Por fin un Telediario como Dios manda

Han tenido que pasar 42 años desde que se aprobara una Constitución, que declaraba el carácter aconfesional del Estado, para que una confesión religiosa no primara en la celebración. Se trata, por tanto, de un hecho histórico, un jalón que pone fin al anacrónico emparejamiento Iglesia-Estado, impuesto por la dictadura de Franco y que no tenía razón de ser en la España Constitucional..

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Jaime Olmo, InfoLibre, 16 de julio de 2020

La cabecera del Telediario 2 de este miércoles destapa una imagen impresionante de la plaza de la Armería, pegada al Palacio Real que da sombra a buena parte de la explanada, aunque permite que el sol del atardecer dore una parcela del empedrado. En el centro, el pebetero, y alrededor sencillas sillas blancas separadas y perfectamente ordenadas. Junto a ellas, el presentador, Carlos Franganillo, informa que doce horas después va a tener lugar ahí el Homenaje de Estado a las víctimas de la pandemia en España, y que se trata de un acto civil. ¡Por fin! exclamamos algunos.

Han tenido que pasar 42 años desde que se aprobara una Constitución, que declaraba el carácter aconfesional del Estado, para que una confesión religiosa no primara en la celebración. Se trata, por tanto, de un hecho histórico, un jalón que pone fin al anacrónico emparejamiento Iglesia-Estado, impuesto por la dictadura de Franco y que no tenía razón de ser en la España Constitucional.

Si en la información televisiva ha de primar la imagen, los responsables de los Informativos de la televisión pública han acertado de lleno al situar al presentador principal del Telediario en el marco de lo que había de ser el núcleo de la noticia: el homenaje de todos los españoles a las víctimas de la pandemia y a los que más directamente se han implicado en la lucha para paliar sus efectos. Desde allí, Franganillo ha dado paso a las distintas informaciones sobre los rebrotes que se están produciendo en la mayor parte del país, medidas de control y repercusiones, pero, lejos de monopolizar el relato de la actualidad de la jornada, ha dado paso a la co-presentadora en Torrespaña, Ana Roldán, para ofrecer el resto de contenidos del informativo, un acierto pleno que ha permitido no contaminar el marco inicial y esencial del Telediario con los habituales contenidos del resto de la actualidad.

En tiempos convulsos para RTVE, con un carrusel de ceses, dimisiones, y nombramientos, bajo una dirección provisional, nuevos obstáculos en el Parlamento para elegir órganos de gobierno estables, y tras meses en que los Telediarios parecían haber renunciado a ofrecer una información completa, esto es además de veraz y plural, contextualizada, explicada, analizada con rigor para que los espectadores pudieran formar sus propias opiniones, el de la tarde noche de este miércoles ha ofrecido destellos de aciertos en el camino de lo que debe ser un medio público. No ha obviado las últimos avatares sobre Juan Carlos I; ha permitido se oyeran plenamente los gritos de “¡Pedro Sánchez, mentiroso!” proferidos por los afectados de Nissan frente al Congreso; ha mostrado con toda claridad, en una pieza de Víctor García Guerrero plena de testimonios y datos, lo que se juega realmente en la guerra de Estados Unidos contra la empresa china Huawei, o la crónica de Sara Rancaño con los ataques de Trump a la máxima autoridad sanitaria contra la pandemia. Por fin, y de vuelta a la plaza de la Armería, Carlos Franganillo ha dado paso al cierre, en el que Carlos del Amor ha sido capaz de dotar a la simple relación de nombres de víctimas de la pandemia, de la emoción por los que “ya no pisarán las calles, pero vivirán en nosotros”.

Queda mucho por recuperar en los actuales Telediarios de TVE; han sido muchos meses sin una dirección clara, en que parecían estar más pendientes en no generar polémicas políticas, que en ofrecer una información completa a los espectadores. Lo del Telediario 2 de este miércoles ojalá no sea un espejismo puntual, sino el arranque de un nuevo camino.

Y un apunte más: Que a nadie extrañe el título de este artículo. Al margen de mis creencias personales, respeto profundamente las de los demás. No ignoro el peso cultural, hasta en el lenguaje corriente, de la religión católica. Pero me rebelo contra la omnipresencia impuesta de esa confesión al conjunto de los ciudadanos. Esa es la razón para considerar el homenaje del jueves un acontecimiento histórico.

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