El mal llamado “crimen de honor”. Por Waleed Saleh

El pensamiento patriarcal que domina estas sociedades y la mentalidad tribal y religiosa crean un ambiente idóneo para cometer este tipo de crímenes.

Mujeres frente a la bandera iraní durante un mitin en la plaza Imam Hossein en el centro de Teherán para conmemorar el aniversario de Dey 9 Epic, a 29 de diciembre de 2022, en Teherán (Irán) / Foto: Rouzbeh Fouladi / ZUMA Press Wire / DPA
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Waleed Saleh, Público, 31 de marzo de 2023

Un día del mes de octubre de 2022 Niran (nombre ficticio), una joven iraquí soltera de 19 años que vivía en la provincia de Salah al-Din sintió una molestia en el vientre, la familia la acompañó al hospital y el médico les informó de que estaba embarazada. Acto seguido el hermano la asesinó para “lavar la mancha de la vergüenza familiar”. De nada le sirvieron sus gritos (“¡soy inocente!”) cuando el hermano cometía el crimen. Cuando se le practicó la autopsia descubrieron que Niran tenía un tumor en el estómago y no tenía nada que ver con el embarazo. El hermano fue condenado solo a un año de cárcel en aplicación del artículo 406 del Código Penal número 111 de 1969, que estipula una condena máxima de tres años de cárcel para este tipo de crímenes, mal denominados como crímenes de honor.

Dicho artículo establece que: “Quien quiera que sorprenda a su esposa o a una de sus mahrams (aquella persona con quien la relación sexual es incestuosa) en caso de que cometa adulterio o esté en la misma cama con un hombre extraño y la mate en el acto, o mate a los dos o la agreda a ella o a ellos dos, causándoles la muerte, será castigado con una pena de prisión no superior a tres años”. En cambio, si la esposa encuentra a su marido en situación de adulterio y lo mata, ella será juzgada según el artículo 406 que no contempla ningún tipo de rebaja en la condena. Además, el caso de la relación sexual del hombre con una mujer extraña es considerado adulterio solo si se comete en el hogar familiar. Si la relación se realiza fuera de este, no se considera como tal.

A pesar de ser un artículo lacerante y anacrónico, sigue vigente en Iraq y tiene su equivalente en muchos países árabes y musulmanes. Algunos se salvan de esta ley, como es el caso del código penal argelino. El caso de Iraq es aún más sangrante, porque después de la invasión estadounidense del país el crimen de honor ha conocido un brutal incremento, además del secuestro de miles de mujeres que han acabado en el mercado de la prostitución.

Desgraciadamente no se trata de situaciones aisladas; el 2 de febrero de 2023 la bloguera Tiba al-Ali de 23 años fue asesinada por asfixia por su padre en la provincia iraquí de Diwaniya. Tiba acababa de regresar de Turquía, donde había conocido a un joven sirio con el que se quería casar y volvía para convencer a su familia de su propósito. Pero la respuesta resultó dramática y fue seguida por los medios de información, e incluso la ONU llegó a condenar este asesinato, calificándolo como “odioso crimen”. El organismo internacional días después sugirió a los miembros del Parlamento iraquí potenciar el marco constitucional y la eliminación de los artículos 41 y 409 del Código Penal, que incitan al uso de la violencia y la injusticia contra la mujer.

Son centenares los casos que suceden mensualmente en gran parte de los países árabes y de mayoría musulmana. La mujer es víctima y el hombre verdugo, sin embargo, él está amparado por la ley. El honor, en este caso, está relacionado de forma exclusiva con el cuerpo de la mujer y no se entiende como debería: un conjunto de valores como la honestidad, la lealtad, la sinceridad…

Muchos casos de asesinatos bajo la denominación del honor son archivados por falsos testimonios o por la eliminación de las pruebas. Incluso algunas asesinadas son enterradas de forma secreta en cementerios anónimos conocidos popularmente como “cementerios de pecadoras” que carecen de lápidas o cualquier tipo de identificación. Otros casos son registrados como suicidios. La decisión del asesinato de la mujer se toma con frecuencia en un consejo familiar y en ocasiones encargan para la ejecución del crimen a uno de los hijos menores para evitar cualquier condena judicial.

