Los obispos se preparan para una ‘guerra civil’ por su colaboración en las investigaciones de los abusos en la Iglesia española

Una parte de los obispos se niega en redondo a entregar sus archivos (no sólo los secretos, sino todos) al bufete, y reniega de la decisión adoptada por la cúpula episcopal de hacer cualquier tipo de investigación, que estiman marcada por la presión política y mediática

Jesús Bastante, Religión Digital, 22 de abril de 2022

Este lunes, los obispos españoles se volverán a encontrar, en su primera Plenaria sin mascarilla obligatoria (aunque recomendada, que estamos hablando de personas mayores) desde la elección del cardenal Omella como presidente, hace ahora dos años. Una Plenaria que, lejos de la paz de otras ocasiones, se presenta con el riesgo de una auténtica ‘guerra civil’ a cuenta de las investigaciones de abusos, y de la voluntad, o no, de colaboración de los prelados tanto con la auditoría encargada por la CEE a Cremades&Calvo Sotelo como con la que dirigirá el Defensor del Pueblo mandatado por el Congreso de los Diputados.

Justo antes de entrar en el aula, los obispos se encontrarán con la carta que distintos colectivos de Iglesia (RD entre ellos) registrarán en la sede de Añastro reclamando «que la Iglesia española pase de las tinieblas a la luz de forma definitiva en el tema de los abusos y que su voluntad de sacar a la luz la verdad, hacer justicia y reparar a las víctimas quede inequívocamente clara».

Presión política y mediática

A la espera de lo que diga el cardenal Omella en su discurso de apertura, lo cierto es que no pocos obispos están molestos por el modo en que se ha gestionado la contratación del bufete de abogados, así como del hecho mismo de la investigación, que entienden es fruto de la presión política y mediática, y no de una verdadera voluntad de acabar con esta lacra. Curiosamente, este mismo grupo es el mismo que niega cualquier colaboración con las autoridades, y se limita a seguir lavando los trapos sucios ‘en casa’ (léase en las comisiones diocesanas, cuya ineficacia, salvo excepciones, ya está más que demostrada). 

De hecho, aseguran algunos, se han enterado «por la prensa«, aunque el portavoz de la CEE, Luis Argüello (cuyo nombramiento como arzobispo de Valladolid podría hacerse oficial, incluso, durante esta Plenaria, removiendo los rumores de su posible marcha adelantada de Añastro, como adelantó RD), escribió una carta a todo el episcopado explicando someramente en qué consistía el acuerdo. Con todo, muchos prelados conocieron el contrato con Cremades a través de esta web, así como la reunión de Omella con las víctimas y la posterior petición de encuentro con el Santo Padre.

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En lo que habrá batalla, y mucha, será en la cuestión de la apertura de los archivos. No son pocos los prelados que ya han anunciado en privado que no entregarán «a cualquiera» (en referencia a Cremades, pero también, y sobre todo, a Gabilondo) los archivos diocesanos. A ello hay que sumar el hecho de que la gran mayoría de los temas ‘escandalosos’ están recogidos en otro archivo, denominado ‘secreto’, que solo conocen los obispos y algún canciller diocesano, y que acogen aquellos casos de suma gravedad, que están protegidos por el secreto de confesión y que, por tanto, son doblemente inviolables: por los Acuerdos Iglesia-Estado y por la propia normativa eclesiástica.

Si difícil se antoja la colaboración con Cremades, mucho más lo será la participación del Episcopado en la comisión del Defensor del Pueblo, que no convence a casi ningún obispo. Hoy por hoy, la tesis principal es que sea -como así aparece en el contrato- el bufete quien sirva de interlocutor entre la ‘comisión Gabilondo’ y la Iglesia, algo que irrita profundamente a buena parte de las víctimas, que continúan sintiéndose ninguneadas y sin capacidad de participación directa (con toma de decisión) en la auditoría eclesiástica.

Firmar la paz, y trabajar por el bien común

Paralelamente a la cuestión de los abusos, la Plenaria de abril servirá para comprobar si el encuentro de Osoro, Omella y Argüello con el Papa ha servido para regresar al ‘trabajo común’ entre la cúpula episcopal. Más allá de que el portavoz deje su puesto en breve, lo cierto es que Francisco quiere que sus dos hombres en España trabajen codo con codo, y que se note, en una nueva aproximación ‘sinodal’ de la Iglesia española, que se arriesga a perder, de nuevo, el tren de las reformas.

A ello se suma una más que necesaria renovación del episcopado que podría terminar de desatascarse en las próximas semanas. Valladolid, Valencia, San Sebastián, Granada, Pamplona… son sólo algunas de las grandes ‘sedes’ que podrían moverse en breve. Siempre y cuando haya paz entre los justos. Que debiera haberla. Los ‘enemigos’, también los de dentro, son otros. Ya es hora de darse cuenta y ponerse a trabajar. 

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