Obligados a investigar los abusos, los obispos se hacen las víctimas y minimizan la ‘plaga’

 No estarán en la comisión de Gabilondo sobre abusos y recelan de que se abran tantas investigaciones

El secretario general de los obispos, Luis Argüello, durante la rueda de prensa de este pasado viernes / KIKE PARA (EL PAÍS)

Religión Digital (José Manuel Vidal) / InfoLibre, 2 de mayo de 2022

Relajado, contento, sin su rictus habitual de preocupación, y locuaz como siempre. Así se presentó Luis Argüello en la rueda de prensa de clausura de la Plenaria episcopal. Seguramente, porque ya sabe que Roma le va a proponer para saltar (en un buen salto) de obispo auxiliar a arzobispo residencial de Valladolid (más pronto que tarde).

Con lo que se convertirá en uno de los prelados ‘ascendentes’ del próximo futuro de la Iglesia española y dejará atrás el ‘cáliz’ de la secretaría de la CEE y de su portavocía. Cargos a los que, a pesar de sus sinsabores, tiene mucho que agradecerles, porque le permitieron pasar de un desconocido auxiliar de provincias a convertirse en poco tiempo en el ‘mirlo blanco’ de la Iglesia española.

En la rueda de prensa el secretario general y portavoz de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, ha explicado que los obispos no formarán parte de la comisión de investigación sobre los abusos sexuales a menores acaecidos en el seno de la Iglesia católica que está conformando el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, y ha advertido de la revictimización que puede suponer que se estén abriendo tantas investigaciones sobre este tema.

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Era la primera reunión de todos los obispos después de ponerse en marcha la auditoría del despacho de abogados Cremades & Calvo-Sotelo para investigar el tema de los abusos y después de que se hablara de que pudieran formar parte de la comisión de expertos del Defensor.

Sin embargo, Argüello ha negado esta posibilidad y ha explicado que la Iglesia como institución no formará parte de dicha comisión por «dos asuntos». El primero, porque tampoco forman parte de la investigación del despacho Cremades & Calvo-Sotelo, al que, según ha precisado, solo se le ha realizado «una encomienda», pero no tendrá «presencia» de la Iglesia como institución en su trabajo.

El segundo motivo es porque su no participación es su forma de manifestar su postura frente al hecho de que estas investigaciones se produzcan solo sobre los casos de abusos sexuales a menores ocurridos en el seno de la Iglesia cuando, según ha explicado Argüello, la Fiscalía ha informado de que de los 15.000 que existen solo 69 pertenecen a víctimas que acusan a la institución.

Una decisión «sorprendente»

«Parece una decisión sorprendente que solo se investiguen en este ámbito», ha indicado el portavoz de la CEE, que, además, ha advertido de la posible «exageración» y «revictimización» de los denunciantes ante la apertura de tantas comisiones ya que, tal y como ha indicado, todas querrán «ponerse en contacto» o «escuchar» a las víctimas.

Argüello ha respondido así tras ser preguntado por la que también se ha abierto en Cataluña y que sí abarca todos los abusos sexuales a menores, aunque nombra también de forma específica los producidos en el seno de la Institución.

Durante su intervención en la rueda de prensa, Argüello ha hecho un llamamiento a las víctimas y a «aquellas personas conocedoras de casos de abusos» a acudir a las 70 oficinas establecidas en diócesis y congregaciones y que, «si por cualquier motivo no tienen confianza» en ellas, vayan a asociaciones existentes en este sentido.

En este sentido, ha señalado que el trabajo del despacho Cremades & Calvo-Sotelo es auditar el trabajo que estas oficinas llevan haciendo en esta materia y, por ello, sería oportuno que las víctimas pudieran informar en estas de sus casos para que los expertos puedan comprobar si hay constancia de esta situación.

Se «sobrevalora» el contenido de los archivos

Aún así, el portavoz de la CEE ha indicado que «se sobrevalora lo que se piensa que se puede encontrar en los archivos». Según ha indicado, ante las noticias de denuncias concretas, las oficinas de investigación ya han buscado en los archivos de la historia de la diócesis para ver si se hacían referencias al asunto y, según ha apuntado, «en la mayoría de los casos no había».

Preguntado por si España seguirá el camino de los obispos portugueses que, este jueves, anunciaron que abrirían sus archivos a la comisión independiente que allí también se está realizando sobre el tema, Argüello ha apuntado que, «siguiendo el mismo criterio» que los obispos portugueses, la CEE permitirá este acceso «teniendo en cuenta la legislación civil, la canónica y la protección de datos».

Los obispos están convencidos de que  la Iglesia es «un chivo expiatorio» para la izquierda del país.

La ley eclesiástica reza que los obispos nunca se pelean ni discrepan públicamente, aunque vuelen las dagas en privado. En un colectivo tan amplio y plural, lo más lógico es que haya diferencias, a veces muy profundas, entre ellos.

Y más, en estos momentos, en que el episcopado está casi partido en tres partes: dos grupos en los extremos (los pro Francisco y los anti Francisco) de unos 30 elemenos cada uno, y otro tercio en el centro entre ambos polos, que va y que viene, que quiere ser moderado a toda costa y que no acaba de decidirse a fondo por mirar con radicalidad y decisión a Roma, aunque de boquilla diga lo contrario y cite la “Iglesia en salida” de Begoglio.

Argüello lleva casi cuatro años intentando moderar esta jaula de grillos-hermanos, tratando de contentar a todos y, al mismo tiempo, demostrando sus dotes didácticas, de mando y de conocimiento de los engranajes mediáticos, que son los que determinan la influencia social de la Iglesia. Pero, a veces, va tan sobrado, que se pasa de frenada y mete sonoros patinazos.

En esa tarea siempre complicada se le notaron sus querencias conservadoras (especialmente en el espinoso tema de los abusos), de las que consiguió contagiar al propio presidente, cardenal Omella. Y si no, que se lo pregunten a su último discurso ante la Plenaria, en el que el arzobispo de Barcelona, declarado francisquista, giró hacia el sector conservador, haciéndonos recordar la época de Rouco.

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