Debate arqueológico y polémica titularidad de la Mezquita: que no nos la cuelen

Si algún día se aclara sin lugar a dudas la existencia del complejo episcopal (lo que es posible) o incluso de la legendaria Basílica de San Vicente (lo que parece inverosímil a estas alturas), el debate acerca de la titularidad no sería diferente. La Mezquita-Catedral de Córdoba pertenece a la ciudadanía, no al obispo o a la iglesia.

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Visita a las excavaciones en el Patio de los Naranjos de la Consejera de Cultura acompañada por el deán-presidente del Cabildo Catedral, el alcalde de Córdoba y otras autoridades. / Fuente foto

José Cristóbal Carvajal, InfoLibre, 24 de abril de 2021

Las excavaciones que se han estado realizando durante los últimos meses en el Patio de los Naranjos en la Mezquita-Catedral de Córdoba han causado cierto revuelo mediático. No es de extrañar, puesto que es un tema muy sensible para la ciudadanía. El monumento es parte de la identidad de Córdoba y está envuelto en una triste polémica acerca de su titularidad desde hace algo más de una década. Es normal esperar que la arqueología ayude a resolver las dudas en torno a la misma, pero no se pueden forzar los resultados. Al fin y al cabo, la arqueología es solo uno de los factores que componen el significado patrimonial de cualquier monumento.

Conviene repasar brevemente la historia de lo que sabemos del edificio. La primera planta, la de la Mezquita Fundacional, abarca casi todo el patio y la parte noroccidental del oratorio. Fue construida bajo las órdenes del primer emir independiente de al-Andalus, ‘Abd al-Raḥmān I, a partir del año 785, unos setenta años después de la conquista musulmana de la ciudad. Símbolo de la dinastía omeya peninsular, el edificio y su patio se ampliaron en una serie de intervenciones posteriores, hasta el siglo X, y llegaría a tener una planta casi cuatro veces más amplia que la originaria. Cuando Córdoba fue conquistada por Fernando III de Castilla en 1236, el monumento pasó al control de la Corona. Bajo dominio castellano, la Mezquita se convirtió en Catedral y fue objeto de algunas reformas intrusivas, pero su identidad como antiguo oratorio musulmán permaneció siempre clara. Fue declarada Monumento Nacional en 1882 y Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO en 1984. Hasta ahí todo bien.

Lo que causa el revuelo no es tanto lo que hay a la vista como lo que está enterrado bajo el edificio. Una larga tradición historiográfica, que se basa en los trabajos de autores árabes, ha mantenido durante siglos que la Mezquita se construyó sobre una antigua iglesia, que se identificó con San Vicente. Sin embargo, cuando el arqueólogo Félix Hernández excavó una parte de la planta de la Mezquita Fundacional en los años 30 del siglo XX, no se encontró ninguna iglesia. Los restos localizados se identificaron como correspondientes a un edificio de cierta monumentalidad, pero en ningún caso se pudo establecer una conexión con la legendaria Basílica de San Vicente. A pesar de ello, la tradición historiográfica pesaba mucho. El solar de la Mezquita se siguió asociando a un terreno expropiado a un edificio de culto cristiano, apoyándose en los textos árabes.

Hay que tener en cuenta que los autores árabes que se referencian escribían siglos después de la erección de la Mezquita. Ninguno vio jamás la iglesia. Es muy posible que la identificación del solar de la Mezquita con el de una iglesia anterior sea un cliché importado por los mismos autores andalusíes de sus maestros y colegas orientales. En la franja sirio-palestina, en ciudades como Damasco o Alepo, los historiadores documentaron la fundación de mezquitas aljamas omeyas sobre antiguas catedrales. Esto no resta importancia al trabajo de los andalusíes, puesto que el uso de clichés es una práctica de todas las épocas para explicar fenómenos del pasado con analogías bien establecidas. El estereotipo, sin embargo, no implicaba una interpretación uniforme. Como ha demostrado el arqueólogo Fernando Arce, los autores andalusíes describieron el edificio religioso desaparecido y su relación con la Mezquita de distintas maneras, incluso contradictorias.

