Cagarse en dios todavía es delito

febrero 14, 2020

Por Antonio Gómez Movellán, presidente de Europa Laica

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Pixabay

Público, 14 de febrero de 2020

La blasfemia, en España, en pleno siglo XXI, es un delito. Muchos socialistas que hoy se indignan con el procesamiento de hoy a Willy Toledo o ayer al Gran Wyoming o Dani Mateo por cagarse en la cruz del Valle de los Caídos o por cagarse en la Virgen en una red social , fueron los mismos que, en el año 1995, promulgaron (con la abstención electoralista del PP) el Código Penal que tipifica la blasfemia como delito y algunas ministras que hoy se sientan en el banco azul , como Margarita Robles, fueron las mismas que celebraron la promulgación del Código Penal, al ritmo de salsa de Caco Sonante, en una fiesta hortera que organizó, en el Palacio de Parcent de la calle San Bernardo de Madrid, el entonces viceministro Belloch.

Ese código penal que celebraron, a ritmo de salsa, Belloch y Margarita Robles tuvo como resultado llenar las cárceles de presos, incluyendo a más de mil jóvenes que se negaron a realizar el servicio militar.

En realidad no había nada que celebrar y así lo hicimos público varias personas en un manifiesto, encabezado por Gonzalo Martinez-Fresneda, publicado en El País el 8 de junio de 1996,  donde denunciábamos el carácter reaccionario de ese Código Penal. Incluso, en algunos aspectos, en el Código Penal de 1995, se produjeron, en relación a la última reforma penal que realizó el franquismo en 1973, regresiones. Por ejemplo, mientras en la reforma del Código Penal franquista la blasfemia se circunscribía a los lugares y actos de culto, en el Código Penal de la democracia la blasfemia (ahora escondida bajo el término de “ofensas a los sentimientos religiosos”), se extendía a cualquier lugar o medio. Además, las penas por blasfemia en el Código Penal de la democracia son sorprendentes van de ocho a doce meses y la profanación (otro curiosísimo delito), en los artículos 523 y 524, incluso está más condenada que la blasfemia con penas de ¡seis meses a seis años!, dándose la paradoja que interrumpir el consejo de ministros tumultuosamente es más leve (son solo cuatro años) que interrumpir una misa católica (¡hasta seis años!!). Lee el resto de esta entrada »