Fundamentos de la escuela laica

Catherine Kintzler / Foto  Revue des deux mondes

12  de noviembre de 2018

Finalizaba el pasado día 10 el período de consulta que el Ministerio de Educación y Formación Profesional había dado para la presentación de aportaciones a su Anteproyecto de Ley de modificación de la actual Ley de Educación (modificación que no derogación de la LOMCE).

El anteproyecto presentado, y al que Europa Laica aportó una serie de sugerencias, solo supone un mínimo avance en temas como “religión en la escuela”, muy lejos aún de lo que podría considerarse escuela laica. El Anteproyecto propone:

•Organizar la enseñanza de la religión confesional de modo que no exista  la obligación de cursar una materia alternativa por quienes no soliciten dicha enseñanza.
•Dejar de considerar la religión confesional como una  materia específica  en 1º y 2º de Bachillerato.
•Evitar que, como consecuencia de lo anterior, la calificación que pudiera obtenerse en esta materia se tenga en cuenta en el cálculo de la media  en los procesos de acceso a la universidad, becas y otros similares.
•Suprimir de la parte dispositiva la regulación del currículo, estándares de aprendizaje,materiales didácticos y libros de texto de la enseñanza de la religión confesional, por reglamentista e impropia de esta ley.

Es por ello que resulta tan ilustrativo ahora como entonces lo que que Catherine Kintzel escribía en 1992 -revista Leviatán nº 48- sobre la escuela y la escuela laica: Fundamentos de la escuela laica:

Fundamentos de la escuela laica -fragmentos-

Tres son los elementos que se conjugan para formar el concepto de laicismo. El primero se aplica a la sociedad civil y el segundo a los poderes públicos. Sólo el tercero, aplicado a la escuela republicana, es problemático y nos obliga a salir del marco estrictamente jurídico. Pensar en la escuela laica no es pensar en un simple espacio de tolerancia, sino en un espacio alejado, en la medida de lo posible, de la sociedad civil; es por tanto a la teoría de lo que se hace en la escuela —teoría que engloba tanto la cuestión del saber como el concepto de autoridad— a la que debemos remitirnos. […]

[…] La escuela es un espacio en el que se instruye sobre las razones de las cosas, las razones de los discursos, las razones de los actos y las razones de las ideas. Se instruye de todo ello para que cada cual adquiera su propia fortaleza y capacidad, es decir aquello que nos permite prescindir de guías y maestros. . Por lo demás, no existe fortaleza más auténtica que la que nos permite escapar a todo tipo de dependencias. Y ello no se consigue sino sustrayéndose en primer lugar a las fuerzas que obstaculizan esta conquista de la propia autonomía. Para conquistar la propia fuerza es preciso escapar a la fuerza de la opinión, a la exigencia de adaptación, a las circunstancias sociales. Así pues, la tarea prioritaria de la escuela no es la de descubrir al niño el mundo que le rodea, sino la de descubrirle lo que ese mundo le oculta. No se trata de adaptar, ni de ampliar horizontes, sino de emancipar. […]

[…] Este movimiento de alejamiento, este movimiento de retracción necesario para la emancipación, supone una ruptura con las circunstancias sociales, con lo que se presenta bajo la autoridad del hecho simple. Para integrarse en la humanidad es preciso desvincularse temporalmente de la sociedad. Y este alejamiento no se consigue —hace ya 2500 años que se tiene la certeza y la experiencia de ello— sino mediante un circuito, y empleo el término «circuito» expresamente para designar el saber enciclopédico  … Fruto de los esfuerzos de la humanidad, el saber enciclopédico se impone a la humanidad por su propia fuerza, sin necesidad de ejércitos; no habla en nombre de nadie y no recurre a ningún Dios … El saber enciclopédico, en cambio, no reconoce más autoridad que la de la razón y la experiencia razonada. […]

[…] No se acude a la escuela como se acude a consumir un «servicio»: en la escuela uno se compromete plenamente en su relación con la libertad. De ahí que la concepción de la escuela laica requiera ideas más elevadas que una simple norma jurídica. Se trata pues de descartar todo lo que sea susceptible de entorpecer el principio del libre examen, todo lo que pueda suponer un obstáculo para la importancia de la liberación mediante el pensamiento. Es evidente que quien llega a declarar sin ambages, de una manera o de otra, que para él no existe sino un libro, una palabra, y que la verdad es cuestión de revelación, se está protegiendo de facto de un universo en el que hay libros y palabras, de un universo en el que la verdad es cuestión de análisis. Así pues, hay que comenzar por liberarlo: que regrese luego a sus creencias, si así lo desea, pero que lo haga por sí mismo, por conclusión y no por sumisión….

 

Fundamentos de la escuela laica. Texto completo

Para descarga

Ver este documento en Scribd

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: