La palabra de Dios no se discute: resistir en la Iglesia Evangélica Cristo Viene

septiembre 1, 2024

La pastora colombiana Yadira Maestre[1]lidera la congregación desde su templo del distrito madrileño de Usera, donde ha logrado atraer a cientos de fieles con supuestas sanaciones y otros métodos

Ilustración: Ainara Rúa
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Álvaro Pérez, Alberto Lite, E.C. Diseño, Betty Mammucari, El Confidencial, 1 de septiembre de 2024

«Hay alguna persona con cáncer hoy aquí?», interroga la pastora.

La que enuncia la pregunta es una mujer con acento colombiano de unos 60 años, vestida con un elegante traje de chaqueta color rojo pasión. Llama de forma insistente a las personas enfermas que están entre el público para que se acerquen al escenario.

Ayudada por un colaborador, otra mujer, también latinoamericana, muy delgada y con la cabeza rapada, sube al escenario. Emocionada, cuenta con un hilo de voz que sufre un cáncer digestivo, que cuando llegó allí sentía náuseas y distensión abdominal, pero que tras orar con ella ha podido comer.

“¡Gloria a Dios! ¡Aleluya!”, clama Yadira Maestre, la pastora, mientras da vueltas por el escenario y grita enfervorizada. Ella, que es la líder de la Iglesia Evangélica Cristo Viene, cuenta su historia personal: dice que hace quince años los médicos le dijeron que sólo le quedaban tres meses de vida pero que, en contra de las opiniones de los médicos aquí, está viva y predicando la palabra de Dios.

Como colofón, la pastora hace repetir a la enferma una oración de agradecimiento a Dios porque —asegura— la ha sanado y despide a la mujer con un “sigue comiendo, mija”.

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Ciao, Cruzadas Evangélicas · Andrea Momoito

septiembre 1, 2024

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Presas en un taller de la prisión de mujeres de Barcelona / Pilar Aymerich/Cedida
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Andrea Momoito, Público, 1 de septiembre de 2024

Las fotos de Pilar Aymerich (Barcelona, 1943) forman parte de la historia del movimiento feminista. Especialmente, de Catalunya. A ella la fotografía le ha «permitido no hacer una vida normal» y, a nosotras, nos ha regalado la posibilidad de echar la vista atrás y enorgullecernos profundamente del trabajo que hicieron otras. Entre sus fotos más icónicas encontramos las que hizo en la prisión de mujeres de la Trinitat Vella, en Barcelona, cuando las presas tomaron el control de la cárcel mientras llegaban las nuevas funcionarias.

Resulta que las mujeres de Cruzadas Evangélicas, un instituto secular vinculado también al Patronato de Protección a la Mujer, tuvieron que abandonar la dirección del centro tras las movilizaciones del movimiento feminista de la ciudad. Las condiciones de vida de las mujeres presas eran deleznables. En El País aseguraban que ellas habían «decidido rescindir el contrato», pero desde Instituciones Penitenciarias afirmaron que habían solicitado su cese «por desobediencia». No parecían estar dispuestas a acabar con «la segregación existente entre detenidas políticas y comunes», distinción especialmente habitual entonces. En cualquier caso, la presión de la calle aceleró la llegada de funcionarias. Ciao, Cruzadas.

Una manifestación, en 1976, fue el detonante de largas movilizaciones. Exigían que las Cruzadas salieran de la cárcel, pero, además, la despenalización del aborto y del adulterio o, entre otras cosas, la derogación de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Las feministas del Estado español, entonces, clamaban por la «amnistía de la mujer». Todo, claro, ante la atenta cámara de Pilar Aymerich.

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