La misa semanal une a la élite catalana: de Illa a Puigdemont, Pujol, Junqueras, Rull o Garriga

octubre 6, 2024

Los máximos dirigentes catalanes, ya sean de derechas o izquierdas, están unidos por un invisible hilo: todos son católicos practicantes, siguiendo el camino marcado en su día por el expresident Jordi Pujol, gran devoto

Illa y Rull, junto al abad de Montserrat en el milenario de la abadía el pasado 7 de septiembre / (EFE)
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Antonio Fernández, El Confidencial, 6 de octubre de 2024

¿Qué tienen en común Salvador Illa, Oriol Junqueras, Carles Puigdemont, el presidente del Parlament catalán, Josep Rull, el exconseller de Interior Joan Ignasi Elena, o Ignacio Garriga, líder de Vox en la comunidad? Que son católicos practicantes. Todos llevan su práctica religiosa con regularidad. Ya lo hacían Jordi Pujol y Artur Mas. Ni que decir tiene que la cúpula de UDC, por su propia condición de democristiana, estaba imbuida del sentimiento religioso (un ex de Unió, Ramon Espadaler, es hoy consejero de Justicia con Salvador Illa), pero la concepción de misa dominical parecía quedar lejos de otros líderes políticos. Sin embargo, hay un hilo invisible, religioso, que une a casi todos los principales dirigentes políticos catalanes en cuyas manos está, en este momento, la gobernabilidad de la comunidad.

El actual presidente de la Generalitat, Salvador Illa, es un ferviente devoto católico, tan practicante como reservado. Dicen quienes le conocen que incluso supera en religiosidad a su predecesor Artur Mas y que está a la altura de Jordi Pujol, el president que en los años 80 no faltaba al oficio dominical en la iglesia de Sant Gregori Taumaturgo, junto a su esposa Marta Ferrusola y al secretario general de Presidencia, Lluís Prenafeta.

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Consuelo García del Cid: “El Patronato era un sistema absolutamente nazi, una Gestapo española contra las mujeres, de la que nadie ha hablado”

octubre 6, 2024

Ángel Nero entrevista a Consuelo García del Cid, escritora, investigadora y activista, que ha sacado a la luz la realidad de los reformatorios del Patronato de Protección a la Mujer, en libros como “Las desterradas hijas de Eva” o, recientemente, en “La niña del rincón” y “Dolores”

Consuelo García del Cid
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Ángel Nero, Nueva Revolución, 6 de octubre de 2024

Cuando Consuelo García del Cid (Barcelona, 1958) se despidió de sus compañeras, en el patio del reformatorio, en 1976, hizo una promesa con ellas y consigo mismo, “esto lo voy a contar, el país entero se va a enterar de lo que nos han hecho”. Pasaron los años y Consuelo fue recopilando información sobre el Patronato de Protección a la Mujer, un organismo franquista que había perdurado en la democracia (estuvo activo desde 1941 hasta 1984), donde se internaba a las “descarriadas”, a las jóvenes que se alejaban de la estricta moral franquista, un capítulo más de la guerra contra las mujeres, de la dura represión que el régimen fascista ejerció contra ellas, porque, fueran del bando que fueran, todas las mujeres perdieron en el franquismo.

Primero Consuelo acudió a las enciclopedias, a las hemerotecas, con poco resultado, “allí no había nada, era como si no hubiera existido”, más tarde, con la aparición de internet, empezó a tirar de los hilos, “ahí comenzó un trabajo de muchos años, porque yo no quería contar un cuento, quería presentar pruebas, y necesitaba documentación que lo acreditara.” Durante los años 70 y 80 colaboró con varias publicaciones como Ajoblanco, Ozono o El Viejo Topo, y en 2012, finalmente, recogió en “Las desterradas hijas de Eva” el fruto de su trabajo, donde sacó a la luz el brutal sistema penitenciario que sufrieron las menores internadas en los centros del Patronato.

