¿Qué necesita el Laicismo del Feminismo? por Luis Fernández

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Otra mirada al Laicismo

Vuelvo al comienzo. Me había planteado analizar aquellos aspectos del Laicismo para los que fuera relevante el Feminismo y hasta ahora parece que sólo he encontrado zonas comunes en la lucha por los Derechos Humanos. Está claro que es un campo suficientemente importante y justificador del esfuerzo de esta Jornada orientada a encontrar áreas de trabajo compartidas por ambos movimientos sociales. Es un espacio muy amplio (de límites difusos), pero ¿es sólo eso lo que el Laicismo necesita del Feminismo?

Analicemos el principio básico del laicismo: la libertad de conciencia.

Me vais a permitir que lo haga por partes:

Comenzaríamos por caracterizar la conciencia. Martha Nussbaun la reconoce como esa  facultad con la que toda persona busca el sentido último de la vida (formulación que parece acorde con los planteamientos de César y Andrés cuando la presentan como opción espiritual). Europa Laica, en el proyecto de Ley de Libertad de Conciencia que presenta abre el campo para identificarla con cualquier opción personal de pensamiento, convicciones ideológicas o filosóficas, o creencias de carácter religioso o no religioso. Por último, la interpretación jurídica de la conciencia la considera como el conjunto de convicciones interiores que fundamentan los actos personales de acuerdo con el juicio de la propia razón por el que se reconoce la cualidad moral de tales acciones.

Estas concepciones, al estar nítidamente centradas en la persona como individualidad, presentan problemas. Por una parte exigen una respuesta clara a la compleja pregunta que atraviesa la historia de la filosofía ¿qué configura a la persona en su completitud? Por otra al centrarse en las convicciones interiores de cada individualidad suelen asumir desde un principio, de forma acrítica, las creencias presentes en esas convicciones (las ideas se tienen, en las creencias se está que decía Ortega) sin considerar que en una parte importante son producto de las estructuras culturales dominantes en la sociedad en la que están incluidas (es decir, vienen incorporadas por su estructura de clases, de razas, patriarcal,…).

Dada la dificultad que presenta querer aislar un concepto para ella yo parto de la idea (que seguro Cesar y Andrés aceptan) de que, independientemente de su conceptualización, la conciencia es una construcción social. Se edifica en cada persona a través de su interrelación con las demás dentro del marco impuesto por las condiciones materiales, biológicas y economicosociales en las que se desenvuelve cada vida individual. (No es la conciencia de la persona la que determina su ser sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia que decía Marx).

Consecuentemente si cada conciencia resulta de la historia social de cada individualidad, necesariamente, como conjunto, podrían estar sometidas a una amplia variabilidad. Pero la sociedad dispone de una poderosa herramienta, de un gran molde conformador para homogeneizar esas conciencias: la cultura de cada momento. Al estabilizar los modos y las costumbres (y por ello las creencias) es precisamente esa cultura la que se muestra como el gran acondicionador de todas y cada una de las conciencias individuales asemejándolas y evitando una dispersión problemática.

Como indica Althusser: Las personas no pueden vivir sin guiarse por una cierta representación de su mundo y de sus relaciones con él. Esta representación ellas se la encuentran primero dada al nacer, existiendo en la sociedad misma, en su cultura dominante. Todo sucede como si para existir como seres sociales y activos en la sociedad que condiciona toda su existencia necesitaran disponer de esa representación de su mundo, la cual puede permanecer en gran parte inconsciente y mecánica, o al contrario ser consciente y reflexiva más o menos ampliamente.

(Es preciso señalar que dado que la cultura emerge de la sociedad que intenta conformar, la reacción a las tensiones generadas en este proceso conformador son la causa de los cambios que se realizan en dicha cultura, en una dialéctica permanente causante de la evolución cultural de las sociedades).

Por otra parte, en vez de fijarme en buscar la libertad de conciencia como un objetivo estático y definido y por tanto presumiblemente alcanzable, asumo como orientador de la acción del laicismo el planteamiento de Henri Peña Ruiz de interesarme fundamentalmente por liberar conciencias. Me gusta el planteamiento de Byung-Chul Han cuando considera que La libertad es un episodio… La sensación de libertad se ubica en el tránsito de una forma de vida a otra, hasta que finalmente se muestra una nueva forma de coacción. Así a la liberación sigue una nueva sumisión. Es decir, no existe la libertad sino las liberaciones.

De acuerdo con todo ello interpreto el objetivo central del Laicismo como la acción permanente (constans et perpetua voluntas) para liberar (romper las coacciones) a cada conciencia en cada momento, en un proceso sin fin.

Consecuentemente aparecen dos grandes líneas para el trabajo de Europa Laica.

– Por una parte luchar contra aquellas coacciones que se manifiestan abiertamente (luchar contra toda imposición dogmática).

– Por otra identificar las coacciones que no se manifiestan tan abiertamente por estar ocultas en esa inmensa máquina de troquelar conciencias que es cada cultura local.

La primera línea es la más patente y los procedimientos del Laicismo (Neutralidad del Estado respecto a las religiones y Separación entre las iglesias y el Estado) aportan un amplio caudal de causas sobre las que es imprescindible actuar.

La segunda línea es más esquiva por el complejo problema de que cada conciencia personal está dentro de su cultura lo que le dificulta sentir las coacciones de la misma (“El pez nunca descubre que vive en el agua. De hecho, como vive inmerso en ella, su vida transcurre sin advertir su existencia. De igual forma, una conducta que se normaliza en un ambiente cultural dominante, se vuelve invisibleque decía Foucault). Resulta imprescindible una óptica externa, la visión de quienes ya las hayan roto o sean víctimas sensibles de esas coacciones para detectarlas y combatirlas.

Los ejemplos son extraordinariamente abundantes. Algunos muy significativos. El Laicismo nace apoyado en una Declaración de los derechos del Hombre inaceptable desde nuestra cultura actual (Olympe de Gouges, autora de una reivindicativa Declaración de los derechos de la Mujer y la Ciudadana, termina guillotinada). En una parte amplia de su desarrollo inicial el movimiento laicista convive con la esclavitud fundamentalmente apoyado en justificaciones racistas (y económicas). También hoy resulta inaceptable. Tenemos el distanciamiento histórico suficiente (la necesaria evolución de nuestra cultura) para entender, desde los parámetros de nuestra percepción actual, cómo la cultura dominante entonces anulaba esa visión crítica en cada momento justificando esas conductas.

Volviendo al presente ¿cuál es la tensión más fuerte y generalizada que sufren las culturas dominantes en estos momentos? En mi juventud considerábamos revolucionaria la canción de Joan Báez “El preso número nueve”. La interpretábamos como un alegato contra la pena de muerte. Oída hoy aparece como una inaceptable justificación de la violencia machista propia del patriarcado dominante (incluyendo la bendición de su correspondiente dios). Es un simple ejemplo de uno de los grandes cambios culturales que experimenta a gran velocidad nuestra sociedad (velocidad que genera fuertes tensiones). Y es indiscutible que el gran motor de este cambio cultural es el Feminismo.

Sigue Concluyendo

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