Aquella excursión universitaria al Monte Naranco, por Manuel Maurín

Facebook nos recuerda que exactamente, tal día como hoy, hace un año “compartimos” un texto de Manuel Maurín Álvarez que recordaba una de las salidas de los profesores Leopoldo Alas (Clarín), Sela y Aramburu con su alumnado por el Monte Naranco. Anécdota publicada también en su blog “Diario del Aire” un 23 de agosto de 2020: Con Leopoldo Alas (Clarín) en Santa María del Naranco

Santa María del Naranco, principios del siglo XX con a la derecha, un «adosado», sí como una escalinata frontal y un campanario añadidos

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Manuel Marín Álvarez, 23 de agosto 2021

Frente a Santa María del Naranco los profesores Leopoldo Alas (Clarín), Sela y Aramburu explicaban a los alumnos de Derecho Natural porqué aquel edificio con apariencia de templo religioso y utilizado para el culto no podía haberse concebido originalmente para dicha función, señalándoles las obras y añadiduras que desvirtuaban su aspecto primitivo, como la espadaña o la escalinata central.

Escondido tras uno de los contrafuertes también escuchaba atentamente el cura, cuya casa estaba precisamente adosada al edificio principal ocultando tres arcos prerrománicos similares a los que, sin alteración, se podían observar en la fachada opuesta. Si a ello se añadía que las paredes laterales estaban horadadas también con arcos y se percibían vestigios de balcones y pasamanos exteriores, quedaba claro que aquella estructura, antes de ser modificada, en nada servía para acoger liturgias sacramentales resultando, en cambio, útil como casa de recreo con exquisitos miradores y privilegiadas vistas a la ciudad y a la pintoresca campiña que la rodeaba.

Subiendo el grupo después al altozano en que se ubicaba San Miguel de Liño, que sí tenía -aunque amputada parcialmente- todas las trazas y formalidades de una iglesia altomedieval, uno de los profesores se preguntaba en voz alta qué lógica podría sustentar la presencia de dos templos de culto de la misma época en tal proximidad y los alumnos asentían con racional certidumbre mientras el cura, ahora oculto entre unos setos de avellano, negaba para sí por convicción interesada, antes incluso que por razón de fe. Tras tomar un refrigerio en la Fuente de los Pastores la excursión continuó hacia la cima y la llamada Bocana de Brañes, completando los profesores de Ciencia la parte histórica con el análisis de los asomos minerales y las plantas que colonizaban los escarpes superiores, para terminar explorando, con la ayuda de un mapa, los pueblos y campos limítrofes a los ríos Nora y Nalón que se divisaban desde la cumbre.

El cura pensó entonces que, seguramente, los catedráticos persuadirían a los estudiantes de que las riquezas naturales del monte no eran fruto de la creación divina sino de la extravagante teoría de la evolución, pero en vez de seguirles bajó a la carrera en dirección contraria con la sotana arremangada, dando saltos y chapoteando por el Río San Pedro, para informar al obispo de las perversas ideas y veladas acusaciones de apropiación que había escuchado respecto a la iglesia de Santa María, especialmente por parte de Alas, el mismo que con sus escritos ateos y liberales se burlaba cada día de la iglesia y de las tradiciones piadosas de la Catedral.

En aquellos años la relación entre la universidad y el obispado no pasaba por su mejor momento después de que las enseñanzas teológicas hubiesen sido relegadas a favor de las ciencias y el derecho, al tiempo que la nueva metodología de impartir las clases, participativa y crítica, desagradaba a los estamentos anclados aún en los rituales y los formalismos alambicados.

Por el contrario, el claustro universitario, dirigido por una generación de profesores y estudiantes de ideas regeneradoras, estaba empeñado en extender el saber académico más allá de las aulas y las élites y acercarlo a las clases populares, para lo que habían creado las colonias escolares de vacaciones, la extensión universitaria y los cursos de cultura superior popular, al tiempo que programaban conferencias, fiestas literarias y excursiones para enseñar a los alumnos a leer directamente en el libro abierto de la naturaleza, como preconizaba la Institución Libre de Enseñanza.

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