El patriarcado «Extremoduro» de las religiones · Juan José Tamayo

marzo 8, 2026

El 8 de marzo me parece una fecha muy oportuna para reflexionar sobre uno de los patriarcados todavía más poderosos e influyentes: Me refiero al patriarcado de las religiones: Uno de los últimos bastiones en el mantenimiento de un tercer tipo de patriarcado: el de «Extremoduro»

Patriarcado | 5
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Juan José Tamayo (blog), Religión Digital, 8 de marzo de 2026

El 8 de marzo me parece una fecha muy oportuna para reflexionar sobre uno de los patriarcados todavía más poderosos e influyentes en el imaginario social, en las orientaciones ideológicas de la ciudadanía y en el mantenimiento de las prácticas sexistas en la sociedad en general y en las actitudes, las mentes y las conciencias de las personas vinculadas directa o indirectamente a los diferentes sistemas de creencias. Me refiero al patriarcado de las religiones, que yo he definido como “Extremoduro”, tomando el nombre del grupo musical extremeño que se autodefine como “rock trangresivo urbano”.

El patriarcado es un sistema de dominación estructural y permanente de las mujeres, las niñas, los niños y de los sectores más vulnerables de la sociedad, basado en la masculinidad hegemónica, que constituye el fundamento del poder de los varones, del sometimiento a las mujeres, de la legitimación de la discriminación e incluso de la violencia de género. Considera al varón como referente de lo humano y de los valores morales. Utiliza el concepto “hombre” para referirse a los varones y a las mujeres con expresa exclusión de estas en el lenguaje y niega que dicho uso sea excluyente porque se entiende que es genérico.

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Fe, moda y frivolidad intelectual · José María Agüera

febrero 11, 2026

Convence más la moda que la fe, y desde luego más que la racionalidad crítica.

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José María Agüera Lorente, Nueva Tribuna, 11 de febrero de 2026

«El problema de la humanidad es que las personas estúpidas y fanáticas están seguras de todo, y las inteligentes están llenas de dudas.»
(Bertrand Russell: El triunfo de la estupidez)

Cuando estudié la filosofía de Marx por primera vez, de una forma superficial, allá por mi último año de bachillerato, había en mi libro de texto un recuadro en el que aparecían algunas notas biográficas del filósofo alemán. Una que me pareció especialmente curiosa por lo que tenía de paradójica es una frase que al parecer escribió en una de sus últimas cartas, a saber: «yo no soy marxista» (en el francés original en el que la expresó: moi, je ne suis pas marxiste). Una declaración con todo el sentido en un contexto en el que se fraguaban ideologías históricamente poderosas, y en el que el propio Engels llegó a redactar un borrador del famoso Manifiesto comunista (1848) en forma de catecismo.

Me imagino a ese barbudo Marx sexagenario hasta salva sea la parte de las trifulcas doctrinales sobre sus ideas y los enfrentamientos entre sus fanáticos partidarios y sus agresivos detractores, comportándose igual que los acólitos de sendas sectas antagónicas. Es como si dijese: que yo no soy ningún mesías, que lo que he hecho es pensar por mí mismo de una forma crítica para analizar y comprender el mundo en el que vivimos y las opciones que tenemos para transformarlo a mejor; si queréis creer ciegamente en algo para tener una bandera que empuñar y con la que atizarle a quien piense distinto, conmigo no contéis.

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