Dios, marca registrada

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En misa y repicando

También en España, el Constitucional ha tenido que meterse en las zarzas de la religión entendida como materia académica, pero no para ocuparse de los derechos de padres y alumnos, sino de los profesores. Curiosamente, para defenderlos contra sus propios patronos, los clérigos. Porque el Concordato aclara que los profesores, pagados por el Estado, “sean designadas por la autoridad académica entre aquellas que el ordinario diocesano proponga” cada año, pasando a formar “parte, a todos los efectos, del claustro de profesores”.12 Este es el origen de los juicios que se repiten con regularidad en España cuando la Diócesis le retira a un maestro la competencia para impartir clase de doctrina católica y lo deja en paro. La legislación laboral no permite rescindir el contrato de un trabajador sin motivo, y la razón que aduce el obispado, una conducta no compatible con los preceptos católicos, no se puede justificar como motivo de despido de un empleo público, categoría a la que pertenecen los profesores de religión desde 1998 (antes los contrataba la Iglesia, pasando la factura de los gastos al Estado).

La cuestión llegó hasta el Tribunal Constitucional en 2007, después de que el Obispado de Canarias le retirase el certificado a la profesora Carmen Galayo tras nueve años de trabajo, “por mantener una relación afectiva [léase: sexual] con un hombre distinto de su esposo, del que se había separado”. La profesora ganó en primera instancia una indemnización, pero el Constitucional rechazó un posterior recurso en el que exigía ser readmitida. Porque, dictaminó, “resultaría sencillamente irrazonable que la enseñanza religiosa en los centros escolares se llevase a cabo sin tomar en consideración como criterio de selección del profesorado las convicciones religiosas de las personas que libremente deciden concurrir a los puestos de trabajo correspondientes”. En otras palabras: no se puede estar en misa y repicando.

Tiene lógica: si alguien se quiere beneficiar de los privilegios de la Iglesia, cobrando un salario para enseñar fantasiosas historias de paraísos, serpientes y pecados, no puede quejarse si se le exige fingir al menos que se cree esas historias, junto a las normas y leyes que esa misma Iglesia hace derivar de ellas. “Creo en el amor, que es la esencia del cristianismo”, afirma Carmen Galayo al defenderse de las acusaciones de incoherencia.13 Ni siquiera Jesucristo había condenado a María Magdalena, recuerda.14 “¿Qué ley prohíbe enamorarse? La de Cristo, no”, aduce Resurrección Galera, despedida en 2001 por casarse con un hombre divorciado, solo otro ejemplo más de una práctica recurrente de la Iglesia.15

Pero invocar los Evangelios es un recurso demasiado cómodo. Ninguna de estas docentes estaba contratada para enseñar amor sino —así lo dice la ley— “doctrina católica”. Si creían que la doctrina católica consiste en amar, tendrían que haber estudiado un poco más. Quizás tendrían que haber leído algunos de los textos de la institución a la que debían su contrato y su pan. Las encíclicas papales, por ejemplo, y ni siquiera las que tipifican como pestilencia y delirio la libertad de conciencia. Basta con leer al papa más moderno para saber que ser católico no consiste en interpretar por cuenta propia lo que quiso decir Jesucristo. “Es imposible creer cada uno por su cuenta. La fe no es únicamente una opción individual que se hace en la intimidad del creyente, no es una relación exclusiva entre el «yo» del fiel y el «Tú» divino, entre un sujeto autónomo y Dios. Por su misma naturaleza, se abre al «nosotros», se da siempre dentro de la comunión de la Iglesia”, lo formula en 2013 Francisco I.16 Y esta comunión no se basa simplemente en las Escrituras sino en un compendio de leyes, conceptos y dogmas, de fuerza vinculante, elaborado por la Iglesia por inspiración divina: “Mediante la tradición apostólica, conservada en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo, tenemos un contacto vivo con la memoria fundante”, prosigue la encíclica.17

Galayo, Galera y las demás profesoras despedidas —la mayoría de los casos publicitados son mujeres— serán buenas cristianas, pero su contrato laboral no lo había firmado Jesucristo. No emanaba de una voluntad popular, sino de un tratado internacional con un organismo extranjero dotado de una jerarquía precisa y de suficiente poder político y económico como para imponer su voluntad a todos los Gobiernos españoles, fuesen del signo que fuesen, y forzarlos a mantener un sistema que deriva una partida de dinero público hacia el proselitismo en los colegios: unos 700 millones de euros al año para docentes elegidos por el obispado, sin necesidad de oposiciones ni otro proceso selectivo.

