Voces de ida y vuelta: Mimunt Hamido

Mimunt Hamido Yahia puso el broche final a los debates de las jornadas Voces de ida y vuelta, organizadas el 17 y 18 de marzo de 2022 en Granada por el Observatorio Wassyla Tamzali con apoyo y financiación de la Fundación Euroárabe, con la colaboración de MSur.

mimunt

Mimunt Hamido Yahia (Estambul, May 2021) | © Ilya U. Topper /MSur

MSur / vía Observatorio del Laicismo, 6 de abril de 2022

Con la participación de Mimunt Hamido se cerraban las jornadas de debate Voces de ida y vuelta (Mujer, Magreb, Islam), coordinadas por Zoubida Boughaba Maalem, presidenta del Observatorio Wassyla Tamzali y celebradas del 18 al 22 de marzo en Granada.

Mimunt Hamido hablaría, en esta última charla, sobre «Religión y Feminismo» y la presentación, y organización del debate, corrió a cargo de Hassan Laaguir.

Mimunt Hamido ((Melilla, 1961), activa en debates feministas en redes sociales, encuentros y debates, se dio a conocer con el gran público con su ensayo No nos taparán (Akal, 2021), en el que analiza la imposición de normas patriarcales por las corrientes fundamentalistas modernas del islam, especialmente a través del velo. El título del libro reproduce el del blog que fundó en 2017 como punto de encuentro para jóvenes de procedencia musulmana en España y como grito de rebelión contra el avance del integrismo que intenta limitar cada vez más las libertades de las mujeres.

Hassan Laaguir, director de Cooperación de la Fundación Euroárabe, presentó la charla que Hamido ofreció bajo el título ‘Religión y feminismo’. Inicialmente se había previsto una mesa de debate con la pensadora marroquí Asma Lamrabet, a menudo citada como exponente de llamado feminismo islámico. En un vívido diálogo, Laaguir confrontó a Hamido con el ideario defendido por Lamrabet y otras intelectuales que buscan reinterpretar las normas islámicas patriarcales y hacer una relectura del Corán para reducir la discriminación de la mujer. Hamido replicó que el trabajo del feminismo no es cambiar religiones sino cambiar leyes.

Vídeo de la charla (55 minutos)

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Fragmentos de la charla

«El islam y el cristianismo son la misma religión. Con distintas normas. Se parecen muchísimo. Tienen más o menos los mismos dogmas, con alguna diferencia. Y esas normas afectan mucho más a las mujeres que a los hombres.»

«Una pregunta que me hacen siempre: “¿No se puede ser creyente y feminista? Porque yo creo en Dios…” Pues evidentemente. Tú puedes creer en unicornios, si quieres. Hay gente que cree en unicornios o en hadas. Las creencias son algo propio de cada persona. Tú puedes creer en lo que quieras. Lo que no puedes hacer es seguir las normas de una religión que, da igual cómo la interpretes, lo que está diciendo es que las mujeres estamos subordinadas a los hombres.»

«Si en el feminismo occidental esa transición de las creencias religiosas a un estado de igualdad entre comillas se ha hecho de una forma a veces suave, a veces más brusca, estamos en el siglo XXI y a nosotras, al haber nacido en un contexto musulmán, o siendo musulmanas, se nos sigue exigiendo que interpretemos nuestro feminismo a través de un libro sagrado que evidentemente es misógino.»

«Ser feminista es muy doloroso. Porque tienes que romper con todo lo que has aprendido, todo lo que te han enseñado toda tu vida. Y eso duele. Porque te das cuenta que tú estabas muy equivocada y que habías normalizado cosas que no son normales».

«Tenemos que romper muchas veces incluso con la familia. Una vez que eres feminista no puedes consentir que estás por ejemplo en una celebración, en un bautizo por ejemplo, en Nador, en Melilla, en Alhucemas, y tengamos que servir a los hombres la comida antes.»

«Las mujeres no tenemos que intentar cambiar las religiones. Las religiones están ahí, coge lo que quieres de ellas. Las mujeres feministas lo que queremos, lo que hacemos es cambiar las leyes. Sobre todo las leyes que nos afectan a nosotras. Para eso no hace falta ir contextualizando el Corán, la Biblia o la Torá. Si las leyes del país no cambian, no avanzamos. Hay que cambiar las leyes, no las religiones.»

«La Biblia ha cambiado en algo? Nada, ni un punto, ni una coma. La paloma, la santísima Trinidad sigue ahí, la Virgen sigue siendo virgen, Jesucristo sigue siendo el hijo de Dios. Ahí no ha cambiado nada. ¿Por qué tenemos que cambiar nosotros el Corán?»

«La religión que yo conocí —que yo ya tengo una edad—, la religión que me enseñaron mis padres no se parece en nada a esto que estoy viendo. Mi madre jamás me dijo que yo me tenía que poner un hiyab. Porque no era nuestra costumbre.»

«Uno de los dogmas es la virginidad. Si tú no tienes libertad sexual, institucionalmente ya, ¿qué tipo de liberación hay? Es un tema muy tabú del que no se habla nunca, y del que debería hablarse, porque esto crea una sociedad enferma.»

«Hay mucha gente que habla mal de mí, pensando que estoy todo el día atacando el islam y a las mujeres que llevan velo, etcétera, y no se dan cuenta de que mi discurso beneficia a los creyentes. Porque a mí me da mucha pena que el islam de mis padres se haya convertido en esto. Esto es: en Melilla, niñas de siete años veladas por la calle. A mí me da mucha pena. Me dan ganas de llorar.»

«El feminismo islámico es un caramelo envenenado que nos ha regalado el islamismo, esa ideología religiosa»

«El feminismo islámico es ponernos más trabas, porque están poniendo parches para no molestar. ¿No molestar a quién? Al patriarcado. Es un regalo envenenado que nos han dado: conformaros con esto. Porque hemos ido tirando tanto de la cuerda, os estamos sometiendo tanto, que las mujeres van a decir: a tomar por saco, ya no aguantamos más. Va a venir una ola de ateísmo mujeril tremendo. Pues vamos a darles el feminismo islámico, que es algo que no molesta mucho.»

«Nos están vendiendo identidades, y el problema es que nos están vendiendo identidades religiosas. Y me parece bastante peligroso porque eso ya se hizo en el nacionalcatolicismo en España.»

«¿Me dicen mora? Pues voy a ser más mora todavía. Ahora me pongo el hiyab… Yo lo entiendo. Pero hay que ir a la raíz. Porque el hiyab te condiciona la vida. Es el problema: no es un trocito de tela que te pones en la cabeza y luego te vas con tus amigas a la playa. No te vas con tus amigas a la playa.»

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