Jesús Sanz Montes critica a Greta Thunberg en la misa celebrada en la Catedral en honor de la patrona de Oviedo a la que asistieron el alcalde y parte del equipo de gobierno

diciembre 11, 2019

Jesús Sanz: “Santa Eulalia no fue una niña usada para promover cambios y sus climas”

El arzobispo de Oviedo, ayer, en la Catedral, ante la presencia de los concejales Conchita Méndez, Leticia González y Alfredo García Quintana, durante la misa en honor de Santa Eulalia de Mérida.

El arzobispo de Oviedo, ayer, en la Catedral, ante la presencia de los concejales Conchita Méndez, Leticia González y Alfredo García Quintana, durante la misa en honor de Santa Eulalia de Mérida / IRMA COLLÍN

E. Vélez, La Nueva España, 11 de diciembre de 2019

El arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz, no se dejó prácticamente nada en el tintero durante su homilía de la misa celebrada ayer en la Catedral en honor de la patrona de la ciudad, Santa Eulalia de Mérida. Habló tanto del espíritu navideño, y de las luces de las fiestas instaladas en Oviedo, como de la cruzada personal de la santa en el siglo IV contraponiendo su lucha, de manera velada, con la de la activista medioambiental Greta Thunberg.

Eulalia de Mérida murió a los doce años víctima de un martirio ordenado por el emperador Diocleciano para castigarla por su cristianismo. Sanz se refirió a ella como una “niña distinta”, que prefirió morir en nombre de Jesús antes que adorar ídolos paganos y que, según dijo minutos después, “no fue usada para promover algunos cambios y sus climas”. Una crítica velada a la activista sueca Thunberg, de dieciséis años, que recaló el fin de semana en Madrid para participar en la Cumbre del Clima con el objetivo de alertar a la población sobre la necesidad de proteger el medioambiente ante la creciente destrucción de la biodiversidad y que cosecha tantos defensores como detractores. Estos últimos, denuncian que está siendo utilizada por su familia y por colectivos políticos. Lee el resto de esta entrada »


El nefasto papel de la iglesia en la historia de España

diciembre 11, 2019

Pedro Luis Angosto, Nueva Tribuna, 11 de diciembre de 2019

Decía Estrabón que España era un país lleno de árboles y de vegas fértiles que siempre había atraído a otros pueblos por su riqueza, clima y la afabilidad de sus habitantes. Antes de que la Iglesia Católica se hiciese con las riendas del poder en todos los territorios peninsulares, griegos, fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos, godos y musulmanes encontraron aquí no sólo un lugar para comerciar, sino también para vivir durante siglos. La ambición de los reyes de Castilla y Aragón, emparentados desde el principio de los tiempos, les llevó a iniciar una larguísima campaña, cruz en mano, para expulsar a los herejes musulmanes que habían ocupado casi todo el país creando uno de los periodos más fértiles de la historia medieval de Europa: El Califato de Córdoba. Mientras los reyes de Castilla y Aragón se consumían en rezos y batallas, en reprimir a sus súbditos para construir Iglesias y financiar sus guerras, mientras la mayoría de ellos apenass abían leer ni escribir, en Córdoba había una biblioteca con medio millón de ejemplares en los que se recogía todo el saber clásico abandonado por los cristianos durante todo ese tiempo de oscuridad que fue el medievo en Europa.

Los reyes utilizaron la religión como instrumento de poder, la Iglesia utilizó a los reyes para conformar la mentalidad del pueblo a su imagen y semejanza. No escapó a ello ningún territorio peninsular, todos compitiendo por la santidad, por estar a la derecha del Padre, que era lo que de verdad daba bienestar en la vida terrenal. Al contrario que en otros países de nuestro entorno, aquí no calaron las reformas protestantes, siendo segadas de raíz cuando de la mano del Obispo Carranza  y los iluminados, entre los que estaban los hermanos Valdés, asesores de Carlos I, comenzaban a prender.

El Concilio de Trento, financiado y defendido en buena parte por la monarquía española de  Carlos I y Felipe II, abrió una grieta entre España y el resto de Europa que todavía no se ha cerrado. España se desangró en defender el catolicismo de los Habsburgo y de los romanos, se consumió en ello, llegando en su entrega a la causa pontifical a crear un pensamiento único del que apenas lograron escapar los escritores de novela picaresca, Cervantes, Velázquez, Joan Timoneda y poco más.

¿Hasta cuándo vamos a consentir que una creencia, absolutamente respetable, que no debe salir del interior del creyente siga marcando negativamente nuestras vida y nuestra historia?

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