¿Hubo un precedente cristiano en el origen de la mezquita de Córdoba?

enero 2, 2020

El tópico de la suplantación de los espacios sagrados, surgido sin base empírica, se esfuma cuando se ha excavado. Fernando Arce defiende que ni el registro documental ni mucho menos las excavaciones realizadas permiten afirmar la existencia de un complejo cristiano bajo el monumento

Tejado de la mezquita de Córdoba. Wikimedia Commons.

Fernando Arce, Al Ándalus y la Historia 2 de enero de 2020

Con la información disponible (documental y arqueológica) se puede afirmar que la gran mezquita de Córdoba se levantó en tiempos, y por impulso, de Abderramán I (756-788). No está claro, dentro de esas fechas, cuándo arrancó el proyecto. En algunos de los relatos que hacen alusión al origen del edificio se menciona el año 170 de la Hégira (784-785 a. d.), si bien los textos que la proclaman, aparte de ser tardíos (del siglo XII en adelante), suelen contener noticias desacreditadas desde otras fuentes informativas. Es del todo improbable, como se dice en esas fuentes, que la obra se ejecutara en un solo año.

La mezquita no es una consecuencia directa e inmediata de la conquista. Aparece cincuenta años después de ella. A mediados del siglo VIII, Abderramán Ibn Muawiya, nieto del califa omeya Hisam, ha conseguido escapar de la violencia abasí y establecer, en la Península Ibérica, una entidad político-territorial independiente sobre la legitimidad de su pertenencia a la estirpe de los conquistadores de al-Andalus. La aparición del emirato independiente significa el arranque de la dinastía omeya andalusí. Siguiendo modelos ensayados, la naciente dinastía impulsa espacios monumentales desde los que proyecta su poder e ideología a la sociedad. Uno de ellos es la aljama, una mezquita promocionada por el poder político en la que la comunidad de creyentes, con el sultán a la cabeza, se reúne para el rezo colectivo. Hasta que llegó Abderramán a Córdoba el rezo común no se desarrollaba en un edificio construido, una mezquita, sino en musallas, espacios al aire libre someramente señalizados en el suelo en los que se congregaban los creyentes. Las explanadas abiertas y despejadas usadas como musallas solo se podían encontrar fuera de unos límites urbanos llenos de obstáculos físicos.

La obra de la aljama, frente a las musallas, significaba un fuerte impacto en la trama urbana. Al levantarse dentro de las antiguas murallas romanas era necesario, en primer lugar, preparar un enorme solar en un sector de la ciudad secularmente urbanizado. ¿Por qué se eligió ese entorno? ¿Qué se tuvo que eliminar? En este punto entra en juego una vieja discusión respecto al pasado inmediato de la mezquita. Desde Francisco Javier Simonet, un arabista del siglo XIX, se habla de una presencia cristiana bajo la forma de una iglesia que fue necesario eliminar para dejar sitio a la mezquita. Se apoya Simonet en una tradición literaria musulmana según la cual, cuando la ciudad fue conquistada, se derribaron todas las iglesias menos una que, además, fue obligada a compartir para dar cabida al rezo musulmán. Décadas después, según ese relato, cuando Abderramán I decide emprender la construcción de la aljama, se entra en negociación con los cristianos para conseguir su mitad del templo. Estos últimos abandonarán el lugar tras recibir una indemnización económica y obtener el permiso para rehabilitar las iglesias que fueron destruidas. Una de las versiones de esta tradición literaria menciona, como escenario de los hechos, a la iglesia de Sant B.n.y.n.t, nombre que tradicionalmente se identifica con San Vicente. Lee el resto de esta entrada »


Los acuerdos con el Vaticano, trampa democrática

enero 2, 2020

Escribe Juan José Tamayo

Los acuerdos con el Vaticano, trampa democrática

Juan José Tamayo, El Periódico, 2 de enero de 2020

Cuarenta y un años ha que se firmaron los llamados “Acuerdos entre la Santa Sede y el Gobierno Español”. Digo ‘llamados’ porque en realidad eran un concordato encubierto como los propios Acuerdos reconocen al afirmar que constituían “la revisión de los textos concordatarios” de 1953. Aun cuando se firmaron el 3 de enero de 1979, una semana después de la aprobación de la Constitución, son preconstitucionales porque se cocinaron antes de dicha aprobación, e incluso anticonstitucionales porque transgreden principios constitucionales como la laicidad del Estado, la neutralidad de los poderes públicos en materia religiosa y la igualdad de todas las religiones ante la ley.

Dicho llanamente, fueron una trampa democrática en toda regla y una de las primeras incoherencias de la tan elogiada Transición, que empezaba conduciendo en dirección contraria, porque seguía concediendo buena parte de los privilegios del franquismo a la Iglesia católica. Por eso, de todas las transiciones producidas en España después de la muerte del dictador, la más retrasada es la transición religiosa del Estado nacionalcatólico al Estado laico. Todavía quedan importantes restos de nacional-catolicismo en la esfera pública y no pocas muestras de injerencia de la Iglesia en el Estado.

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