Un 19 de agosto de 1936 empezaba el Bibliocausto en la España franquista

agosto 19, 2018

La quema de libros durante la guerra civil y la dictadura

Imagen del suceso de la quema de libros en la plaza Zaharra de Tolosa, el 11 de agosto de 1936. / El Diario Vasco

Fuentes:
Expolios, hogueras, infiernos. La represión del libro (1936-1951), Ana Martínez Rus, Universidad Complutense.
La quema de libros durante la guerra civil y la dictadura, Blog de Historia

Desde los primeros días del golpe militar se convirtió en una necesidad imperiosa la eliminación de los textos perniciosos, causantes de todos los problemas del país por sus ideas extranjerizantes, inmorales y subversivas. Así en los primeros meses de la contienda las operaciones se centraron en incautaciones y destrucciones, junto con la depuración de bibliotecas públicas y privadas. Al mismo tiempo muchos maestros, bibliotecarios, editores y libreros fueron fusilados: El director de la casa Nós, Ángel Gasol, y el librero, Rogelio Luque, entre otros corrieron la misma suerte que las publicaciones que producían y vendían. Rogelio Luque, que ejercía el comercio de librería desde 1917 en la calle Gondomar de Córdoba, fue fusilado el 16 de agosto de 1936. Juana Capdevielle, bibliotecaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid, fue asesinada el 18 de agosto de 1936 en Rábade (Lugo) estando embarazada de su primer hijo a los treinta años de edad. Días antes su marido, Francisco Pérez Carballo, gobernador civil de La Coruña, también había sido asesinado por los militares sublevados.

El periódico Arriba España en su primer número de 1 de agosto de 1936, incitaba a la destrucción de libros: “¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas. ¡Camarada! ¡Por Dios y por la patria!”. Su director fue el clérigo falangista, Fermín Yzurdiaga, que acabó siendo Jefe Nacional de Prensa y Propaganda. Fue tal el entusiasmo y celo en la destrucción de libros en los domicilios particulares que el mismo periódico en noviembre de 1936 pidió mesura y que se no se actuara las bibliotecas privadas. La quema de libros se convirtió en un ritual habitual. Estas prácticas que recuerdan a la Alemania de Hitler, organizadas por el Ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, fue denominado por la revista estadounidense Time como bibliocausto. Y también en España puede hablarse deun holocausto de libros, un bibliocausto, o al menos de una bibliofobia desatada en palabras de José Andrés de Blas (La guerra civil española y el mundo del libro: Censura y represión cultural -1936-1937, en Represura)  Lee el resto de esta entrada »