Un colegio perdido y hallado en el templo

Escribe Francisco Martín Angulo, promotor del Centro Social de San Pedro y San Felices de Burgos y denunciante ante la Fiscalía Provincial de su inmatriculación a favor del Obispado.

Colegio San Pedro y San Felices. Colegio católico concertado de Infantil a Bachillerato

Francisco Martín Angulo, 5 de julio de 2020

El Centro social de San Pedro y San Felices inició su construcción en el año 1963, según proyecto del arquitecto don Luis Martínez Martínez y un presupuesto de 5 millones de pesetas constaba de semisótano, planta baja y dos plantas de aulas para 240 alumnos de E.G.B. y F.P. de 1er grado, que se inauguraron en el mes de junio de 1965. Una junta de vecinos se hizo cargo de las obras en las que colaboraron los vecinos, empresas e instituciones. No es un eufemismo hablar del barrio entero (los escolares aportaron los ladrillos del edificio, los jóvenes llenaron por tres veces de vidrio, papel y cartón el albero de la plaza de toros y las familias de hicieron diplomadas del mismo). El impulso social de las obras se debió a la muerte de escolares para acceder al colegio del centro de la ciudad. En menos de tres años se pudo financiar el edificio e iniciar el curso escolar.

Tres meses más tarde y de forma clandestina, un testaferro del arzobispo, Carlos Alonso Martínez, colombiano en tránsito, se hizo pasar por Presidente de la Junta “presidente en funciones” y solicitó del Ayuntamiento la ampliación de una planta más, que al crecer el negocio se convirtieron en dos. Es evidente que un purpurado debía convertir el hurto en estafa para pasar desapercibido ante el gran número de testigos que lo habían financiado, así que urdió la artimaña y argucia legal de cambiar la parte por el todo e inmatricular el edificio entero en lugar de las dos plantas de las que era propietario. Todo a la chita callando y sin alarma ni protesta social del barrio obrero.

Desde ese momento, el Primer Centro escolar del barrio desapareció de los archivos y registros públicos y pasó de “Colegio Público” a “Colegio diocesano concertado”. La Junta de vecinos desapareció totalmente el año 1967, al marchar por motivos laborales su Presidente y su Promotor, que se secularizó, momento que aprovechó el sagaz purpurado para matricularlo en el Registro de la Propiedad, como único propietario del complejo.

En el cap.13 del Concilio Vaticano II se decía que todas las obras civiles de apostolado debían ser encomendadas a los seglares como Pueblo de Dios y no a la jerarquía de la iglesia y hubo un puñado de ingenuos creyentes y agnósticos del barrio que se lo creyeron y edificaron el Centro con entidad jurídica propia para adquirir y enajenar bienes y lograr una hipoteca de la Caja Rural de Burgos sobre el solar adquirido del dominio eminente del Estado y de haber sido subvencionado por el Estado como bien de interés social.

Si no fuera un hecho empírico parecería un cuento, como el narrado en el A.T. sobre el Rey David que se enamoró de Betsabé, esposa de su general Urías al que envió a primera línea de fuego  para disfrutar de los favores de su esposa, de igual modo, mutatis, mutandis, el obispo Segundo García, sólo tuvo que cambiar de destino al clérigo –promotor de la obra y poner a un testaferro en su lugar de forma simulada para apropiarse de tan codiciado Colegio.

Francisco Martín Angulo. Promotor del Centro de San P. y San F.

 

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