El siniestro y oscuro reparto del botín artístico franquista: Entregadas a afectos al régimen, a museos o a instituciones religiosas

Miles de obras salvadas por la II República y las incautadas a los ‘rojos’ se entregaron a afectos al régimen, a museos y a instituciones religiosas

Exposición de piezas de orfebrería montada en Madrid en septiembre de 1940. / RC

Miguel Lorenci, El Comercio, 1 de marzo de 2021

España era la finca privada del franquismo, que en la posguerra hizo lo que le vino en gana con las obras de arte que salvó la República y con las que el régimen incautó». Lo dice el catedrático Arturo Colorado Castellary, que ha estudiado y documentado cómo el franquismo mercadeó con el grueso de las 17.000 obras tuteladas por los republicanos y con las expoliadas a sus «enemigos». En ‘Arte y botín de guerra’ (Cátedra) rastrea el destino de las obras usurpadas a políticos, militares o intelectuales republicanos presos, exiliados o represaliados.

La propaganda franquista insistía en que la República era «enemiga» del patrimonio cultural y la religión. Que en el territorio «rojo» imperaba la barbarie, el caos, la iconoclastia y el robo del patrimonio artístico. Una acusación «incierta», según Colorado, pero mantenida con machaconería y «que escondió durante décadas la labor de salvaguarda republicana de las obras de arte y su destino en la inmediata posguerra».

Casi 9.000 piezas se entregaron «sin conocer su procedencia ni investigar su origen»

Colorado, una autoridad en el estudio del devenir de nuestro patrimonio durante la guerra y la posguerra, ha estudiado durante cinco años la gestión y el destino de las cerca de 17.000 obras almacenadas por la República, «muchas de ellas desviadas luego hacia otros destinatarios que las reconocían como suyas». Casi la mitad, 8.710, fueron entregadas en depósito «a menudo desconociendo su procedencia y sin investigar su origen». De ellas, 3.761 fueron dadas a 35 museos; 2.330 se repartieron entre organismos oficiales como ministerios, ayuntamientos o cuarteles; 2.040 se entregaron a la Iglesia y 579 a particulares. Todas estaban controladas e inventariadas por la Junta del Tesoro Artístico (JTA) y almacenadas en grandes depósitos del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional (Sdpan) entre 1939 y 1945.

«Quizá fueran muchas más. Sabemos muy poco del expolio artístico que hubo en España en la posguerra y que, ‘mutatis mutandis’, es comparable con el de los nazis, sobre todo por el robo a los exiliados que dejaron atrás sus colecciones», dice Colorado. Aunque hubo devoluciones en los años 50 y en la Transición, «el grueso sigue en los lugares a los que fueron enviadas», dice el catedrático y responsable de la primera investigación de este expolio.

Un agente del Sdpan franquista en un depósito de Figueras en 1939.

Un agente del Sdpan franquista en un depósito de Figueras en 1939

Su estudio confirma que la institución religiosa más beneficiada por la política franquista fue la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz, fundada por José María Escrivá de Balaguer en 1943, «íntimamente unida al Opus Dei» y que recibió 320 obras. El museo del Prado recibió catorce obras, alguna de procedencia desconocida y otras con propietarios identificados. Acogió dos cuadros de Pedro Atanasio Bocanegra, propiedad de Alcalá Bernardas; otros tantos de Francisco y Rodrigo de Osona, propiedad de Gonzalo Rodríguez, o sendas obras atribuidas a Boucher, evacuadas a Ginebra por la JTA y procedentes de la Caja de Reparaciones.

Exiliados y expoliados

El ensayo detalla la confiscación de colecciones como la de Pedro Rico, alcalde republicano de Madrid entre 1931 y 1934, exiliado en 1936, y cuya colección de 25 piezas fue incautada y repartida entre varios museos. Lo mismo ocurrió con la colección del naviero vasco y destacado nacionalista Ramón de la Sota, compuesta de 300 obras, algunas de Goya, El Greco, Juan Carreño de Miranda o Luis de Morales. Una fabulosa ‘Piedad’ del ‘Divino’ Morales que era propiedad del naviero acabó colgada en el despacho del cuñadísimo de Franco, Ramón Serrano Suñer, en el Ministerio de la Gobernación. Como ‘Vuelo de brujas’, de Goya, que perteneció a Luis Arana, hermano de Sabino Arana. Al coronel José Sicardo, conocido como «el jefe militar rojo», y a su esposa, Mariana Cardera, les requisaron en la posguerra 104 cuadros, entre ellos varios de Goya entregados a aristócratas como los marqueses de Falces o los condes del Valle y de Romanones.

Para decorar el Palacio del Pardo o el Pazo de Meirás el propio Franco se reservó piezas como las pilas bautismales de Muxía, dos esculturas del Maestro Mateo de la catedral de Santiago o la mano incorrupta de Santa Teresa, hoy en la Iglesia de la Merced de Ronda.

Castellary, autor también de otros dos libros sobre el exilio del arte y la gestión franquista del patrimonio durante la II Guerra Mundial, ha creado una web EL PATRIMONIO ARTÍSTICO DURANTE LA GUERRA CIVIL Y LA POSGUERRA con toda la documentación de Arte, botín de guerra.

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