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La investigadora que denuncia el “borrado” andalusí de la Mezquita: “Creo que Icomos debería haber intervenido antes”

octubre 6, 2024

Vanesa Menéndez Montero publicó su informe[1]para World Heritage Watch en junio, y en julio recibió una respuesta del Cabildo: “No importa que las exposiciones sean temporales porque ofrecen una experiencia distorsionada”

El presidente Icomos España, Juan Carlos Molina, (centro), junto al deán del Cabildo Catedral, Joaquín Alberto Nieva, ante la Mezquita-Catedral
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Juan Velasco, Cordópolis, 6 de octubre de 2024

Vanesa Menéndez Montero sostiene que acabó investigando la gestión de la Mezquita de Córdoba de forma casual. A través de Twitter se puso en contacto con una asociación aragonesa de protección del patrimonio, ya que estaba realizando su tesis doctoral sobre la protección del patrimonio cultural inmueble desde el punto de vista del derecho internacional. Fue esta asociación la que le habló de la gestión de la Mezquita-Catedral de Córdoba, y la investigadora, actualmente asociada a la Universidad Humboldt de Berlín, comenzó a tirar del hilo.

Su investigación acabó dentro del informe anual de la organización World Heritage Watch, que se publicó en junio. Y ha sido unos cuantos meses después, cuando los medios de comunicación han llegado hasta el informe, cuando su mirada crítica sobre la gestión de la Mezquita de Córdoba ha llegado a la opinión pública.

En una entrevista telefónica con Cordópolis, Menéndez Montero defiende que su investigación del monumento fue incluso anterior a la publicación del documento, y que su aproximación tenía que ver con analizar la situación desde una perspectiva de derecho internacional, especialmente dado que las vías legales dentro de España parecían haber llegado a un punto muerto para las voces más críticas con la gestión que hace el Cabildo -la de la Plataforma Mezquita-Catedral de Córdoba, mencionada en su informe y a quien el Cabildo vincula con la investigadora-.

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Así pedía dinero a Franco el Opus Dei: un “sacrificio económico al servicio de Dios, la Patria y el Nuevo Estado”

octubre 6, 2024

La dictadura fue crucial en la expansión de la organización religiosa. Su fundador, Escrivá de Balaguer, declarado santo en 2002, llegó a decir en 1939: “Creo que habremos de bendecir la guerra”

Carta de Álvaro del Portillo a Franco facilitada por el investigador británico Gareth Gore, autor de ‘Opus’ (Editorial Crítica)
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Natalia Junquera, El País, 6 de octubre de 2024

Catorce de julio de 1952. Álvaro del Portillo, uno de los primeros miembros del Opus Dei y el sacerdote que sustituiría al fundador, José María Escrivá de Balaguer, tras su muerte en 1975, escribe a Francisco Franco. “Excelencia, he venido desde Roma con el solo objeto de solicitar una audiencia con V.E., pero, como, dado lo avanzado del verano, me temo no pueda tener el alto honor y la alegría de visitarle para hablar de nuestra labor y proyectos y exponerle otras muchas cosas que a V.E., como buen hijo de la Iglesia y Señor natural de los españoles le habrían de interesar, me permito dirigirle la presente carta”. La misiva, facilitada a EL PAÍS por el investigador británico Gareth Gore, autor de Opus (Editorial Crítica), tiene un objetivo concreto al que la mano derecha de Escrivá de Balaguer llega tras unos cuantos rodeos: pedir dinero.

Del Portillo recoge en la carta los contactos previos entre Escrivá de Balaguer y Franco, quien, según describe, ya había manifestado “varias veces” su “deseo sincero” de ayudar al Opus. Cuando estalla la Guerra Civil, el fundador de la organización cambió la sotana por un mono azul, se puso el anillo de boda de su padre, se alojó en ocho casas distintas y llegó a esconderse en un manicomio. Tenía miedo a ser asesinado como otros religiosos. Del Portillo, ingeniero al que había convencido para que fuera sacerdote, le acompañó en parte de esa huida. P

ero la victoria de Franco creó, explica Gore, “las condiciones perfectas” para la expansión del Opus Dei. Por un lado, “hizo obligatorias las clases de religión y animó a las órdenes religiosas a que crearan residencias donde los alumnos pudieran ser vigilados. Las medidas jugaron a favor de la Obra y de su experiencia previa en la gestión de residencias de estudiantes”. Escrivá, que fue declarado santo en 2002, era muy consciente de lo que supondría ese empujón. En una carta al sacerdote Ricardo Fernández Vallespín, miembro del Opus, y fechada en Madrid el 27 de abril de 1939, llegó a escribir: “Creo que habremos de bendecir la guerra”.

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