Golpe de Estado y religiosidad del Dictador

enero 22, 2021

Francisco Franco y el beso (fragmento) 7 Foto D.P.

Víctor Moreno, Nueva Tribuna, 22 de enero de 2020

Más que un tópico

Es un dogma decir que el problema religioso fue causa primera del golpe de Estado y de la Guerra advenida tras su fracaso; que la persecución religiosa y la quema de conventos con monjas y frailes dentro fue la mecha que explotó la decisión de los militares africanistas para echarse al monte. Y que el trato que la II República dio a la Iglesia jerárquica e institucional fue la dinamita bien cebada que hizo estallar la paciencia de los militares africanistas.

¿En qué medida esta argumentación conductista influyó en estos “militares ambiciosos e ignorantes”, tal y como los calificó el coronel de caballería e historiador Carlos Blanco Escolá? Y, mucho más específicamente, ¿en qué medida el polvorín de la religión contribuyó en la decisión final del Dictador, “ese cerdo jesuita”, como lo llamó Hitler, para sumarse a última hora al pelotón de los golpistas dirigidos por Mola, un tipo que nunca dio muestra alguna de religiosidad?

Una primera aproximación podría formularse en clave hipotética. Si a esta casta de militares ambiciosos les importaba la religión y sus practicas, habría que decir que se lo tuvieron muy callado. En la vida, lo habitual es que, cuando algo/alguien forma parte de las obsesiones de un individuo, estas se plasmen de algún modo en las ideas, en las palabras y en la conducta. Y este acto reflejo no parece que fuese el caso, toda vez que en África y en la Península estos militares jamás manifestaron preocupación alguna por el problema religioso, ni se caracterizaron por ser practicantes católicos. Como la mayoría de los españoles cumplían con pascua florida, si es que lo hacían, y adiós muy buenas.

Durante la II República, no abrieron su boca en esta materia, ni en otras de parecida naturaleza. Cuando Azaña el 13 de octubre de 1931 dijo en las Cortes que “España había dejado de ser católica” en términos de Estado, que no sociológicamente, los militares que, luego se rebelaron contra la República, ni protestaron ni dijeron nada en contra de la tesis de Manuel Azaña, reproducida íntegramente por el periódico El Sol, el día 14 de octubre.

Si se analiza la “política religiosa de la II República” en aquellos decretos, órdenes y leyes que guardaban alguna relación con el Ejército, vemos que contra los que se citan a continuación no hubo ninguna protesta formal por parte la superioridad militar: Decreto del 13.5.1931, por el que se somete al cuerpo eclesiástico del ejército a las normas generales para la jubilación; Decreto del 10.7.1931, por el que se declara extinguido el cuerpo eclesiástico de la armada; Decreto del 4.8.1931, por el que se disuelve el cuerpo de capellanes de Prisiones; Decreto del 17.11.1931, por el que se pone en práctica la extinción del cuerpo eclesiástico de la armada; Ley de 30.6.1932, por la que se disuelve el cuerpo eclesiástico del Ejército; Decreto de 2.8.1932, por el que se suspenden las celebraciones del culto en las dependencias del Ministerio de Marina; Orden 17.4.1933, por el que se suprimen los privilegios de los sacerdotes respecto al servicio militar. Lee el resto de esta entrada »