Convence más la moda que la fe, y desde luego más que la racionalidad crítica.

José María Agüera Lorente, Nueva Tribuna, 11 de febrero de 2026
«El problema de la humanidad es que las personas estúpidas y fanáticas están seguras de todo, y las inteligentes están llenas de dudas.»
(Bertrand Russell: El triunfo de la estupidez)
Cuando estudié la filosofía de Marx por primera vez, de una forma superficial, allá por mi último año de bachillerato, había en mi libro de texto un recuadro en el que aparecían algunas notas biográficas del filósofo alemán. Una que me pareció especialmente curiosa por lo que tenía de paradójica es una frase que al parecer escribió en una de sus últimas cartas, a saber: «yo no soy marxista» (en el francés original en el que la expresó: moi, je ne suis pas marxiste). Una declaración con todo el sentido en un contexto en el que se fraguaban ideologías históricamente poderosas, y en el que el propio Engels llegó a redactar un borrador del famoso Manifiesto comunista (1848) en forma de catecismo.
Me imagino a ese barbudo Marx sexagenario hasta salva sea la parte de las trifulcas doctrinales sobre sus ideas y los enfrentamientos entre sus fanáticos partidarios y sus agresivos detractores, comportándose igual que los acólitos de sendas sectas antagónicas. Es como si dijese: que yo no soy ningún mesías, que lo que he hecho es pensar por mí mismo de una forma crítica para analizar y comprender el mundo en el que vivimos y las opciones que tenemos para transformarlo a mejor; si queréis creer ciegamente en algo para tener una bandera que empuñar y con la que atizarle a quien piense distinto, conmigo no contéis.
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Posted by asturiaslaica 





















