Porque hay memorias que se protegen y memorias que se entierran

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Juan Cigarría, La Nueva España, 8 de mayo de 2026
Durante casi setenta años, el monumento del Simancas ha seguido ahí. Visible, intocable, presidiendo una de las fachadas del Colegio de la Inmaculada de Gijón como si formara parte natural del paisaje. Como si aquella cruz de piedra y aquella inscripción dedicada a los “caídos por Dios y por la Patria” no fueran una exaltación explícita del golpe militar de 1936 y de quienes instauraron después cuarenta años de dictadura. Eso es, precisamente, lo más revelador del Simancas, no solo lo que representa, sino el tiempo que ha conseguido sobrevivir.
Porque no estamos hablando de una ruina olvidada ni de un vestigio perdido en un almacén. Hablamos de un monumento levantado en pleno franquismo, inaugurado en 1958 con autoridades de la dictadura y concebido para glorificar a los sublevados atrincherados en el antiguo cuartel de Simancas durante la guerra. Propaganda política convertida en piedra. Un relato construido por los vencedores para imponer su memoria sobre todas las demás. Y, sin embargo, ahí ha seguido durante décadas.
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Posted by asturiaslaica 



















