Los montañeros ateos, contra la virgen del Picu

La Virgen de las Nieves

Martín Martín Álvarez
Cartas de los lectores
La Nueva España, 29 de agosto de 2018

Me dispongo a tomar mi café mañanero, abro el periódico y leo, estupefacto: “Un grupo de montañeros volverán a subir la virgen a la cima del Urriello tras haber sido víctima del vandalismo (sic)”. Se me atraganta el café porque de nuevo los alegres muchachos adalides de la intolerancia, hinchados de soberbia, vuelven a apropiarse de la cumbre de una montaña. No les bastan las cruces que ensucian nuestras cumbres o los aberrantes belenes de cumbres que año tras año ponen en unos lugares que son de todos, no sólo suyos. El pequeño detalle de que existen personas no creyentes no parece importarles, ellos a lo suyo, a imponer sus creencias cueste lo que cueste y sea como sea, colocando en la cima del Picu una imagen que ofende profundamente a un montañero ateo como yo.

Inasequibles al desaliento, las huestes de la superstición y la “tradición” porfían en colocar la imagen en la cima en contra de los que defendemos que las cimas de las montañas no haya nada, ni cruces, ni imágenes, ni belenes, sólo un humilde montón de piedras batido por los vientos.

Nadie les impide a ustedes llevar en su mochila cuantas imágenes deseen, hasta pedruscos tallados de 17kg, y una vez en la cima, sacarlas y besarlas, y hacer todo tipo de rituales que consideren oportuno, son ustedes muy libres, luego se las guardan y se bajan a su casa, pero no molesten a los que están allí solamente para contemplar el paisaje.

No comprenden que en el mundo hay personas que no comparten sus creencias, que la religión es un asunto estrictamente privado. Ha costado muchos siglos llegar a un estado aconfesional en el que las ideas de los ateos y personas respetuosas sean contempladas. La religión y su pensamiento siguen queriendo influir y dominar la sociedad a toda costa. Llegan a todos los sitios incluidos las cimas de las montañas. Dicen que no se trata de un asunto religioso cuando sí lo es. Y lo de la tradición no la impongan por la fuerza poniendo el pedrusco en la cima, cuando la razón es que las cimas son lugares para todos y libres de imaginería.

Nadie les impide creer en lo que quieran, vírgenes, homeopatía o en Chiquito de la Calzada. Pero no impongan esas creencias a los demás. Nosotros nos defendemos de ustedes con la razón y el humanismo. Voltaire, Holbach, Marechal y Bueno deben estar revolviéndose en sus tumbas al ver que en pleno siglo XXI aún estamos así, amigo Sancho.

Martín Martín Álvarez

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