Ateo por la fuerza de la razón

marzo 1, 2020

La religión no puede convertirse en creencia probada y verdad inamovible, a través del poder institucional.


Laicismo y religión

marzo 1, 2020

Fuente imagen: Charla-debate “Laicismo y religión” / Murcia Laica

Pepe Sánchez, La Opinión de Murcia, 1 de marzo de 2020

La laicidad es una concepción de la vida en la que se aboga por la ausencia de filosofía o religión oficial en los Estados; no se admite ninguna verdad obligatoria. El laicismo es el movimiento histórico que reivindica la implantación de la laicidad.

La laicidad es la forma más justa de organización del Estado, es un vínculo común a los ciudadanos, y permite que éstos vivan sus diferencias en libertad e igualdad. Laicidad y democracia son dos caras de la misma moneda.

Los principios laicos de la libertad de conciencia y de igualdad de los ciudadanos son la base de la democracia auténtica.

La laicidad es, ante todo, un principio de concordia de todos los ciudadanos. Para que esto se logre, el Estado ha de ser ajeno a todas las religiones, por lo que debe de haber una separación neta de las Iglesias y del Estado. Y éste ha de mantener una neutralidad con respecto a las opciones de conciencia de cada ciudadano.

Si observamos la historia de la humanidad, vemos que en la Antigüedad las religiones politeístas fueron generalmente más tolerantes que las monoteístas (Egipto, Babilonia, India, Grecia, Roma, etc.) ya que las primeras asimilaban los dioses de otras religiones. En la Europa occidental hubo intolerancia religiosa: expulsión en masa de judíos y moriscos, caza de brujas, noche de San Bartolomé, etc. Hasta 1598, Enrique IV de Francia, con el edicto de Nantes, se empieza a proteger a los hugonotes, pero en España campa a sus anchas el Tribunal de la Inquisición. Al llegar la Ilustración ( Voltaire, la Enciclopedia, etc.) crece la libertad religiosa. Y sólo tras la Revolución Francesa, en la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, se instituye por primera vez la libertad de culto, pero la secularización de la vida pública hubo de esperar en Francia hasta el 9–12-1905, cuando se aprobó la Ley de Separación de las Iglesias y el Estado. Lee el resto de esta entrada »