Los honores concedidos a Queipo por la Iglesia siguen manchando Sevilla pese a la exhumación

Las parroquias de San Gonzalo y Santa Genoveva toman sus nombres de Gonzalo Queipo de Llano y su esposa, Genoveva Martí: estos templos dan además sus denominaciones populares a sendas hermandades

Una alfombra cubre las zonas donde estaban las sepulturas de Queipo de Llano y su esposa en la basílica de La Macarena /  Europa Press

Ángel Munárriz, InfoLibre, 5 de noviembre de 2022

En Sevilla es posible pasear por la barriada de San Gonzalo y rezar en la parroquia de San Gonzalo, que deben su nombre a Gonzalo Queipo de Llano. Al mismo tiempo, es probable que la mayoría de paseantes e incluso de orantes ignoren este dato. También hay una parroquia de Santa Genoveva, así llamada por la esposa de Queipo, Genoveva Martí. De hecho, los nombres de estas parroquias están en el origen de los nombre populares de las hermandades de San Gonzalo y Santa Genoveva. Hay una Fundación Queipo de Llano de ayuda a la «infancia desvalida» con sede en el barrio de Los Remedios.

No, la exhumación de los restos de Queipo de la basílica de La Macarena, donde reposaban con honores desde 1951, no ha borrado su huella de Sevilla. La más profunda reside en el daño infligido por el principal responsable militar de la represión en el sur de España. Pero hay otra huella, la que imprimen su nombre y el de su esposa, repartida por varios puntos de la ciudad, dejando constancia de que aún hay un tributo vigente al general golpista.

El quid de la cuestión es que ese homenaje aparece difuminado tras el santoral y la tradición.

El «subterfugio» del cardenal Segura

La parroquia de San Gonzalo, en Triana, lleva ese nombre por Queipo, como reconoce la propia Archidiócesis de Sevilla. A la colocación de su primera piedra en 1938 –en plena guerra– asistieron el cardenal Pedro Segura y «el general Gonzalo Queipo de Llano, a quien debe esta iglesia su nombre, al que acompañaba su esposa, Genoveva Martí, la cual se ofreció entonces a donar la imagen del santo titular», explica la diócesis. El templo abrió en 1942. Lleva 80 años con ese nombre. A su vez, esta parroquia extiende su nombre a una barriada, San Gonzalo, y hace que se conozca popularmente como San Gonzalo a la hermandad que tiene su sede en la misma.

Otra parroquia, Santa Genoveva, en el barrio del Tiro de Línea, bendecida por el mismo cardenal Segura en 1944, se llama así por la esposa del general golpista, según la propia hermandad que tiene allí su sede. Hermandad, claro, que también es conocida como Santa Genoveva.

El historiador César Rina explica cómo Queipo utilizó la religiosidad popular para ganar simpatías en la sociedad sevillana en dos obras, El mito de la tierra de María Santísima (2021) y El franquismo se fue de fiesta (2022). «El cardenal Segura puso el nombre de Queipo y el de su esposa a dos parroquias de nueva creación: San Gonzalo y Santa Genoveva, y su hija fue madrina de la Virgen de las Angustias de los Gitanos», escribe Rina. Arzobispo de Sevilla de 1937 a 1957, Segura había ganado credenciales durante la Segunda República como uno de los jerarcas católicos más beligerantes contra el régimen democrático, al que consideraba «enemigo» de la Iglesia. Su relación con Queipo fue estrecha. Es más, recalca Rina, los «regalos simbólicos» al «egocéntrico» Queipo tenían algo de muestra de rivalidad con Franco, con el que ni el cardenal ni el general jefe de los ejércitos del sur tenían buena relación.

Rina, en conversación con infoLibre, explica que Segura se valió de un «subterfugio» para el enaltecimiento a Queipo y su esposa. ¿Cuál? Al ponerle a las parroquias los nombres de San Gonzalo y Santa Genoveva, el homenaje quedaba mediado por dos santos. El hecho de que los nombres se deben a Queipo y Martí no impide que, al mismo tiempo, también supongan una ligazón con los dos santos. Una ligazón religiosa difícil de romper. «Los titulares no son Queipo, ni Genoveva, sino los santos», subraya Rina. El que la barriada donde está la parroquia de San Gonzalo sea conocida como San Gonzalo se corresponde con una práctica común en Sevilla, que comparte con otras muchas barriadas y/o plazas.

El «subterfugio» del que habla Rina despliega efectos hasta hoy. ¿Un ejemplo? Un portavoz del Ayuntamiento de Sevilla señala que aunque en el origen del nombre de la barriada de San Gonzalo está Queipo, el nombre en sí es el de un santo, por lo que no le afectan la normas sobre retirada de calles por exaltación franquista de las leyes de memoria ni andaluza ni española. Ha habido algún intento. La Coordinadora Andaluza de Organizaciones Republicanas incluyó en 2020 la barriada de San Gonzalo en un listado de 54 elementos «contrarios» a la memoria democrática en Sevilla que le entregó al entonces alcalde, Juan Espadas (PSOE), para su retirada. La iniciativa no llegó a nada.

