Financiar casos de pederastia con fondos públicos, por Nuria Alabao

abril 28, 2022

______________

Los familiares de las víctimas de los Maristas se manifestaron en febrero del 2016, después de que se destapara el caso / PERE VIRGILI

_________________
Nuria Alabao, ARA, 28 de abril de 2022

Ha tenido que ser la prensa la que ponga en evidencia la inacción de la Iglesia católica española frente a las acusaciones de abusos sexuales perpetrados por sus miembros durante décadas. De hecho, el Estado español es uno de los escasos países occidentales –junto con Italia– donde todavía no se han realizado investigaciones exhaustivas y procesos de reparación de las víctimas. Hoy, forzadas por la prensa –El Periódico, el ARA, El País–, se han lanzando varias iniciativas que las asociaciones de víctimas consideran insuficientes. La comisión parlamentaria liderada por el Defensor del Pueblo es una de ellas: será a puerta cerrada y aparentemente sin poder coercitivo para obligar al clero a colaborar. Parece que el poder de la Iglesia todavía es capaz de sujetar a buena parte de la clase política. Resuena en este caso, como en otros recientes, el pacto de “no agresión” con el PSOE para poder llevar adelante una legislatura tranquila por ese flanco.

Una investigación de varias universidades ha denunciado la gravedad de la situación y las secuelas que dejan estos abusos. No hay cifras claras, pero se han corroborado al menos 614 casos y 1.264 víctimas –aunque las estimaciones incrementan esta cifra al menos en varios miles más–. En otros países, pueden ascender a cientos de miles. Aunque el grueso de las denuncias parece concentrado entre los 50 y los 80, algunos de estos casos no tienen ni tres años. 

Lee el resto de esta entrada »

Años de sotanas

febrero 13, 2022

Introducir en una mente infantil la idea de la eternidad y del infierno es una perversión que ahora nos parece imperdonable, pero que antes formaba parte de la educación cotidiana

MADRID, ESPAÑA – MAYO DE 1959: Interior del recién inaugurado Instituto Juan de la Cierva en el barrio madrileño de Acacias. En la imagen: Un religioso bendice las aulas del instituto / Archivo Europa Press

Antonio Muñoz Molina, El País, 13 de febrero de 2022

Quien no conoció aquellos tiempos no puede imaginar el poder que los curas ejercían sobre las vidas de casi todo el mundo, mayor cuanto más indefensas estaban las personas sometidas a ellos. Los abusos sexuales eran la consecuencia extrema de un permanente abuso político y social, una atmósfera irrespirable de tiranía eclesiástica. Cuando yo era niño se nos enseñaba que si veíamos a un cura por la calle había que acercarse respetuosamente a él y besarle la mano. Las sotanas de los curas eran tan omnipresentes en los actos oficiales como las camisas azules, los uniformes militares, los correajes y los tricornios de la Guardia Civil. Desde que teníamos seis años debíamos asistir a la catequesis obligatoria, que nos preparaba para la Primera Comunión. A los siete años ya se nos adoctrinaba sobre el pecado, el remordimiento, la culpa, el castigo sin fin de los condenados al infierno.

En las paredes de algunas iglesias había cuadros ennegrecidos en los que se veía a los réprobos ardiendo entre las llamas. Un recurso clásico del padre catequista era encender una cerilla o una vela y pedirte que acercaras un dedo a ella: lo apartabas, claro, al instante, y él afablemente se recreaba en comparar ese dolor tan breve, que sin embargo no habías podido soportar, y la duración eterna y literal que tendría si por tus pecados te condenabas para siempre.

Lee el resto de esta entrada »