“Necesitamos que haya voluntad política para revisar los acuerdos del Concordato”

Entrevista a Fernando Lobato, coordinador en Cantabria de Europa Laica

Fernando Lobato

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Fuente: El Diario / Vía Observatorio del laicismo, 14 de marzo de 2022

Fernando Lobato (Sestao, 1967) es el responsable en Cantabria de Europa Laica, una organización que aboga por una sociedad laicista en donde se establezca una clara separación entre lo público y lo privado, en todos los ámbitos, desde las creencias hasta en lo económico. Es docente de Unate-La Universidad Permanente en Laredo y miembro de la asociación para la transformación del medio rural Asonautas. Viene del mundo de las humanidades (es licenciado en Historia Antigua, máster en Patrimonio), pero siempre ha trabajado en el ámbito de la tecnología.

Sus inicios en Europa Laica datan de hace siete años y es apóstata desde 1998. Aunque hace hincapié en que una cosa no tiene que conducir necesariamente a la otra, en su caso sí que condujo. No es que fuera anticlerical pero tampoco quiso seguir formando parte de la Iglesia. Ahora pretende entrevistarse con los partidos políticos para explicar el objetivo de una organización que no recibe ningún tipo de ayuda y se financia exclusivamente con los 50 euros anuales que aportan los socios inscritos en su página web.

A propósito de una charla que impartió hace unos días en Santander el presidente de Europa Laica, Juanjo Picó, anunciaron la creación del grupo autonómico, del que es coordinador.

Europa Laica lleva 20 años, es de carácter estatal y no recibe ninguna ayuda de instituciones públicas o privadas. En el ámbito estatal agrupa a cerca de 1.500 socios. Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid son las que cuantitativamente más destacan. En Cantabria por primera vez, y ese es el reto, nos ponemos las pilas para crear una delegación.

Si tuviera que explicarle a cualquier persona de qué va esto, ¿qué le diría?

Es muy sencillo y es muy complicado al mismo tiempo. Europa Laica quiere incidir en la vida de las personas y de la política, evidentemente, para intentar dejar claro uno de los derechos humanos, que es la libertad de conciencia. Que cada uno opine lo que le dé la gana argumentando como quiera o piense es uno de nuestros principios, pero para eso ‘lo público’ tiene que asegurar ese concurso y se tiene que asegurar de que la balanza no esté inclinada o no haya preferencias hacia algunas ideas, y no solo estoy hablando de religión. En el caso español, la balanza está muy inclinada del lado católico y en ámbitos tan públicos como es el de la educación tenemos un problema, pero también lo tenemos con los impuestos, con las relaciones institucionales… Parece que es normal que una de las partes sea la norma cuando ninguna debiera tener incidencia en lo público.

¿Y si esa persona fuera un joven, qué le diría?

Le diría que la laicidad le necesita para su propio futuro, no el de la laicidad sino el de los propios jóvenes. Las generaciones anteriores lo hemos hecho mal.

Si el objetivo es independizar lo público de lo privado, de garantizar la libertad de pensamiento, en sentido contrario se puede deducir que en España la libertad de conciencia no está garantizada por completo.

Siempre se puede mejorar [ríe].

Si hubiera que evaluarla, ¿de qué grado de libertad se dispone? ¿Queda mucho por hacer?

La sociedad admite muchas cosas pero luego de repente surgen debates. Nosotros no estamos ni a favor ni en contra en un debate, sino que queremos que el debate se pueda dar y que lo público asegure la neutralidad. Hay bastante polaridad en la sociedad española, parece blanco y negro todo, en cualquier debate… Tenemos que recordar que no es tan difícil un valor tan democrático y viejo como separar las opiniones para expresarlas en liberad.

¿En qué ámbitos es más difícil esto?

Especialmente en el entorno de la educación y en el entorno de nuestra relación con la religión cristiana.

¿Es una cuestión cultural más que de creencias?

Quizá lo que no tengamos tan asumida es la cultura republicana francesa.

¿Francia es un referente en materia de laicismo?

Francia es un referente.

Ellos llevan a gala la separación de lo público y las confesiones.

Sí, e independientemente de la ideología, gobierne quien gobierne.

Dado su convencimiento, alguien pudiera pensar que el laicismo es también una creencia, una especie de religión sin religión.

El laicismo no es antirreligioso, no es ateísmo ni agnosticismo. La laicidad tampoco es ideología, no tiene ideología.

¿Se puede ser laicista y católico a la vez?

Por supuesto, porque el laicismo es un paso previo, es lo que asegura que tú puedas ser católico o musulmán o hebreo o lo que quieras.

Sin embargo, cualquier religión espera desarrollar un modelo de sociedad en donde esa neutralidad que predica no entra en la ecuación.

Los monoteísmos siempre quieren con su proselitismo imponer su visión del mundo y aquellos que no la comparten son enemigos, pero tenemos que recordar Toledo. No siempre ha sido así. Ha habido épocas y lugares donde han convivido de forma pacífica religiones distintas. Parece mentira que en el siglo XXI no lo tengamos solucionado.

¿Por qué se oponen al mantenimiento del Concordato, los acuerdos del Estado español con el Vaticano?

Data de la época de la Constitución, pero fue negociado con anterioridad.

¿Quiere decir que fue el franquismo el que ató jurídicamente el mantenimiento de los privilegios de la Iglesia durante la Transición?