Parroquias y hermandades

Las hermandades con sedes canónicas en las Parroquias de San Gonzalo y Santa Genoveva son conocidas como hermandad de San Gonzalo y Santa Genoveva, respectivamente. No es raro encontrar quien afirma que las hermandades se llaman así por el general golpista y su esposa. Obviamente, no es una afirmación que pueda ser tachada enteramente como falsa. No obstante, el catedrático de Antropología Isidoro Moreno, exhaustivo conocedor de la historia de la religiosidad popular en la ciudad, considera que esta atribución directa responde a un planteamiento erróneo. «Como ocurre con todas las hermandades en Sevilla, son conocidas por el nombre de sus parroquias», señala. Moreno es un referente intelectual del andalucismo de izquierdas que consideraba «un insulto» la presencia de Queipo en La Macarena. Es decir, no es sospechoso de avalar las posiciones más conservadoras del mundo cofrade. Aun así, insiste en este punto: la presunción de que las hermandades de San Gonzalo o Santa Genoveva mantienen una sintonía o una devoción a Queipo y Martí, o incluso de que se llaman así por Queipo y Martí, es una distorsión que «da argumentos» a quienes desde la derecha acusan a la izquierda de una crítica desmesurada a la Semana Santa.

Los nombres oficiales de las cofradías no son San Gonzalo y Santa Genoveva. Son mucho –muchísimo– más largos. En el caso de San Gonzalo, el nombre es Pontificia y Real Hermandad del Santísimo Sacramento y Cofradía de Nazarenos de Nuestro Padre Jesús en Su Soberano Poder ante Caifás, Nuestra Señora de la Salud y San Juan Evangelista. Es decir, ni siquiera lleva «Gonzalo» en su nombre oficial, aunque se identifica a sí misma como San Gonzalo. En su web, que no menciona a Queipo, la hermandad recalca que la parroquia da nombre «popularmente» la hermandad. Es decir, no oficialmente. Es su forma de marcar distancias con el militar golpista.

En cuanto a Santa Genoveva, el nombre completo es Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Sacramento, Nuestro Padre Jesús Cautivo en el Abandono de sus Discípulos, y Nuestra Señora de las Mercedes Coronada y San Juan Evangelista en la Tercera Palabra, Inmaculada Milagrosa y Santa Genoveva. Es decir, aquí sí lleva el nombre de la esposa del general, de la que además habla en su web. La parroquia «toma su nombre de la esposa del general Queipo de Llano», recoge la hermandad.

Rina, al igual que Moreno, se muestra consciente de que hay una amplia gama de grises, es decir, de que no cabe asignar a las hermandades de San Gonzalo y Santa Genoveva o a la mayoría de sus miembros un alineamiento con una posición política por tener esos nombres. No obstante, señala: «Creo que hay que hacer un ejercicio de autocrítica con el uso de esos nombres, porque está claro cuál es su origen». La posición de Rina es fácil de encontrar en el movimiento memorialista sevillano. Paqui Maqueda, de Nuestra Memoria, cree que el mantenimiento de esos nombres para las parroquias, las hermandades y la barriada habla «muy mal» de quien permite que se mantengan.

Ni la hermandad de San Gonzalo ni la de Santa Genoveva respondieron a las solicitud de entrevistas realizadas por escrito por infoLibre para este artículo. Este periódico también se dirigió a la Archidiócesis de Sevilla, sin contestación.

Los privilegios en La Macarena

Lo cierto es que en Sevilla no existe un reivindicación poderosa de cambio de nombre de estas hermandades ni parroquias. Sí la ha habido contra los honores de Queipo en el Ayuntamiento y La Macarena. Como resultado de esta presión el pleno aprobó por unanimidad (PSOE, IU, PP) la retirada en 2008 a Queipo de su título de «hijo adoptivo» (1937) y de la «medalla de oro» de la ciudad (1943). El foco se dirigió entonces a la hermandad de La Macarena, cuya relación con Queipo fue especialmente estrecha. Lo cual, por supuesto, no es casual.

Lo explica Rina en su obra: «El jefe de los ejércitos del sur se acercó a las imágenes de mayor devoción para legitimar su protagonismo providencial […]. El 18 de julio de 1937, la Hermandad de la Esperanza de Triana le entregó el pañuelo de la Dolorosa y en 1944 La Macarena planteó una salida extraordinaria para conmemorar que por fin recibiera la tan ansiada y solicitada medalla Laureada de San Fernando». Queipo fue nombrado «hermano mayor honorario» de La Macarena, lo cual contribuyó a otorgarle popularidad en la ciudad. «La asimilación de Queipo de Llano con la Macarena facilitó un culto providencial hacia su persona que llegó a competir con el mismísimo Franco en los imaginarios locales», añade Rina. ¿Por qué era tan importante La Macarena para el «virrey de Andalucía»? Porque La Macarena, explica el historiador, era «el gran icono identitario de la ciudad, transversal a diferentes grupos sociales, aunque especialmente vinculada a sectores humildes». «Apropiarse de la dimensión simbólica de la hermandad le granjeó gran prestigio, no tanto como líder de la sublevación, sino como restaurador de la tradición local y protector de sus creencias y sus tradiciones más significativas», escribe.

