¿Cuánto nos cuesta el silencio de la iglesia católica?

Eugenio Piñero, El Diario, 13 de marzo de 2021

Durante casi 70 años, la Iglesia Católica ha gozado de un privilegio que ningún otro particular, ni asociación, ni organización privada ha tenido. Ese privilegio ha consistido en apropiarse de bienes inmuebles con solo decir: “Esto es mío y me lo pongo a mi nombre”. Este ha sido, en esencia, el lema de las inmatriculaciones (así se llama técnicamente al hecho de registrar por primera vez una propiedad en el Registro de la propiedad privada) que ha realizado la IC. De este singular modo ha registrado a su nombre solares, jardines, ermitas, fincas rústicas, calles, garajes, pisos, murallas, catedrales y otros muchos monumentos públicos (algunos de ellos patrimonio de la humanidad, no solo de los españoles)

La IC ha aumentado su patrimonio a costa del de los españoles al menos desde 1946, cuando Franco les permitió iniciar el fraude de las inmatriculaciones de edificios no religiosos. En 1998 Aznar les amplió el privilegio a los edificios de uso religioso. El escándalo de las inmatriculaciones alcanzó tal magnitud que en 2015 M.Rajoy se vio obligado a acabar con este desmán, eso sí dándole a la IC tiempo de sobra para apuntarse unos cientos más de inmatriculaciones. Y llegamos al 2021. El gobierno de coalición ha publicado los 34961 inmuebles inmatriculados por la IC desde 1998. Y en lugar de anular esas inscripciones (como prometieron que harían ambos partidos de la coalición si llegaban al poder) y obligar a la IC a presentar documentos acreditativos de lo que dice que es suyo, deja en manos de particulares e instituciones las acciones legales para recuperar el patrimonio público. Resulta paradójico que el Estado que ha peleado con uñas y dientes por recuperar para la ciudadanía el pazo de Meirás, sea el mismo que ahora se desentiende de las miles de propiedades de las que se ha apropiado la IC por el burdo método del “es mío porque yo lo digo”. ¿Un pazo sí merecía la pena pelearlo pero decenas de miles de monumentos históricos no? ¿Desidia? No lo creo.

Eugenio Piñero es profesor de Filosofía y vicecoordinador de Valencia Laica

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