Primero, que devuelvan lo inmatriculado

En Gara dedican el editorial al acuerdo del Gobierno navarro con el obispado, publicado ayer, por el que la iglesia cede, con condiciones, 13 pisos para alquiler social

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El Vicepresidente navarro y el arzobispo Francisco Pérez firman el acuerdo Gobierno de Navarra sobre “cesión” de viviendas para alquiler social / Religión Digital

Editorial Gara / Vía Observatorio del Laicismo, 31 de agosto de 2021

El Gobierno de Nafarroa anunció ayer como un logro novedoso el acuerdo según el cual el Arzobispado de Iruñea y Tutera cederá 13 viviendas de su titularidad para que la empresa pública Nasuvinsa las incorpore a su parque de viviendas de alquiler social. Todo movimiento que camine en la dirección de ampliar ese limitado parque de vivienda asequible es, a priori, una buena noticia. Pero conviene leer la letra pequeña y contextualizar el acuerdo antes de aplaudir a ciegas al Arzobispado por las mencionadas cesiones.

Primero de todo, se entiende que son viviendas en desuso, porque deberán ser reformadas. Las obras correrán a cuenta de Nasuvinsa, que aportó un presupuesto global de 114.200 euros para dotar a las viviendas de la habitabilidad requerida por la Bolsa de Alquiler. El convenio entre Gobierno y Arzobispado asegura que este gasto correrá a cuenta de la propiedad, es decir, de la Iglesia, pero quien va a adelantar dinero –de todos los contribuyentes– es Nasuvinsa.

El convenio señala que la propiedad deberá liquidar el importe al terminar las obras, «o bien se le descontará de las mensualidades de renta a abonar por la sociedad pública». Un recordatorio de que la cesión es relativa, pues la Iglesia obtendrá una rentabilidad del alquiler de unos pisos que tenía en desuso. Visto así, también podría decirse que Nasuvinsa ejercerá de generosa inmobiliaria de la Archidiócesis: ejecutará y pagará en primera instancia unas reformas que la propiedad podrá liquidar con el propio alquiler que gestionará la empresa pública.

Es una buena noticia que el parque de alquiler social en Nafarroa se amplíe –aunque esos 13 pisos solo supongan un 1,5% del parque total–, pero no es de recibo que con ello se trate de lavar la cara a una Archidiócesis que, conviene no olvidarlo, ha sido responsable de centenares de inmatriculaciones en las últimas décadas, en un proceso opaco a través del cual la Iglesia ha inscrito como suyo numeroso patrimonio de pueblos y valles de Nafarroa. Ceder 13 viviendas está bien, devolver lo inmatriculado estaría mejor.

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