La Iglesia se aferra al dinero público ante la ola de secularización

El descenso en el número de fieles que reciben sacramentos y en la propia masa laboral de la institución confirma una tendencia a la baja que, de momento, compensa con fondos públicos y la escuela concertada

Encuentro entre Pedro Sánchez y el presidente de la Conferencia Episcopal / POOL MONCLOA / FERNANDO CALVO

Dani Domínguez, La Marea, 8 de agosto de 2022

En 2019, el año previo a la llegada de la pandemia de COVID-19, la Iglesia católica ofició la mitad de bautizos que una década antes, en 2010. En solo una década, los niños y niñas que reciben este sacramento han pasado de casi 350.000 a poco más de 175.000: un descenso del 49,73%. La llegada de la pandemia acrecentó el declive de estas cifras, que en 2020 alcanzó el mínimo histórico: 100.000 bautizos.

La caída, aunque menos acusada, también afecta a las comuniones: mientras que en 2010 se llegaron a 280.654 celebraciones, diez años después descendieron hasta las 204.618, un 27% menos. El gran batacazo se produce en las bodas: en 2007 (año en el que comienzan los datos aportados por la Conferencia Episcopal) se oficiaron 113.187 matrimonios, y en 2019 solo llegaron a 36.650, un descenso del 67,6%.

¿Está perdiendo poder la Iglesia? El redactor jefe de Religión Digital, Jesús Bastante, asegura que existen dos razones que explican estos datos: “Por un lado, surgen ritos de presentación que sustituyen al bautismo en el ámbito civil o de despedida en el caso de los entierros que están diluyendo el monopolio de la Iglesia católica en este tipo de ceremonias. Y, por otro lado, la práctica religiosa y la vinculación familiar hacia la Iglesia se está desmoronando. Ahora, lo norma es que nuestros hijos ya no sean bautizados per se”, explica. Y añade: “Eso es un derrumbe brutal para la institución”.

El sacramento de la confirmación, sin embargo, sigue una tendencia contraria: ha crecido año a año desde 2007 hasta 2019, fecha en la que empieza a bajar. Bastante cree que, en este caso, influye el hecho de que no exista una edad determinada para recibirlo: “Y luego hay que tener en cuenta que para casarte por la Iglesia necesitas estar confirmado, y quizá por ahí se pueda dar un cierto repunte”, interpreta el periodista especializado en información religiosa.

Luis Miguel Uriarte es creyente y practicante, es decir, acude a misa cada semana. Y es el portavoz de Redes Cristianas, una plataforma formada por más de 200 grupos, comunidades y movimientos católicos de base: “Pretendemos ser otra voz crítica y alternativa y coordinarnos para dar una respuesta conjunta en pro de la transformación democrática de la Iglesia y de la sociedad”, explican en su web. Para Uriarte, la “desafección” de la ciudadanía con la Iglesia es una evidencia. Asegura verlo en el caso de sus propios hijos: “Nosotros les hemos dado libertad total para que elijan su camino, y ellos han decidido pasar de todo este tema. Si esto sucede en una familia como la nuestra, que somos practicantes de ciertos sacramentos, imagina en cualquier otra”, reflexiona.

Este cristiano de base interpreta que los datos no son todavía peores por una cuestión social y estética: “Mucha gente se casa por la Iglesia porque simplemente es más bonito, y eso es así. Con las comuniones sucede algo parecido y no quieres que tu hijo se quede atrás mientras otros sí lo celebran. Ese componente social es el que está sosteniendo algunos datos”.

Menos sacerdotes

Pero el declive de la Iglesia en España no está asociado únicamente al descenso en los sacramentos. Su propia masa laboral es cada vez menor. Así, el número de sacerdotes ha ido cayendo año a año. El máximo (desde que hay datos) lo alcanzó en 2008, cuando la Conferencia Episcopal presumía de contar con 20.390 curas en nómina. En 2020, la cifra cayó hasta los 16.500. La caída en el número de sacerdotes es solo uno de los síntomas de un problema mucho mayor y que también afecta a los religiosos y las religiosas (entre 2012 y 2020 han pasado de 58.000 a 35.500), a los y las catequistas (de 109.300 a 90.900 en el mismo periodo) o a los/as religiosos/as (de 10.899 en 2013 a 8.436 en 2020), entre otros.

Uriarte critica la “falta de respuesta y de mensaje” de la Iglesia hacia la gente joven: “No se ha intentado recuperar la frescura del Evangelio y se ha acumulado polvo eclesial”. Esto, en su opinión, lo está tratando de revertir el pontificado de Francisco. A pesar de ello, advierte de la visión eurocentrista que prima a la hora de analizar la desafección por la religión: “En muchas partes de América Latina, de África o de Asia la tendencia es la contraria a lo que sucede en Europa o en España”.

IRPF y escuela concertada

No obstante, el dinero público no para de aumentar. Y un ejemplo claro más allá de la casilla de la declaración de la renta, es el fomento cada vez más grande de la escuela concertada en España, mayormente católica. Como sostiene el periodista Ángel Munárriz en Iglesia S.A. (Akal, 2019), la educación, la escuela, las aulas constituyen ahora el principal antídoto a la secularización a la que se enfrenta la institución en estos tiempos. “Es obvio que la Iglesia, con instituciones tan claramente sexistas como el Opus, para nada rema en la dirección de la igualdad plena entre hombres y mujeres. Y en cambio se le entrega un bocado enorme de la tarta educativa”, explicaba el periodista en una entrevista con La Marea.

En la última década, la asignación tributaria anual que el Estado le otorga a través del IRPF ha aumentado en 50 millones de euros. En 2008 la Conferencia Episcopal recibió 253 millones de euros. Tras un pequeño descenso como consecuencia de la crisis económica, la asignación no ha parado de crecer hasta llegar a los 301 millones del año 2019.

En su Memoria Anual del ejercicio previo a la pandemia, la Conferencia Episcopal presume de que 8,5 millones de contribuyentes marcan la X a favor de la Iglesia, “800.000 más que los que lo hacían en 2006”, remarcan. Según Jesús Bastante, el aumento de la asignación tributaria atiende a dos factores. Por un lado, cree que una de las razones obedece al aumento patrimonial de los ricos en los últimos años y “muchos marcan la X de la Iglesia”. Asimismo, destaca la “eficaz estrategia de marketing” llevada a cabo por los obispos, que dan más relevancia en sus campañas a la acción social, caritativa o misionera.

En la web Xtantos, que pide a los contribuyentes que marquen la casilla de la Iglesia, se hace hincapié en que con este gesto “que no tiene coste alguno” es posible “ayudar cada año a más de cuatro millones de personas en España”. La realidad, sin embargo, es que la inmensa mayoría del dinero recibido a través de esta casilla se utiliza para pagar sueldos de sacerdotes, funcionamiento de la propia Conferencia Episcopal, retribuciones de obispos… En las últimas cuentas, la aportación extraordinaria a Cáritas diocesanas a través de la asignación tributaria fue de 6,5 millones de euros.

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