La Ley Celáa

noviembre 23, 2020

La única fórmula para descargar una tensión que puede llegar a ser insoportable es la denuncia de los Acuerdos con la Santa Sede. La tutela de la Iglesia Católica sobre el ejercicio del derecho no se corresponde en absoluto con la secularización cada vez más acentuada de la sociedad española.

Las constituciones que no se reforman estallan»

Javier Pérez Royo, El Diario, 23 de noviembre de 2020

Con la Constitución española de 1978 es imposible que se pueda aprobar una ley de educación por consenso. No se ha aprobado ninguna de esta manera, no por casualidad, sino porque la Constitución no lo permite. Esta imposibilidad de alcanzar un consenso se ha ido haciendo progresivamente más visible con la aprobación de cada una de las nuevas leyes. La última siempre ha sido más conflictiva que la anterior. Los dos casos extremos han sido las dos últimas, la Ley Wert y la Ley Celáa. No sé si con esta Constitución habrá una próxima, pero, si la hay, el enfrentamiento será todavía muy superior al que se ha alcanzado con estas dos.

Si la Constitución española hubiera sido el resultado de un proceso genuinamente constituyente, los artículos 16 y 27 en su redacción actual no habrían sido  parte de la misma. No habría una mención expresa de la Iglesia Católica en el artículo dedicado al reconocimiento de la libertad religiosa y la aconfesionalidad del Estado y no se regularía el ejercicio del derecho a la educación de la forma en que figura en el texto constitucional. Y no existirían, por supuesto, unos Acuerdos con la Santa Sede, negociados por un Gobierno pre-constitucional, designado de conformidad con lo previsto en las Leyes Fundamentales del Régimen de Franco, al mismo tiempo que se estaba elaborando la Constitución, pero sin la intervención de las Cortes que la estaban aprobando. Dichos Acuerdos serían publicados en el BOE, inmediatamente después de la publicación de la Constitución, como si fueran unos Acuerdos posconstitucionales, cuando no lo eran. Los Acuerdos con la Santa Sede se introdujeron de contrabando en el ordenamiento constitucional, porque se sabía que no se podían introducir de manera abierta y transparente.

Los artículos 16 y 27 y los Acuerdos con la Santa Sede son el “corsé” dentro del cual tiene que moverse el legislador para regular el ejercicio del derecho a la educación. Es un “corsé” con el que la derecha española se encuentra muy cómoda, pero es un “corsé” que asfixia a la izquierda. Cada intento de esta por relajar la presión del “corsé” es denunciado por la primera como anticonstitucional, como ruptura del “consenso constituyente”, denuncia a la que, como estamos viendo, la Conferencia Episcopal se apunta de manera inmediata. Lee el resto de esta entrada »


Ausencia pedagógica

julio 7, 2020

A lo largo de casi toda la historia constitucional de España la Iglesia Católica ha operado no como una confesión religiosa, sino como una suerte de estado dentro del Estado

Misa en La Almudena COVID19 / CEE

Javier Pérez Royo, El Diario, 8 de julio de 2020

La ausencia del presidente del Gobierno del funeral oficiado el pasado lunes en la cátedra de La Almudena por las víctimas de la COVID-19 debe ser subrayada por su función pedagógica. A lo largo de casi toda la historia constitucional de España la Iglesia Católica ha operado no como una confesión religiosa, sino como una suerte de estado dentro del Estado. Es decir, como un ente con una legitimidad propia que permitía que las autoridades religiosas pudieran entablar una suerte de competición con las autoridades civiles. Ha conseguido, además, tener éxito en esta pretensión, ya que los poderes públicos le han reconocido esa condición. El hecho de que hubiera que esperar hasta la Revolución de 1868 para que se reconociera el “matrimonio civil” en nuestro país lo dice todo.

En un Estado Constitucional digno de tal nombre, una confesión religiosa, sea la que sea, no puede tener ese estatus. Un funeral organizado por una confesión religiosa no puede convertirse nunca en un funeral de Estado. Debe ser un funeral dirigido a los ciudadanos que compartan dicha confesión o que, circunstancialmente, decidan incorporarse al mismo. Pero no puede ser un funeral al que que se dé por supuesto que tienen que acudir las más altas magistraturas del Estado, porque es un acto de Estado. Si alguna o algunas de las personas que ocupan dichas magistraturas quieren acudir al acto, están en su derecho a hacerlo, pero nada más. Y deberían acudir como ciudadanos que se consideran miembros de la comunidad religiosa al margen de la posición política que ocupen.

No debe ser tampoco un funeral que sea retransmitido por la televisión pública. Si alguna cadena privada quiere hacerlo, está en su derecho. Pero la retransmisión por la televisión pública debería estar expresamente prohibido. Lee el resto de esta entrada »


La Iglesia católica siempre vuelve a las andadas

julio 5, 2020

En un momento de desconcierto, por decirlo de manera suave, de la representación política de la derecha española, la Iglesia Católica vuelve a acudir en su auxilio

Javier Pérez Royo, El Diario, 5 de julio de 2020

Casi inmediatamente después de la llegada del Partido Socialista al poder en octubre de 1982, la Iglesia Española en conexión con la Santa Sede ocupada a la sazón por Juan Pablo II, inició el proceso de beatificación de sacerdotes y monjas víctimas de la Guerra Civil. La mayor parte de los lectores no habrían nacido o serían niños o adolescentes y no tendrían ningún recuerdo, pero fue una operación orquestada con mucho boato y prolongada durante bastantes años.

Durante el periodo en que Unión de Centro Democrático, con Adolfo Suárez y Leopoldo Calvo Sotelo, había ocupado la presidencia del Gobierno, la Iglesia Católica no había sentido la necesidad de volver la mirada a los años de la Guerra Civil y de recordar a los “mártires” de aquellos años. Con la llegada de los socialistas al Gobierno se puso en marcha la primera operación de “memoria histórica” tras la muerte del general Franco, exclusivamente dirigida a recordar a los religiosos y religiosas asesinados en esos años.

Mientras la derecha se mantenía en el poder, no había que hacer ningún ejercicio de memoria histórica. Las cosas estaban bien como estaban y no había por qué echar la vista atrás. Más bien lo contrario. En cuanto llegó la izquierda, tal ejercicio resultó imprescindible. La Iglesia puso en marcha una particular operación de lectura de lo que habían sido los años de la Guerra Civil, en los que su participación activa en “La Cruzada” desaparecía por completo, en tanto que se ponía el foco en la violencia ejercida contra ella y padecida especialmente por sacerdotes y monjas. Violencia, solo de una parte. Martirio, únicamente de la otra. Ese es el mensaje que la Conferencia Episcopal conjuntamente con la Santa Sede transmitía al Gobierno socialista recién llegado. Lee el resto de esta entrada »