Llanto por la mezquita de Santa Sofía

Fue basílica, templo islámico y, desde 1935, museo. Ahora vuelve a convertirse en un edificio religioso.

La virgen y las inscripciones islámicas. En Santa Sofia, Estambul. / dpa

Patricia Kolesnicov, Clarín, 21 de julio de 2020

De repente, nuestro guía lloraba. Nos había guiado por media Turquía, nos había mostrado su belleza y su gloria, había minimizado asuntos ríspidos, había gambeteado cualquier pregunta sobre el genocidio armenio. Habíamos visto el mar, la historia, las fábricas de alfombras. Habíamos desayunado con tomate, yogur y pepino, habíamos cenado delicias, habíamos temblado de emoción frente a la nada que quedaba de Troya. Y ahora, discretamente, se le caían las lágrimas. ¿Por qué? Por cierto resultado electoral, su país seguiría gobernado por un partido moderadamente islámico. Pero cada vez más islámico.

Ya habíamos visto, en las calles de Estambul, un trío de mujeres que se repetía: una iba con jeans, una con la cabeza cubierta por un pañuelo, la tercera toda cubierta por una especie de piloto largo. Eran abuela, madre, nieta. En ese orden: la abuela era la del jean.

Es que la historia no es una flecha que avanza hacia adelante -¿qué es adelante?- sino que va y viene. Después de la Primera Guerra Mundial y de la mano de Kemal Ataturk, Turquía -la tierra de mis bisabuelos- se fue convirtiendo en un país laico. Terminó con las escuelas teológicas, dejó atrás la ley islámica y la reemplazó por un código civil basado en el suizo. Las mujeres empezaron a votar en 1934. Y ningún clérigo tuvo poder sobre el Estado.

No habrá sido menor el golpe cuando, en 1931, cerró la mezquita de Ayasofya o Santa Sofía o Santa Sabiduría. Había sido basílica ortodoxa, había sido la sede de la Iglesia Ortodoxa oriental, había sido mezquita. ¿Cerrado? Sí, cuatro años. Y cuando reabrió… era un museo.

Belleza. Santa Sofía atravesó los tiempos y ahora volverá a ser mezquita. /EFE

Santa Sofía atravesó los tiempos y ahora volverá a ser mezquita. /EFE

Así, como un museo y en camiseta, la recorrimos en aquel viaje (el código de vestuario de los lugares de culto siempre excluye este tipo de prendas). Pero el guía sabía por qué lloraba: bajo los sucesivos gobiernos de Recep Tayyip Erdogan​ -Primer Ministro de 2003 a 2014, Presidente desde ese año hasta hoy- ese hermoso país es cada vez más confesional. Hay más mezquitas, más presupuesto para Asuntos Religiosos, más sacerdotes, mayores competencias para las escuelas islámicas: más velos, menos jeans.

Santa Sofia vuelve a ser mezquita.

Este domingo Erdogan paseó por su imponente salón. Y el viernes que viene se escucharán allí los primeros rezos.

Cuando volvamos a viajar entraremos a esa maravilla que es Santa Sofía con pañuelo, bien tapados, en horarios en que no haya culto. Ya no algo de todo el mundo sino de algunos. Ya no maravilla humana sino devoción a una divinidad.

Qué miedo que el laicismo se convierta pronto en una curiosidad en alguna enciclopedia. Dónde estará el guía, lloraría con él.

PK

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