Fue firmar la Constitución y firmar el Concordato. Algo pasó desde luego porque asegura una relación de privilegio como con ninguna otra, ya no solo religión, sino organización. Ellos son juez y parte en muchas cosas y su opinión es verdad. En lo económico han estado exentos de impuestos y tienen unos privilegios y una relación con el patrimonio público que lo utilizan como propio. También tienen capacidad de incidir en la educación y la religión cristiana sigue metida en las aulas.

¿Denunciar el Concordato supondría acabar con la educación concertada?

No y sí. Lo que necesitamos es una educación pública para que la laicidad esté asegurada. Las religiones, todas, debieran poderse estudiar porque son un reflejo de la actividad humana, pero no pueden formar parte evidentemente del ideario del centro [financiado desde lo público]. Una educación privada puede existir, pero no puede formar parte de lo público. Los profesores de Religión, por ejemplo, cobran del dinero público. Eso es el Concordato. El IRPF, otro ejemplo, con las casillas famosas a las que hacemos bastante referencia…

¿En qué sentido?

No queremos ninguna de las dos casillas [el 0,7% de la cuota del impuesto puede ir destinado a la Iglesia Católica o a actividades de interés social]. Lo que queremos es que el dinero vaya a la caja común y que el gobierno decida cómo se gasta.

¿Por qué tampoco la casilla para actividades de interés social?

Porque se saca de lo común, va aparte ese dinero, y una parte acaba de nuevo en la Iglesia. Nosotros no estamos en contra de Cáritas, sino de que la caja común se fragmente.

¿No están de acuerdo en que se financie a Cáritas vía IRPF?

Las administraciones públicas tienen perfecto derecho a subvencionar cualquier tipo de actividad. Lo que no cabe es esa financiación automática que detrae parte de los impuestos de todo el mundo para una actividad en concreto y sin control ni transparencia.

¿Harán campaña?

Haremos campaña para que no se seleccione ninguna de las dos casillas.

Pero aunque se garantice la caja común, tampoco eso garantiza que el dinero de los impuestos no acabe en una confesión religiosa. Aquí en Cantabria continuamente instituciones como los ayuntamientos o el Gobierno autonómico, y de fuera de la comunidad, como el Ministerio de Fomento, financian obras en propiedades de la Iglesia católica.

Nôtre Dame se paga con dinero público, pero es propiedad del Estado. ¿Por qué una iglesia de un pueblo o un cementerio es propiedad del Obispado? ¿Quién la construyó? ¿Quién la financió? En cualquier época se ha financiado por los habitantes de cada lugar. No se trata de una expropiación, es que nunca ha sido de la Iglesia. Nunca deberían haber estado a nombre, de forma privativa, de una confesión.

¿La Iglesia debiera ser compensada por hacer públicas sus propiedades?

¿Compensarla? ¡Bastante compensada está!

En los últimos años, las inmatriculaciones de la Iglesia han ido a más.

El Concordato permite inmatricular a la Iglesia de ‘motu proprio’ y hay una ley del Gobierno Aznar que les permitía registrar propiedades. Son como registradores de la propiedad donde no tienen que demostrar ningún título. ¿Indemnizarles? Creo que se han pasado. Ahora a nivel estatal quieren devolver mil propiedades.

¿Sobre un total de cuántas?

Estimamos que a nivel estatal hay más de 100.000. Lo que necesitamos es que haya voluntad política para revisar los acuerdos del Concordato con el Vaticano. No tiene sentido, no lo ha tenido nunca, pero menos en el siglo XXI. Es la pieza clave de todo: de los impuestos, de las inmatriculaciones, de la educación… Podemos hablar de librepensamiento, pero cuando una parte de lo público es explotada de forma privativa… Hay templos en lo que se cobra por verlos. Ese dinero no figura en ningún sitio, no hay transparencia…

¿Tiene pensado entrevistarse con los partidos?

Tenemos un equipo que participa con el Gobierno central en la elaboración de las leyes, e incluso tenemos redactada un borrador de Ley de Libertad de Conciencia.

¿Exactamente qué regularía una Ley de Libertad de Conciencia?

En breve podremos sacarlo a la luz. Lleva muchos años de trabajo. Se trata de darle un desarrollo a lo que está recogido en la Constitución.

En sentido contrario, ¿qué se consideraría ilegal? ¿Políticas públicas que privilegiaran una confesión, por ejemplo?

Claro, todo lo que hemos hablado.

¿Quién la va a introducir en el Congreso?

Ya veremos a ver [ríe]. Se trata de tener una propuesta

Volviendo a su plan de entrevistarse con los partidos, Podemos es en Cantabria extraparlamentario por lo que tal vez el PSOE sea su gran interlocutor. El PSOE, sin embargo, ha gobernado y mantenido el Concordato…

Hay dos almas en el PSOE: una absolutamente cristiana y tradicional y otra más jacobina. A la hora de la verdad, no mueve ficha. De ahí la importancia de Europa Laica, porque parece que estas cosas están superadas, pero no lo están. Intentaremos dar guerra y demostrar que la tradición no es tal.

En la deriva política actual del país, ¿cómo ve el futuro en el campo de la laicidad?

En mi opinión llevamos bastantes años en que las palabras se han vaciado de contenido y rellenado con otros y así ya es difícil mantener un debate. El ‘estás conmigo o contra mí’ de los debates se lleva a la calle; la agresividad a la hora de defender los postulados no nos está llevando por el buen camino. Se busca imponer y socialmente eso no es sano y hay bastantes ejemplos en el día a día.

Ya sabe que a usted le espera el Infierno…

Espero, espero… [ríe].

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