Al vizconde de Campo Grande le daba envidia la Estatua de la Libertad, igual que se la daban dos grandes estatuas europeas.

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Pablo Batalla, Nortes, 22 de febrero de 2926
Cuesta imaginarse el santuario de Covadonga de otro modo que como es. Para casi todos los asturianos, es una geografía profundamente memorizada, asimilada: la cueva, la basílica, la explanada, el torrente; y la impresión de todo ello. De la cueva y de la capilla en ella colgada como milagrosamente, de la basílica y sus agujas estilizadas apuntando al cielo de los Picos de Europa, de un espacio natural «donde con igual fiereza y vigor crecen los castaños y las hayas que se derrumban las cascadas y torrentes», como escribía un viajero decimonónico.
Covadonga, piensa uno inconscientemente, es como es y no podría ser de otro modo, aunque, por supuesto, bien podría serlo. A punto estuvo de serlo en muchas ocasiones. Son muchos los proyectos que se idearon y no se hicieron para este santuario mariano y nacionalista. Alguno hoy nos parece disparatado, pero contó con autoridades que lo apoyaron en su momento y que cabildearon para que se realizara: tapar la cueva con un templo elefantiásico, cerrar todo su frente con una vidriera abatible de colores y edificar en alguna cima una estatua ciclópea de Pelayo fueron solo tres de ellos.
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Posted by asturiaslaica 
