Cuando falleció en 1951 fue «amortajado de verde terciopelo macareno» y enterrado en la basílica que presumía de haber ayudado a sufragar. Allí permaneció durante décadas, sin que nadie o casi nadie hablara del tema, ni desde luego ocupara portadas de los periódicos. La Ley de Memoria Histórica de 2007 agitó el avispero. En 2009, una vez retirada la «medalla de oro» y el título de «hijo adoptivo», La Macarena quitó de la lápida la alusión a Queipo como «teniente general» y la fecha «18 de julio de 1936», por su obvia exaltación del franquismo. El texto sobre el mármol quedó así: «Aquí reposa en la paz del señor D. Gonzalo Queipo de Llano y Sierra. Hermano Mayor Honorario. 5 febrero 1875–9 marzo 1951». Ya no estaba allí enterrado junto a Genoveva Martí como militar, sino como «hermano mayor honorario». Pero el movimiento memorialista no se conformó. En 2013 una original protesta, que incluyó un taconeo sobre la imitación de una lápida con el nombre de Queipo a las puertas de la basílica, llamó la atención sobre la presencia de Queipo en el interior del templo.

Este es el vídeo que publicó Eldiario.es:

_____________

Al estar en un espacio privado, la ley de 2007 no daba cobertura a la exhumación. La ley andaluza de 2017 en teoría sí, pero no ha tenido el necesario desarrollo. La norma estatal de 2022, publicada el 20 de octubre, no dejaba ya margen a La Macarena, menos aún cuando el Gobierno se dirigió por carta al hermano mayor apremiándolo a la exhumación, que tuvo lugar en la madrugada del miércoles al jueves. Ahora bien, no hay constancia de que la salida de los restos haya hecho perder a Queipo el título de «hermano mayor honorario». infoLibre trasladó a La Macarena esa pregunta concreta, que es posible responder con un «sí» o un «no», pero la respuesta fue evasiva: «En el comunicado decimos exactamente qué se ha hecho. Más allá de eso, no haya nada más». La respuesta apunta a que el criminal de guerra Queipo de Llano sigue siendo «hermano mayor honorario» de la hermandad, pero La Macarena se resiste a explicitarlo. En el comunicado tras la exhumación de Queipo, la hermandad ya expresaba su deseo de «desaparecer del foco mediático por este asunto ya resuelto». La Macarena sigue identificando a Queipo en su propia página web como «padrino» en la ceremonia de bendición de la basílica, en 1949, que ofició también el cardenal Segura. Hablamos de Queipo de Llano, a quien el Gobierno hace responsable de un «genocidio» que dejó 45.000 muertos.

Un nieto preside la Fundación Gonzalo Queipo de Llano, dedicada a «proteger a la infancia desvalida», mientras una plataforma prepara una acción judicial para convertir en público un cortijo de la familia

Un cortijo y una fundación

Hay otro asunto, con implicaciones contantes y sonantes, que no está «resuelto», por emplear el término de La Macarena. O al menos el movimiento memorialista trabaja para resolverlo de otra manera. La Plataforma Gambogaz, nacida en 2018, persigue la integración en el patrimonio público de un cortijo de cerca de 500 hectáreas en Camas (Sevilla) del que Queipo se adueñó en 1937, en plena guerra civil, y que actualmente pertenece al menos parcialmente a sus descendientes. Bonifacio Cañibano, responsable de la investigación que pretende llevar el caso a la vía judicial y demostrar la supuesta apropiación irregular de los terrenos, afirma que, a diferencia de lo ocurrido en Galicia con el Pazo de Meirás, «ninguna administración, ninguna, está tomando parte activa» para aclarar el caso Gambogaz.

«Partíamos de una leyenda inicial, que decía que Sevilla había regalado a Queipo el cortijo mediante una colecta popular. Es falso», afirma Cañibano, que señala que la colecta fue en realidad una operación para camuflar el «origen de la fortuna de Queipo» y que este se hizo con el cortijo mediante «malas artes» y abuso de su posición de poder.

infoLibre trató sin éxito de recabar la versión de la familia Queipo a través de la Fundación Pro Infancia Gonzalo Queipo de Llano, entidad constituida en 1937, con sede en el barrio de Los Remedios, que permanece viva aunque sin actividad aparente. Sus fines son «amparar y proteger a la infancia desvalida», según la información registrada en el Ministerio de Justicia. Como presidente figura Gonzalo García Queipo de Llano, nieto del militar

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: