Sanz Montes y la laicidad

mayo 23, 2021

Evaristo Villar, cofundador de Redes Cristianas, reflexiona sobre el papel que la religión debería jugar en la vida pública.

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Jesús Sanz Montes / Foto Religión Digital

Evaristo Villar, Nortes, 23 de mayo de 202

El mes pasado, con ocasión del propósito del Ayuntamiento de Gijón de someter a consulta ciudadana su “proyecto de laicidad”, Ramón Muñiz publicó en El Comercio una entrevista con el arzobispo de OviedoJesús Sanz Montes. Su contenido no ha pasado desapercibido en algunos ambientes asturianos que me han pedido mi opinión.

Es de agradecer al señor arzobispo que, de forma clara y contundente, ponga en candelero lo que suele ser doctrina mayoritaria de la jerarquía católica española sobre el puzle de temas que trata la entrevista: la pandemia, la ley de eutanasia, el divorcio, el aborto, el feminismo e ideología de género, el colectivo LGTBIQ, las inmatriculaciones, los abusos a menores, etc., acabando con lo que parece ser la base doctrinal  sobre la que se sustenta este listado: su experiencia y visión sobre el  laicismo y la laicidad.

Antes de entrar en este campo, una breve referencia al lenguaje empleado. Me llama la atención el vocabulario tan militarista y guerrista en una persona que, según Ramón Muñiz, es de  ”habla dulce”.  Extrañamente aparecen palabras y expresiones como “trinchera”, “guerra”, ”batalla cultural”…; se habla de  “vencerte”, “aniquilarte”, “borrarte y reescribirte”, de “imposibilitar que siguas sobreviviendo”, etc.  Tratándose de un “colchonero” como el arzobispo Sanz Montes, seguro que este lenguaje no va más allá del ámbito deportivo.  Pero, en cualquier caso, te sitúa en un escenario que contradice ese otro, lleno de paz y sosiego, que rebelan sus “vicios decentes” —a los que, ¡gracias, señor arzobispo!, se refiere con gran sinceridad– que llegan hasta “enchufarse una serie de 40 minutos”.

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Los evangélicos en la política de América latina

mayo 23, 2021

Así influyen los evangélicos en la política regional latinoamericana (Vídeo)

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Un hombre reza en una iglesia evangélica, en Bogotá, Colombia / AP Foto / Fernando Vergara

García-Ruiz Jesús, Michel Patrick, « América latina: los evangélicos en la política », Études no. 0, 2021, 23 de mayo de 2021

21 millones en 1980, 46 millones en 1990, de 80 a 90 millones en 2000: los evangélicos en América Latina representan hoy cerca del 40 % de la población en Guatemala, el 25 % en Chile, el 22 % en El Salvador y, sin duda, más del 23 % en Brasil. Esta expansión debía tener necesariamente efectos en el terreno político. En 2010, la primera vuelta de la elección presidencial en Brasil puso en evidencia el peso de la referencia religiosa en el espacio público. Para muchos observadores , la adscripción de la candidata verde, Marina Silva, a la Assembleia de Deus permite explicar el resultado del escrutinio, tan brillante como inesperado para ella. En campaña, navegó constantemente entre la ecología y la religión y, en este último terreno, no vaciló en atacar a la candidata de Lula —a quien otros tildaron de ser solo una “cristiana en vísperas de elección”—, por la cuestión del aborto, entre otras, lo que le permitió forzar a Dilma Rousseff a una segunda vuelta. Y numerosos pastores siguieron su ejemplo: “Alerta al pueblo de Dios. Únanse. ¡No voten a Dilma Rousseff!”.

El giro hacia la política

Al final de los 70, el surgimiento de un nuevo neopentecostalismo, dedicado a proveer a su base social (clase media, burguesía, oligarquía, funcionarios públicos) de los elementos capaces de justificar el estatus que detenta o al que aspira, significó un giro que implicaría tanto una transformación de la relación con la política como una búsqueda de nuevas estrategias.

La visión pentecostal del mundo como lugar de tránsito fue reinterpretada en América Latina por los neopentecostalistas, cuya escatología de carácter postmilenarista los hace concebirlo como un espacio de reconquista. Al estar el Reino aquí abajo, el mundo se vuelve un lugar competitivo y de ejercicio del poder. Con ello se plantea la cuestión de la participación de los cristianos en la vida pública. Este ingreso a la política fue promovido por teóricos norteamericanos (Paul D. Henry, John H. Yoder, Gary North) provenientes, sobre todo, del Instituto Teológico de Tejas, donde se han formado numerosos dirigentes latinoamericanos. Pero serán principalmente los televangelistas, como Pat Robertson o Jimmy Swaggart, los encargados de propagar los fundamentos conceptuales de esta “nueva visión”, que exige al creyente involucrarse en la construcción del Reino. En efecto, como afirma John Stott, es forzoso impedir que “Satanás y el Reino de las Tinieblas se consideren los maestros absolutos del poder político […]. El reino de Cristo abarca toda la realidad de la existencia histórica de los seres humanos, incluida su dimensión económica, social y política”

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