La Iglesia ha perdido 2.387 curas y 2.160 monjas en España entre 2012 y 2019

marzo 21, 2022

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Congreso Eucarístico: ceremonia de ordenación , 1952 / AFB. Pérez de Rozas

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La Vanguardia, 21 de marzo de 2022

La Iglesia católica ha perdido en España 2.387 sacerdotes, el 12,3 % del total que tenía en 2012, y 2.160 monjas de clausura, el 19,8 % de ellas, mientras que han aumentado el número de parroquias y se han reducido los monasterios en más de un centenar.

Según datos recopilados por Efe de la Conferencia Episcopal Española (CEE), el número de sacerdotes en España en 2019 era 16.960, que tenían que atender a 22.993 parroquias, cuando en 2012 eran 19.347 curas para 22.795 parroquias.

También se han reducido considerablemente en estos últimos ocho años el número de catequistas, que han pasado de 109.334 en 2012 a los 96.470 que había en 2019, es decir, 12.864 menos, un descenso del 11,7 %.

En 2012 había en España 860 monasterios católicos, que se han ido reduciendo hasta los 751 actuales, 109 menos, una pérdida del 12,6 %, casi siempre por la jubilación y el fallecimiento de los religiosos de estos centros espirituales.

El número de monjas de clausura ha pasado de las 10.889 de 2012 a las 8.739 actuales, un descenso del 19,8 %, que es el más acusado en todo el ámbito de la religión católica.

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Los autos de fe de la Inquisición: un espectáculo de masas con dimensión teatral

marzo 21, 2022

«Los autos de fe, manifestaciones públicas y solemnes de adhesión al catolicismo a la vez que un rechazo público a la herejía, era una forma de garantizar el orden público y de inspirar el miedo en el pueblo que se convirtió en una ceremonia religiosa como otras muchas que, además, servía para dar relieve y solemnidad a los acontecimientos importantes» (El auto de fe de 1560 en adelante)

Escenas de Inquisición, Francisco de Goya, 1819

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Fuente: Miguel Jiménez Monteserín, Cadena SER (Hoy por hoy Cuenca. El Archivo de la Historia), 21 de marzo de 2022

Entre las pruebas que avalan el éxito histórico alcanzado en su cometido por el tribunal del Santo Oficio de España se halla con toda seguridad la de su definitiva identificación universal con la ceremonia empleada para hacer públicas sus sentencias. Confirma la eficacia de tales métodos publicitarios que la impronta de su huella social haya quedado grabada de modo indeleble en la cultura vulgar, hasta el punto de que mucho más que el tan denostado secreto procesal y a un paso del supuesto monopolio de la Inquisición en el empleo del tormento como procedimiento judicial para la verificación de confesiones y testimonios, el auto de fe, con harta frecuencia confundido con la posterior ejecución en la hoguera de las penas capitales impuestas a los delincuentes relapsos o reincidentes aparecidos en él, se ha convertido para muchos extranjeros, y en bastantes casos también para ciertos hispanos poco versados en las cosas de nuestro pasado, en confuso sinónimo de actuación inquisitorial:

Ernst Shäfer, uno de los primeros historiadores extranjeros que estudió el Santo Oficio hispano a partir de documentos de archivo, vio necesario aclarar a principios del siglo XX que, “Es uno de los errores más corrientes el que la ejecución de los herejes que debían ser quemados tenía lugar en la misma plaza y durante la celebración del auto de fe en presencia de las muchedumbres reunidas. En realidad, sucedía ésta después de terminado el auto de fe, en un lugar destinado para esto fuera de las puertas de la ciudad, en el llamado Quemadero.”

Un espectáculo de masas

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