#TalDíaComoHoy: 81 años de la carta colectiva de los obispos españoles apoyando la rebelión militar

El cardenal Isidro Gomá, José Millán Astray (3d) y otras personalidades del régimen celebran en Salamanca la toma de Tarragona por las tropas de Franco en la guerra civil. / EFE

10 de agosto de 2018

La Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos de todo el mundo con motivo de la guerra en España (***) se firmó el día 1 de julio pero no se publicó hasta el 10 de agosto de 1937.

El texto fue redactado por el cardenal Isidro Gomà, cardenal primado de España durante la Guerra Civil, a instancias del general Franco y fue firmado por todos los obispos españoles, a excepción del cardenal de Tarragona, Francesc Vidal i Barraquer y de Mateo Múgika, obispo de Vitoria, así como también de Joan Torres, obispo de Menorca, ya muy anciano.

La “carta” se estructura en 8 apartados  más la conclusión:  1º. Razón de este documento / 2º. Naturaleza de esta carta / 3º. Nuestra posición ante la guerra / 4º. El quinquenio que precedió a la guerra / 5º. El alzamiento militar y la revolución comunista / 6º. Caracteres de la revolución  comunista / 7º. El movimiento nacional: sus caracteres / 8º. Se responde a unos reparos / 9º. Conclusión.

El documento,  que confirmaba la unión de la iglesia católica y el régimen franquista, se inicia argumentando el motivo por el que se escribe:

“Venerables Hermanos, debemos manifestaros nuestro dolor por el desconocimiento de la verdad de lo que en España ocurre. Es un hecho, que nos consta por documentación copiosa, que el pensamiento de un gran sector de opinión extranjera está disociado de la realidad de los hechos ocurridos en nuestro país. Causas de este extravió podría ser el espíritu anticristiano, que ha visto en la contienda de España una partida decisiva en pro o contra de la religión de Jesucristo y la civilización cristiana; la corriente opuesta de doctrinas políticas que aspiran a la hegemonía del mundo; la labor tendenciosa de fuerzas internacionales ocultas; la antipatria, que se ha valido de españoles ilusos que, amparándose en el nombre de católicos, han causado enorme daño a la verdadera España”

En la Carta Colectiva los obispos se lamentaban  de la negativa opinión que la prensa extranjera se había formado de la guerra en España, siendo, además, parte de la prensa católica la que había contribuido a ello: “Y lo que más nos duele es que una buena parte de la prensa católica extranjera haya contribuido a esta desviación mental, que podría ser funesta para los sacratísimos intereses que se ventilan en nuestra patria.”

Manifestándose en contra de la violencia no dejaban de afirmar que:

“es tal la condición humana y tal el orden de la Providencia- sin que hasta ahora haya sido posible hallarle sustitutivo- que siendo la guerra uno de los azotes más tremendos de la humanidad, es a veces el remedio heroico, único, para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverlas al reinado de la paz. Por esto la Iglesia, aun siendo hija del Príncipe de la Paz, bendice los emblemas  de la guerra, ha fundado las Ordenes Militares y ha organizado Cruzadas contra los enemigos de la fe”.  […] , y estemos dispuestos a colaborar, como Obispos y españoles, con quienes se esfuercen en reinstaurar en España un régimen de paz y justicia”.

Naturalmente para los obispos fueron los políticos de la República, “con sus prácticas de gobierno, los que se empeñaron en torcer bruscamente la ruta de nuestra historia en un sentido totalmente contrario a la naturaleza y exigencias del espíritu nacional, y especialmente opuesto al sentido religioso predominante en el país”.  Para ellos el Gobierno republicano actuó “anulando los derechos de Dios y vejada la Iglesia” y por eso el episcopado defendía “el derecho a la resistencia defensiva por la fuerza”.

Así pues:

“Quede, pues, asentado, como primera afirmación de este Escrito, que un quinquenio de continuos atropellos de los súbditos españoles en el orden religioso y social puso en gravísimo peligro la existencia misma del bien público y produjo enorme tensión en el espíritu del pueblo español; que estaba en la conciencia nacional que, agotados va los medios legales, no había más recurso que el de la fuerza para sostener el orden y la paz; que poderes extraños a la autoridad tenida por legítima decidieron subvertir el orden constituido e implantar violentamente el comunismo; y, por fin, que por lógica fatal de los hechos no le quedaba a España mas que esta alternativa: o sucumbir en la embestida definitiva del comunismo destructor, ya planeada y decretada, como ha ocurrido en la regiones donde no triunfó el movimiento nacional, o intentar, es esfuerzo titánico de resistencia, librarse del terrible enemigo y salvar los principio fundamentales de su vida social y de sus características nacionales”…

La carta de los obispos españoles justificando el alzamiento nacional incomodó, al parecer, al Vaticano. El Secretario de Estado Pacelli escribió una carta a Gomá que nunca llegó a enviarse y que recogía El País

De este apoyo expreso, de su complicidad con los sublevados, la iglesia católica, tras la victoria franquista, sacaría los inmensos beneficios de los que aún goza en lo económico, en lo político, en lo cultural y en lo educativo.

 

(***) Carta colectiva de los obispos españoles

 

 

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