En cuanto al origen del citado artículo (409), resulta sorprendente saber que se inspira en antiguos códigos europeos basados, a su vez, en la ley romana, como el código francés (artículo 324/2); el italiano (587); el belga (412) y el portugués (327), por ejemplo. Asimismo, el Código Penal otomano contenía un artículo (188) en el mismo sentido. Este último fue abrogado por el colonialismo inglés en 1918 y sustituido por el Código Penal Bagdadí, pero mantenía prácticamente el mismo texto referido al crimen de honor.

A nadie se le escapa que la aplicación de este artículo representa una profunda injusticia al permitir que el varón pueda poner fin a la vida de las mujeres de su familia tan solo por haber cometido adulterio. Siendo, además, en muchas ocasiones una acusación infundada.

Tal crimen está relacionado con cuestiones de clase, con el nivel cultural, las costumbres, la tradición y la propia familia. Si se potenciara una educación basada en la igualdad entre niños y niñas, se mejorarían las condiciones materiales de estos países y se perseguiría el machismo como es debido, este tipo de problemas se reduciría a nivel global. Hay que tener en cuenta que las sociedades donde se cometen estos crímenes suelen estar dominadas por la misoginia y el carácter tribal.

El Fondo de Población de Naciones Unidas calcula que alrededor de 5000 mujeres y niñas son asesinadas anualmente en el mundo en nombre del honor familiar. Los hombres también sufren este tipo de crímenes, porque en uno de cada cinco casos de crímenes de honor, la víctima es un hombre. La mayoría de este tipo de crímenes se cometen en Oriente Próximo y al sur de Asia, aunque hay casos registrados en todos los continentes. Abundan en países como Jordania, Palestina, Siria, Arabia Saudí, Kuwait, Yemen, Iraq, Egipto, Irán, Pakistán…

Hay países como Marruecos donde es raro que se cometan este tipo de crímenes. La reacción de la familia ante las relaciones sexuales fuera del matrimonio suele implicar rechazo, desprecio y, en muchos casos, la expulsión del hogar familiar, incluso de la ciudad, de la acusada. La Ley de Enjuiciamiento marroquí concede una rebaja en la condena tanto para el hombre y para la mujer en caso de que se dé este tipo de asesinato, conforme a los artículos (418 y 420). Algo parecido ocurre en los Emiratos Árabes Unidos (artículo 334).

Una de las legislaciones más tolerantes con este tipo de crimen es la de Yemen (artículo 232), cuya condena máxima es de un año de cárcel o el simple castigo con una multa.

El artículo 630 de la Constitución iraní exime al marido de una pena si mata a su esposa siendo testigo del adulterio. La revista médica The Lancet publicó un artículo en octubre del 2020 en el que aseguraba que al menos 8000 asesinatos por honor tuvieron lugar en Irán entre 2010 y 2014, pero sólo se informó de unos pocos. Y conforme a las normas de la sharía sólo los miembros directos de la familia del asesino tienen derecho a solicitar su ejecución, algo que nunca ocurre, quedando el crimen sin castigo, porque la propia familia no quiere perder otra vida además de la asesinada por honor.

En febrero de 2022 Irán vivió un caso terrible que tuvo una amplia repercusión mediática. Un hombre iraní y su hermano fueron detenidos por decapitar a la esposa de uno de ellos de 17 años por crimen de honor. El marido paseó por la calle con la cabeza de la joven y las imágenes fueron difundidos a través de redes sociales, lo que causó una profunda conmoción en la sociedad iraní.

El mal llamado crimen de honor sigue siendo una lacra en muchas sociedades que acaba con la vida de miles de mujeres cada año de manera injusta. En ocasiones el adulterio ni siquiera se llega a dar, pero el asesinato se comete igualmente por celos o desconfianza. La laxitud de la legislación sirve de respaldo a quienes cometen estos homicidios, que se ven animados a cometerlos ante la suavidad de las condenas. El pensamiento patriarcal que domina estas sociedades y la mentalidad tribal y religiosa crean un ambiente idóneo para cometer este tipo de crímenes. Las asociaciones humanitarias y en defensa de los derechos humanos en todo el mundo deberían unir fuerzas y presionar para la eliminación de todos estos artículos de los códigos penales que resultan tan permisivos con crímenes como estos.

Waleed Saleh es miembro del Grupo de Pensamiento Laico


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