Una visión crítica a la versión oficial sobre la historia de la Mezquita Catedral

Miguel Santiago presentó su libro sobre ‘Los obispos de la Mezquita’ en la Universidad de Córdoba. «Hemos tenido obispos que han maltratado a la Mezquita de Córdoba, incluso borrando su nombre»

En la mesa, de izda. a dcha., Miguel Santiago, Marta Jiménez y Juan José Tamayo

Alfonso Alba, CordópolisReligión Digital / Universidad de Córdoba, 12 de octubre de 2022

La Sala Mudéjar de la Universidad de Córdoba, lugar inicialmente previsto para la presentación, se ha quedado pequeña este pasado lunes para la presentación del libro Los obispos de la Mezquita, de Miguel Santiago. La institución académica trasladó el acto al salón de actos, ante una rebosante Sala Mudéjar en la que el público se salía por las escaleras.

El acto ha contado con la participación, además del propio autor; del rector, Manuel Torralbo Rodríguez, como único cargo institucional, el teólogo y prologuista del libro, Juan José Tamayo y  Goval, autor de las ilustraciones. El acto, conducido por la periodista Marta Jiménez, ha concluido con la actuación de músico Samu Moreno que ha interpretado ‘La alegría de la Mezquita”, compuesta por el profesor de la Universidad de Córdoba, Antonio Manuel Rodríguez.

Cientos de personas han acudido a la presentación de un libro que ofrece una visión crítica a la versión oficial sobre la historia del principal monumento de Córdoba, la Mezquita Catedral, un edificio único en el mundo. Santiago, profesor de Biología y Geología ya jubilado, es también portavoz de la plataforma Por una Mezquita Catedral de Todos. Cristiano de base, creyente y persona de fe, Santiago ha escrito un libro sobre la historia del monumento y la de sus obispos, “una contradicción en sí misma”, como ha detallado el editor de la publicación y su prologuista, el teólogo Juan José Tamayo.

En el libro, editado por Tirant Humanidades, Miguel de Santiago hace un extenso recorrido por las diferentes etapas de la construcción de la Mezquita, de Abderramán I a Almanzor, hasta su reconocimiento como Patrimonio de la Humanidad en 1984, así como por las etapas de construcción de la Catedral dentro de la Mezquita. Destaca el interés que mostraron por ella los escritores románticos, españoles y extranjeros. 

Un paso importante en la apertura a la herencia árabe-musulmana fueron los Congresos celebrados en la Mezquita en 1974 y 1977, bajo el episcopado de José María Cirarda Lachiondo, en los que se llevó a cabo un diálogo auténtico islamo-cristiano con la invitación a reconocer a Mahoma y a Jesucristo como profetas. Una actitud muy contraria a la desarrollada por los tres últimos obispos e Córdoba Francisco Javier Martínez (actual arzobispo de Granada), Juan José Asenjo (actual arzobispo emérito de Sevilla) y Demetrio Fernández, a quienes Miguel Santiago considera herederos de la corriente antiliberal y antidemocrática del catolicismo español y súbditos ideológicos de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

La obra está rigurosamente documentada en fuentes históricas fiables y cumple sobradamente el objetivo que se propone: poner en valor el patrimonio cordobés y la Mezquita de Córdoba, símbolo de la historia mundial y propiedad del pueblo. 

De izquierda a derecha, Marta Jiménez, Goval, Manuel Torralbo, Miguel Santiago y Juan José Tamayo, minutos antes del inicio de la presentación / G.C-CH.M.

El propio Miguel Santiago arrancó detallando que aunque su profesión fueron las ciencias su vocación fue la historia, y que el primer libro que cayó en sus manos fue la Historia de Córdoba de Antonio Jaén Morente. Y sobre el largo viaje de la Mezquita Catedral, arrancó años atrás, mucho antes de la inmatriculación, “cuando empecé a ver cosas que no me gustaban, como el excesivo celo que guardaban los guardias jurado en tiempos de Infantes Florido. Después, vinieron otros obispos que lo hicieron santo”, bromeó.

Santiago lamentó que aunque el edificio se inmatriculó en tiempos de Asenjo en 2006 “nos enteramos después” pero que “el colmo de los colmos” fue cuando el actual obispo, Demetrio Fernández, “le cambió el nombre”. “Hemos tenido obispos que han maltratado a la Mezquita, quitándole su verdadera historia y su nombre, a un gran monumento que es Patrimonio de la Humanidad”, dijo.

Tamayo, editor del libro, mostró su “compromiso y apoyo a las iniciativas que reclaman la devolución de la Mezquita al pueblo”, y valoró el trabajo “científico y riguroso” de Miguel Santiago en una publicación “difícilmente cuestionable”. El teólogo lamentó que la historia oficial de la Mezquita “la han escrito los canónigos” y que el último texto que cayó en sus manos, de 200 páginas, “está lleno de falacias”.

“No es fácil encontrar en los grandes edificios de la humanidad que hayan pasado a ser gestionados por una institución privada como es la iglesia”. “La iglesia católica es una institución privada y se ha apropiado del monumento más importante del islam occidental”, reiteró el teólogo español.

Sigue vigente el nacional-catolicismo

Tanto Santiago como Tamayo incidieron en la “incoherencia” de la inmatriculación. El autor señala en su libro cómo Córdoba es una ciudad pobre con una iglesia rica gracias a la Mezquita. “Va en contra del Evangelio y el compromiso de Jesús de Nazaret en favor de los pueblos”, sostuvo Tamayo. “La diócesis de Córdoba es de las más ricas de España por ese motivo fundamental”, por la inmatriculación de la Mezquita, insistió Miguel Santiago.

“La historia ha sido escrita por clérigos que han buscado la legitimación de ese estatus, la idea de defender la propiedad” del monumento, reiteró Tamayo, que insistió en que “quién detenta el poder y tiene la propiedad” controla el relato. El teólogo insistió además en que este estatus se mantiene gracias a la Constitución, que a su juicio privilegia a la Iglesia Católica, la que única que se nombra frente al resto de confesiones, y lamentó la falta de ambición de los poderes públicos, ya que “todos los Gobiernos desde la Transición han sido y siguen siendo rehenes de la iglesia católica. El caso de la mezquita demuestra que sigue vigente el nacional catolicismo”, remató.

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