Las excavaciones que se están realizando ahora en la Mezquita no parecen haber cambiado sustancialmente este panorama, a juzgar por lo que se ha hecho público de ellas. Se han limitado, hasta la fecha, a documentar los mismos restos que fueron hallados por Félix Hernández. No significa esto que sean una pérdida de tiempo, ya que la reexcavación permitirá refinar nuestro conocimiento de los procesos de construcción, uso, abandono y reuso de las fases arqueológicas anteriores a la construcción de la Mezquita. Los arqueólogos directores de la intervención, Alberto León y Raimundo Ortiz, son de probada competencia, y no hay por qué dudar de que su informe será muy esclarecedor. Sin embargo, parece claro que lo que se está excavando no es una iglesia.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿por qué sigue habiendo un debate arqueológico? A pesar de que la Basílica de San Vicente no se haya encontrado, la idea de la continuidad de uso religioso del solar de la Mezquita antes y después de la conquista islámica es atractiva para muchos historiadores y arqueólogos. La hipótesis que manejan León y Ortiz es la de que bajo la Mezquita se encuentran los restos de un complejo episcopal. Esta teoría no es una novedad, ya que fue propuesta hace más de una década. Por lo que sabemos, la teoría no se ha visto reforzada por lo que se ha encontrado en las excavaciones, sino que se está usando como hipótesis explicativa de los restos documentados. No hay nada de problemático en ello. La arqueología es un rompecabezas, y la investigación consiste en intentar varias combinaciones de las piezas hasta que encontremos la que mejor explique los datos que tenemos. Pero hay que tener en cuenta que a día de hoy la del complejo episcopal sigue siendo una hipótesis que no todos los investigadores avalan.

El complejo episcopal sería un sistema de edificios propiedad del obispo de Córdoba, construido entre los siglos V y VI, y que necesariamente incluiría una iglesia (que no se ha encontrado hasta ahora). Siempre de acuerdo con declaraciones hechas por León y Ortiz, el complejo continuó ocupado hasta la conquista musulmana de la ciudad en el 711. Entonces fue (posiblemente) reutilizado y/o expropiado, hasta el inicio de las obras de construcción de la Mezquita. Hay varias partes de esta hipótesis, y no todas son aceptadas por la comunidad arqueológica en igual medida. Muchos investigadores aceptan como válida la identificación del complejo episcopal, aunque discrepan de cuestiones como las fechas de construcción y abandono, la historia del edificio documentado o las partes identificadas.

La hipótesis del complejo obispal en Córdoba se relaciona con un modelo más general de entender el urbanismo y la posición social de la jerarquía eclesiástica en la Hispania tardoantigua (entre los siglos V y VII). Los historiadores y arqueólogos que opinan que los obispos tenían suficiente poder y medios económicos en el siglo V tienden a pensar que los complejos episcopales se levantaban en los centros urbanos de las antiguas ciudades romanas. En la Córdoba tardoantigua, el centro urbano se había desplazado desde el antiguo foro romano (alrededor de las actuales calles Cruz Conde y Góngora) hacia el margen del río Guadalquivir, donde hoy están la Mezquita y el Alcázar. Si se da crédito a la tradición historiográfica de un uso religioso de la zona, no es extraño pensar que en esta zona podría haber un complejo episcopal.

Pero no es la única opinión válida. Existe también la idea de que se tiende a exagerar el poder de los obispos del siglo V, y que el modelo de complejos episcopales no está suficientemente demostrado. Hay que recordar que la posición de poder del cristianismo en el Imperio romano del siglo V era relativamente nueva. La Iglesia no dejó de estar perseguida hasta el 313 y no se convirtió en la religión oficial del estado romano hasta el 380. La Iglesia del siglo V estaba aún muy lejos de acumular todo el poder que llegó a demostrar siglos más tarde. Por lo tanto, no es descabellado dudar de la capacidad del obispo de Córdoba para influir tan determinantemente en el urbanismo tardoantiguo de la ciudad.