“No tienen derecho a hacer lo que han hecho. Soy española, no una ciudadana del Vaticano. No soy una esclava del obispo”, se rebelaba Carmen Galayo contra su despido18. Se equivocaba. Su contrato laboral sí lleva la firma del Vaticano. Sin el Concordato, un tratado vinculante que obliga a ofertar la asignatura en todos los colegios, la mayor parte de los 35.000 puestos de trabajo que actualmente ocupan los profesores de Religión habrían desaparecido hace tiempo. Quizás se mantendría alguno en la enseñanza privada o la concertada, por una lógica comercial de responder a una hipotética demanda, pero los 13.000 de los colegios públicos tendrían poca razón de existir. O eso creen los propios profesores de Religión: la ley de 2020, que mantiene la materia como de oferta obligada en todos los colegios, pero la relega a un puesto de irrelevancia académica, acabará con ellos, temen, porque simplemente se quedarán sin alumnos.19 Algo similar aduce la confederación católica de padres de alumnos CONCAPA, que ha recurrido la ley en los tribunales: “Eliminar la asignatura espejo —la alternativa— incurre en una discriminación para el alumnado que elige religión”.20 El mismo argumento que en Alemania: no puede ser que los impíos tengan la vida más fácil, aunque solo sea una hora a la semana.

La religión no puede ser voluntaria, es la conclusión: debe ser impuesta por la fuerza, si no queremos que desaparezca. Cristo es amor, creen algunas catequistas, pero en el aula es un amor forzado. Y la vida de una profesora de Religión —el 88 % son mujeres21— oscila entre el recurso a los tribunales para aferrarse a un puesto de trabajo asignado a dedo por el obispado, y denunciar en esos mismos tribunales al obispado si quita el dedo.

Ya en 2001 le preguntaron a Carmen Galayo qué diría de una profesora de religión musulmana que bebiera alcohol y no ayunara en ramadán. Tuvo el tino de no meterse en el berenjenal, pero con el aumento —legalmente obligado, mientras la asignatura de Religión se mantenga— de las clases de catecismo islámico en los colegios públicos, estos casos no tardarán en darse. Si “tomar copas y no ir a misa” justificó incluso el cese de la docente católica Francisca Urbano en 2001 —aunque quizás también influyera su cargo de concejal de Izquierda Unida, habida cuenta de que socialismo y comunismo son “pestilenciales doctrinas condenadas repetidas veces”22—, por supuesto tomarse unas cervezas será motivo de despido fulminante para cualquier profesor de doctrina islámica. Pero ¿comer en ramadán? ¿Puede un tribunal español dictaminar con toda seriedad que aguantar quince horas sin siquiera un trago de agua forma parte de unas condiciones laborales aceptables?

No lo sabemos. En 2007, al dilucidar el caso de Galayo, el Constitucional dejó pasar el cáliz de la cuestión de si el acceso a empleos públicos puede estar determinado “exclusivamente por un sujeto ajeno a la Administración pública (el Obispado) y sometido únicamente a un Derecho externo e indisponible por los órganos judiciales nacionales (el Derecho canónico)”. En esencia dio la razón al Obispado, que se había enrocado en “que los Acuerdos con la Santa Sede, en tanto que tratados, ocupan una posición jerárquica superior a la ley y, en cuanto postconstitucionales, su conformidad con la Constitución ha de darse por sentada a día de hoy, toda vez que su peculiar naturaleza jurídica hace desaconsejable someterlos a controles de constitucionalidad”.

Desaconsejable, dicen. No vaya a ser que un examen meticuloso revele una profunda contradicción entre un texto según el que “la soberanía nacional reside en el pueblo español” y otro que deje algo tan importante como Dios en manos de un Estado extranjero.

