 250 rehenes, el ejército israelí ha asesinado a más de 40.000 civiles en Gaza, la mayoría mujeres, niñas y niños, a razón de 130 personas por día. Dicha cifra supone la eliminación del 2% de la población gazatí. A estas cifras hay que sumar las decenas de miles de personas que yacen bajo los escombros y de las personas heridas. Un millón setecientas mil personas han sido desplazadas en un viaje a ninguna parte sin contar con recursos básicos como el agua y los alimentos. Numerosos centros de refugio como escuelas, centros de salud o mezquitas han sido destruidos.
Nikki Haley, política estadounidense del Partido Republicano, firmando unos proyectiles israelís / X _________________
Enrique Javier Díez Gutiérrez, Público, 6 de junio de 2024
El genocidio en Gaza y Cisjordania no es solo producto de una política de los dirigentes neofascistas y ultrarreligiosos extremistas de Israel. En primer lugar, porque este gobierno ha sido elegido por la población israelí que ha mantenido en el poder al jefe del partido de derecha radical Likud, Netanyahu, con tres investigaciones por corrupción abiertas contra él, quien gobierna con otros partidos ultraderechistas (Poder Judío, Sionismo Religioso y Noam), fundamentalistas y radicales, cuyos líderes se enorgullecen públicamente de ser supremacistas y racistas.
En segundo lugar, porque solo una minoría insignificante de esa población israelí se ha mostrado abiertamente contraria al plan colonial de saqueo, expulsión y erradicación sistemática de la población palestina de sus territorios que ha practicado el régimen israelí, gobernara quien gobernase, en los últimos 75 años.
En tercer lugar, porque este era un plan que ya estaba diseñado desde hace años, como lo muestran las declaraciones del propio Netanyahu en entrevista off the record en 2001 en la que expresa sus planes respecto de Gaza: «Lo principal es, ante todo, golpearles, no una sino varias veces, tan dolorosamente que el precio que paguen sea insoportable. Hasta ahora, el precio no es insoportable. [Me refiero a] un ataque a gran escala contra la Autoridad Palestina, haciéndoles temer que todo esté a punto de colapsar».
Decenas de estudiantes durante una acampada para exigir «un alto al fuego inmediato en Gaza», en la Universidad de La Rioja, a 15 de mayo de 2024, en Logroño, La Rioja (España) / José Sánchez / Europa Press _________________
El uso partidista que hace el Estado sionista de Israel del término antisemitismo es una estrategia rentable para seguir utilizando el victimismo como arma que censura cualquier mínima crítica a la barbarie que comete desde hace más de setenta años contra los palestinos inocentes, así como para chantajear a los sistemas políticos occidentales subyugados a las órdenes del gobierno de Tel-Aviv. Es el refugio que garantiza la cobertura jurídica y política para liquidar cualquier argumento que cuestiona su narrativa referente a la historia del pueblo judío, al sionismo o al Estado de Israel. Y al amparo del dominio del lobby sionista en Occidente el término se usa para proteger a Israel de cualquier responsabilidad y esconder la cruel ocupación de los territorios de Palestina, así como para justificar el genocidio de Gaza que se está llevando a cabo desde el mes de octubre de 2023. En definitiva, el antisemitismo se ha convertido en una espada amenazante en el cuello de los intelectuales, la prensa y los gobiernos para someterlos a la voluntad del sionismo.
Curiosamente, el concepto de antisemitismo no se conocía hasta finales del siglo XVIII, cuando por primera vez lo usa el historiador alemán August Ludwing Achlözer en 1781 en un estudio sobre los caldeos. Llama semitas a los pueblos del suroeste de Asia: acadios, babilonios, asirios, amoritas, arameos, cananeos, árabes y hebreos. La idea se toma del Antiguo Testamento que dice «Esta es la descendencia de los hijos de Noé, Sem, Cam y Jafet, a quienes les nacieron hijos después del diluvio» (Génesis, 10).
El uso político, instrumental, de la Biblia se planificó y se hizo operativo por los fundadores del sionismo y hoy es la ideología esencial del Estado de Israel
Manuel García Fonseca, El Comercio, 16 de abril de 2024
Karen Armstrong, premio Prícesa de Asturias de Ciencias Sociales, pone de manifiesto el uso tergiversado de la Biblia: «A veces parece que el Dios de Israel ha fomentado una crueldad impía e inhumana, pero a lo largo de los siglos Yahvé se convirtió en una idea que ayudó a su pueblo a cultivar la misericordia y el respeto a los demás seres humanos».
En los escritos de los profetas parece esencial el deber primordial de la misericordia, que se convertirá en el santo y seña de las religiones que se formaron en la edad axial: «Aunque multipliquéis vuestras plegarias, no os escucharé. Vuestras manos están llenas de sangre; lavaos, limpiaos, buscad la justicia, defended al oprimido» (Isaías, año 750 antes de Cristo).
Posteriormente, los rabinos hacían de la comunidad el nuevo templo, el santuario de Dios; como los primeros cristianos, los rabinos exhortaban a los israelitas a considerarse como una comunidad unida en un solo cuerpo y una sola alma. Este sentido del Dios inmanente ayudó a los judíos a considerar la humanidad como algo sagrado. Las ofensas contra otro ser humano eran una negación del mismo Dios, equivalían al ateísmo, eran un intento blasfemo de negar a Dios. Por eso el asesinato era el mayor de todos los crímenes, porque era un sacrilegio. «La escritura nos enseña que cualquiera que vierta sangre humana es como si hubiera hecho menguar la imagen divina».
Una antología de las Fuerzas de Defensa de Israel incluye poemas que expresan deseos de venganza y pinta el combate en Gaza como una guerra religiosa. Su objetivo, “elevar los espíritus en tiempos de guerra”
Shamsidin Fariduni, uno de los sospechosos de matar a 144 personas en Crocus City Hall, Moscú, con muestras de haber sido torturado, este 25 de marzo / Shamil Zhumatof (Reuters) _________________
Cuando el pacto básico que mantiene unida a una sociedad se derrumba (que es lo que al parecer está sucediendo en todo el mundo), proliferan los rumores absurdos y las teorías conspirativas. Incluso cuando la falta de sentido del mensaje es obvia (o tal vez, sobre todo en esos casos), este puede evocar temores y prejuicios muy profundos.
Un ejemplo perfecto (del que ya he hablado en otra ocasión) se dio a fines de agosto de 2023, cuando un sacerdote llamado padre Antonio roció ceremoniosamente con agua bendita una estatua de Stalin de casi ocho metros en la región rusa de Pskov. La Iglesia padeció en tiempos de Stalin, pero el sacerdote explicó que “gracias a eso tenemos muchos nuevos mártires y confesores de la fe rusos a los que rezar y que nos ayudan en el resurgimiento de nuestra Patria”. Este razonamiento está apenas a un paso de decir que los judíos deberían agradecer a Hitler por crear las condiciones que hicieron posible el Estado de Israel. Puede parecer exagerado o un mal chiste, pero es la posición declarada de algunos extremistas sionistas cercanos al gobierno israelí.