«A una compañera que entró embarazada, la llevaron a la guardería [donde estaban los niños de otras reclusas] y le dijeron que tomara nota, que allí iba a crecer su bebé», recuerda Carlota Falgueras, que cumplió condena en la Trinitat Vella.

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Víctor López, Público, 11 de diciembre de 2024
Carlota Falgueras (Barcelona, 1950) entró en prisión el 1 de mayo de 1969. Estudiaba Filosofía y Letras, «como se llamaba por aquel entonces la carrera». Tenía 18 años recién cumplidos y participaba en la manifestación por el día del trabajador. «Eran manifestaciones relámpago, porque teníamos que disolvernos cada diez minutos», recuerda. El silbato sonó; todos comenzaron a correr. Carlota llevaba una bandera roja. La guardó en el bolso, pero un policía, «un Guardia Civil retirado», la pilló. Ese día quedó registrada como presa política; una de las 7.000 mujeres que pasaron por la cárcel de la Trinitat Vella durante la dictadura.
La marcha terminó ese 1 de mayo en un juzgado militar. Torturas. Interrogatorios. Y más torturas. El bucle se hacía eterno. El papel decía que las detenidas sólo podían pasar allí 72 horas; «algunas estaban 30 días». La «tranquilidad» no llegaba hasta que entraban en la cárcel. La luz al final del túnel –»imagínate la situación»–. Y en el túnel, misa. Rezos. Censura. Si querías leer, la Biblia. Si querías comer, un plato de legumbres. Grasiento, «asqueroso». Si querías ver la tele, dibujos animados. Y si querías salir al patio, había veces que no podías. Las condiciones eran deleznables. «A las mujeres siempre nos han ido llevando de acá para allá, de un lado para el otro, incluso presas», denuncia Carlota.
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Posted by asturiaslaica 


















