Tradiciones religiosas: Procesiones

agosto 17, 2018

Durante los meses de verano, especialmente en agosto, se prodigan las fiestas patronales en pueblos y ciudades. Pocos serán los que no tengan a gala presumir de su tradicional procesión religiosa católica“.

Un vistazo a la web del Observatorio del Laicismo-Europa Laica nos permite comprobar hasta qué punto este marchamo de “tradicional”, -eso sí, sin la mínima reflexión del, nada edificante en muchos casos, origen de la tradición-, es la disculpa de representantes municipales para acudir de manera institucional a estos rituales religiosos que contradicen manifiestamente el carácter aconfesional del Estado.

Sobre estas tradiciones escribe en Gara, Víctor Moreno 

Procesión de San Fermín 2018, con asistencia de alcalde y ediles

Durante los meses de verano, especialmente en agosto, se prodigan las fiestas patronales en pueblos y ciudades. Pocos serán los que no tengan a gala presumir de su tradicional procesión religiosa católica. Afortunadamente, ni a judíos, musulmanes, protestantes y evangélicos les ha dado por apuntarse a esta liturgia tan abrasiva como invasiva del espacio público. ¿Imaginan el espectáculo? Estaríamos todo el santo año viendo desfilar por las calles a estas peñas de creyentes tan voluntariosos como pelmas manifestando su fe. Menos mal que a los ateos, a los deístas, a los agnósticos y masones no les ha entrado esta fiebre en el cuerpo, porque, entonces, sería el anuncio de un apocalipsis real y verdadero.

Es curioso reparar en que pocas de las tradiciones religiosas que vienen celebrándose en España desde Recaredo han desaparecido tras la venida de la Constitución, que declara aconfesional al Estado. Lógico. Lo aconfesional no quita lo valiente y en un Estado social y de derecho hasta la Iglesia tiene derecho a expresarse en las calles con el permiso civil correspondiente.

Además, si a muchas ciudades y pueblos les quitas estas tradiciones religiosas, los toros y las vaquillas, se quedarían en cueros. Las procesiones que persisten se utilizan como ocasión para manifestar la fe en Dios, y como un aval identitario de pertenencia. A quienes no asisten a estas manifestaciones todavía se les increpa diciéndoles que «no parecen ni del pueblo».

Solemos pensar que lo que hacemos lo decidimos libremente, pero difícilmente será libre una decisión que asegura que «lo que se hace, se hace por tradición». Suena a «por imperativo legal» al que se acogen con desgana ciertos políticos al votar en agrias circunstancias.

Son actos que tienen las características de un fatalismo atávico, como si sus ejecutores estuvieran condenados a repetirlos para cumplir el expediente exigido por su ADN. De hecho, si esta tradición promulgara otra representación, la harían igual. Más que un acto voluntario, parece reflejo y automático. Podría hablarse de «autómatas por tradición». Toca, pues se hace. Lee el resto de esta entrada »