Antimilitarismo y anticlericalismo

enero 18, 2021

José Antonio Ojeda García, El Salto, 18 de enero de 2021

Las personas de izquierda que conocemos la historia de las asonadas militares en España, además de ser pacifistas por ideología nos vemos impulsadas a ser antimilitaristas por las consecuencias nefastas para el desarrollo en lo social, lo cultural y en lo económico que han supuesto los militares en nuestro país.

La institución militar no ha actuado sola, ha gozado también del apoyo de la Iglesia Católica, unas veces solapado y otras de forma abierta desde los púlpitos y sus medios de difusión y propaganda.

La institución militar y la religiosa han estado al lado y a las ordenes de las oligarquías financieras, industriales y terratenientes latifundistas para reprimir todo intento del pueblo de huir del hambre y de la incultura. Sin importarles el número de muertes de inocentes, los encarcelamientos y los destierros llegando incluso a la usurpación de bienes; desposeyendo aún más a quienes nada tenían. Por ello al antimilitarismo hay que añadir el anticlericalismo.

España es un país con una larga tradición en asonadas militares, intentos de golpes de estado contra el poder establecido, que si bien no lograban su objetivo último si condicionaban el desarrollo del devenir de los asuntos públicos.

Los envenenamientos y el uso de sicarios para conseguir el poder eran moneda de uso corriente en todos los reinos e incluso en la jerarquía eclesiástica. El primer intento de hacerse con el poder a través de un golpe militar se produce en 1677 por don Juan José de Austria, hijo bastardo de Felipe IV. El siglo XIX se caracterizó además de por las asonadas militares y el inicio de las guerras carlistas apoyadas por el clero y en la última mitad del siglo ocupando los “espadones” los Consejos de Ministros. Haciendo desaparecer a la I República y estableciendo la Restauración borbónica.

Estos antecedentes son el caldo de cultivo para que en el siglo XX las oligarquías militares se arroguen el derecho una y otra vez de salvar la patria. Es decir, defender los intereses de la aristocracia terrateniente y latifundista, la oligarquía financiera sin escrúpulos y las grandes industrias que no dudaron en utilizar el pistolerismo profesional para eliminar a los sindicalistas que luchaban por unas condiciones laborales más justas. Lee el resto de esta entrada »