Pero un hipotético caso de una profesora musulmana denunciando a la Comisión Islámica de España quizás pondría de relieve otra cuestión: ¿puede el Estado español permitir que en un colegio público el profesor les diga a niños de nueve o diez años de edad que aguantar quince horas sin siquiera un trago de agua es algo recomendable, hermoso y que place a Dios? Y decir a los de doce, trece o quince que si no lo hacen, irán al infierno? En muchas familias musulmanas en España esto está pasando de forma rutinaria, pero ¿pagarlo con dinero público? ¿Y puede pagar el Estado para que alguien diga a las niñas que ir con el pelo al aire es indecente y que nunca deben mirarles a los ojos a los chicos, porque eso es adulterio?

Los últimos dos ejemplos son de un libro de educación sexual para musulmanes redactado por la holandesa conversa Asma Claassen y aprobado para el uso en colegios islámicos concertados, es decir financiados con dinero público, en Países Bajos. Eso sí, la parte donde decía que Dios mataba uno a uno con piedras de arcilla dura a los habitantes de Sodoma y Gomorra por homosexuales tuvo que quitarse tras protestas de asociaciones por los derechos de los gays. Más preocupante, claro, era el material didáctico en las escuelas coránicas privadas, legalizadas como “clubes”, pero sin supervisión gubernamental: allí no faltan ejercicios escolares en los que los niños tienen que elegir las respuestas correctas para asignar el castigo correspondiente a cada pecado: latigazos, lapidación o decapitación para adúlteros, homosexuales, apóstatas o brujos.

Es un espanto, pero se auguran tiempos difíciles para los legisladores europeos, si quieren desterrar estos elementos de la enseñanza pública. Porque cualquier profesor podría reivindicar, citando a autoridades salafistas, que se trata de elementos de la religión que el Estado debe respetar. Y a los inspectores, diputados, ministros de Educación y hasta magistrados les sería difícil demostrar lo contrario. Y todavía más difícil sería encontrar alguna forma escrita, codificada y certificada del islam que rechace expresamente este ideario y sea apta para los colegios. No lo rechaza siquiera el abanderado de lo que muchos políticos llaman “islam europeo”, invitado frecuente en los platós de televisión desde Londres a Barcelona, incansable proclamador de una gran reforma del islam desde, por y para Europa. Un hombre que se niega a condenar la lapidación de las adúlteras: Tariq Ramadan.

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1.-Estudio demográfico de la población musulmana | UCIDE | 2021 |

2.-Currículo del área Religión Islámica de la Educación Primaria | BOE Nº 299, 11 Dic 2014 | Curso 1º, 5.3 |

3.-Religión Católica de la Educación Primaria | BOE Nº 47, 24 Feb 2015 |

4.-Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre enseñanza y asuntos culturales | BOE Nº 300; 15 Dic 1979 |

5.-Martin F. Meyer: Ethikunterricht in Deutschland – die Bundesländer im Vergleich (1997)

6.-Martin F. Meyer: op. cit.

7.-Alfred K. Treml: Ethik als Unterrichtsfach in den verschiedenen Bundesländern. En: Ethik macht Schule. Fráncfort 1994

8.-Treml, op. cit.

9.-Meyer, op. cit.

10.-Datos del informe de la conferencia de ministros de Cultura de los estados alemanes, 2008 (Zur Situation des Ethikunterrichts in der Bundesrepublik Deutschland)

11.-Bundesverfassungsgericht. 1 BvR 2780/06.

12.-Concordato de 1979 (Acuerdo entre el Estado español y la Santa Sede sobre Enseñanza y Asuntos Culturales, art. III)

13.-Canarias 7. Entrevista online con Carmen Galayo. 27 Jul 2007.

14.-El País. «Parece que estamos en la época de la Inquisición». 24 Feb 2007.

15.-El Mundo (Crónica). El pecado original. 29 Jul 2001.

16.-Francisco I. Lumen Fidei. 29 Jun 2013.

17.-Francisco, íbid.

18.-El País. «Parece que estamos en la época de la Inquisición». 24 Feb 2007.

19.-El Confidencial. El vía crucis de 13.000 profesores de Religión. 15 Ene 2020.

20.-ACI Prensa. Padres católicos denuncian el adoctrinamiento del Gobierno en las escuelas de España. 4 de May 2022.

21.-Eldiario.es. Las clases de Religión que paga el Estado. 12 Nov 2018.

22.-Pío IX | Syllabus Errorum | 1864

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© Ilya U. Topper / Hoja de Lata Ediciones (2023)
Prólogo de Luis Fernández, presidente de Asturias Laica

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