El belén es un hecho religioso

diciembre 17, 2019

 

 

 

Víctor Moreno,  Nueva Tribuna, Nueva Tribuna

La mejor manera de demostrar que montar un belén en los edificios públicos rompe cualquier protocolo y que no debe figurar en dichos establecimientos del Estado, es recordar el contenido de “las recomendaciones de la Iglesia para vivir la Navidad”. Tales recomendaciones proceden del “Directorio sobre la Piedad y la Liturgia”elaborado por la “Congregación para el Culto y Divino y la Disciplina de los Sacramentos”, made in Vaticano.

El Directorio pudo establecer diez recomendaciones, como los mandamientos de la ley de Moisés, pero no. Inexplicablemente, se quedaron en nueve. Todas ellas derivan de la consideración de Navidad como hecho religioso fundamental en la fe del cristiano y, en especial, de su representación más simbólica, el llamado Belén o Pesebre navideño.

Cuando el Estado no defiende la naturaleza aconfesional de sus instituciones públicas y mete de matute en ellas belenes y demás adornos navideños,refuerza la presencia y permanencia de una determinada religión, la católica y quienes esto lo permiten y lo aplauden ni son respetuosos con quienes profesan otra religión; ni, tampoco, constitucionalistas a pesar de comer todos los días Constitución a la meniere”

El texto da la sensación de que el cristiano sin Navidad parece que le falta el referente más importante de su fe. Veamos. Lee el resto de esta entrada »


Laicidad del Estado y proceso constituyente

diciembre 17, 2019
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Imagen (en color) de César Mejía

Diego Jiménez, La opinión de Murcia,17 de diciembre de 2019

El pasado día 9 se celebró el Día Internacional del Lacismo y de la Libertad de Conciencia, una efeméride que conmemora hechos históricos de honda significación en relación con la laicidad del Estado. Así, recordemos que el 9 de diciembre de 1905 Francia aprobó la Ley de Separación de las Iglesias (sic, en plural) y el Estado; ese mismo día de 1931 las Cortes Constituyentes de la Segunda República aprueban una constitución inequívocamente laica; y un día posterior, pero de 1948, se proclama por la ONU la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que apela, entre otras cosas, a la libertad de conciencia.

En España, cuando se han cumplido ya los 41 años de entrada en vigor de nuestra Carta Magna, podemos afirmar que el Estado dista mucho de ser laico. La ambigüedad calculada del nuestra Constitución tiene mucho que ver con ello. El artículo 16.3 reza así: «Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones». Es decir: por un lado, se propugna una tibia declaración de aconfesionalidad, que no de laicidad, pero se reconoce por parte del legislador el enorme peso que tenía (y que aún sigue manteniendo) en esos momentos la Iglesia católica.

Esa no ruptura de ataduras del Estado respecto de una confesión, la católica, que, aun mayoritaria, dista mucho de ser representativa de la sociedad española del siglo XXI, se manifiesta en la actitud claramente confesional de muchos cargos públicos en el ejercicio de su función, desde la ostentación pública de fe por parte de la familia real, pasando por el juramento del cargo, ante una Biblia y con un crucifijo, por parte de algunos ministros y otros cargos públicos, y terminando por la celebración de funerales de Estado con el rito católico, obviando el carácter civil que debieran tener esas ceremonias. Lee el resto de esta entrada »