A las dudas razonables sobre la información transmitida por los autores árabes y sobre el modelo urbanístico favorable a los obispos tardoantiguos hay que sumar la falta de clara evidencia arqueológica. El arqueólogo Fernando Arce es contundente. Si bien se pueden usar modelos para interpretar los restos hallados en la Mezquita como un complejo episcopal, hay que decir muy claramente que hasta ahora no hay ningún hallazgo que apunte inequívocamente en esta dirección. Los elementos materiales que han sido identificados hasta ahora en la presente intervención y en las anteriores de la Mezquita pueden perfectamente pertenecer a edificios seculares, sin ninguna relación con iglesias u obispos. Hay que esperar a poder analizar las evidencias que presentará el informe de León y Ortiz. Mientras tanto, hay que tener presente que la interpretación de los restos como parte de un complejo episcopal depende de un modelo teórico, y no al revés.

Hasta aquí el debate arqueológico, que es apasionante. Pero es también secundario a otras consideraciones. La controversia acerca de la titularidad de la Mezquita-Catedral de Córdoba está provocando un doloroso conflicto en el seno de la ciudadanía cordobesa y española, y es natural que se busque claridad en la investigación arqueológica. Sin embargo, los debates en la arqueología se desarrollan a un ritmo a menudo demasiado lento para satisfacer la demanda social. Pero más importante aún es que el conocimiento arqueológico es solo uno de los elementos que definen el significado de un monumento, y muy raramente puede usarse para aclarar cuestiones de propiedad o de uso del patrimonio. En el caso que nos ocupa, los restos arqueológicos bajo la Mezquita-Catedral tienen poca importancia para dirimir la disputa en la que está envuelta el monumento.

Es necesario recordar el origen de la polémica. El Cabildo de la Catedral inmatriculó la propiedad de la Mezquita como bien de la Iglesia Católica en 2006, en una discutida maniobra legal. Esta acción provocó el rechazo rotundo y la respuesta indignada de plataformas ciudadanas, cristianos de base, figuras de la cultura y las artes y especialistas internacionales. La justificación que el Cabildo proporcionaba era que el rey Fernando III había realizado una donación de la Mezquita a la Iglesia para la fundación de la Catedral. Sin embargo, un informe experto de 2018 desbarató ese argumento, demostrando que no existían pruebas de dicha donación (el informe puede leerse completo aquí). Muy al contrario, había evidencias claras de que la Mezquita-Catedral era patrimonio del Estado y del Ayuntamiento de Córdoba a lo largo de los siglos. A pesar de ello, las autoridades no han tomado ninguna determinación y la Mezquita-Catedral continua legalmente bajo el control del Cabildo.

Hay que tener en cuenta que lo que está en juego no es simplemente el título de propiedad de la finca. El control del monumento es una afirmación de poder y puede ser muy rentable solo con las tarifas de entrada a los visitantes. No solo eso, la propiedad proporciona una posición privilegiada para contar la historia de la mezquita y de su solar. La Iglesia ha demostrado mala fe en su uso de este privilegio en la última década, llegando incluso a intentar borrar la denominación de “mezquita” del nombre oficial del monumento y promoviendo el mito –contra toda evidencia arqueológica– de que la Mezquita se construyó sobre la Basílica de San Vicente. ¿Por qué? Después del varapalo recibido por el informe experto de 2018, la Iglesia trata de reconstruir el caso de la inmatriculación a su favor. En este episodio del drama el Cabildo está instrumentalizando la arqueología con este propósito. Inundar los medios con el descubrimiento del complejo episcopal les permite volver a hablar de la Iglesia de San Vicente, aunque el complejo episcopal sea una hipótesis y aunque no haya ni una sola evidencia de la iglesia. Se trata de una campaña de desinformación para convencer a la ciudadanía de que el edificio y la finca en la que está fueron siempre propiedad de la Iglesia.

La ciudadanía no puede perder el norte en este importante debate. La arqueología siempre será útil para ofrecer iluminación acerca del pasado, y por lo tanto del presente. Sin embargo, lo que fue no tiene que determinar lo que es o lo que será. Si algún día se aclara sin lugar a dudas la existencia del complejo episcopal (lo que es posible) o incluso de la legendaria Basílica de San Vicente (lo que parece inverosímil a estas alturas), el debate acerca de la titularidad no sería diferente. La Mezquita-Catedral de Córdoba pertenece a la ciudadanía, no al obispo o a la iglesia.

José Cristóbal Carvajal López es Profesor de Arqueología Histórica en la Universidad de Leicester (Reino Unido)

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